La hija de Isabel Preysler, Ana Boyer, está a punto de despedirse de la soltería. En muy pocos días se dará el ‘sí quiero’ con el tenista Fernando Verdasco, en una boda que será por todo lo alto. Además, muchos detalles del enlace van a estar ocultos, para evitar que nadie les rompa la exclusiva con la que rentabilizarán el baile nupcial.
El 8 de diciembre en una isla del Caribe

La fecha lleva fijada varios meses, y ya faltan muy pocos días para que la pareja se case por todo lo alto. El próximo viernes 8 de diciembre tendrá lugar el enlace, en uno de los enclaves más privilegiados del planeta. En Mustique, una isla del Caribe, tendrá lugar la boda. Esta isla es una de las más elitistas del planeta, dónde la Familia Real Británica pasa sus vacaciones en secreto, y además, dónde Ana Boyer veraneó durante algunos años con su padre, Miguel Boyer.
De la mano de Julio José, Ana Boyer subirá al altar vestida de Pronovias, mientras que Fernando lo hará de la mano de su madre, y con un traje de Pedro del Hierro. Junto a ellos, estarán los habituales testigos de la ceremonia religiosa, que serán Tamara y otras cuatro amigas de la pareja. De momento lo que se desconoce es si la ceremonia tendrá lugar en una capilla o en plena playa caribeña.
Ana Boyer, sin luna de miel y sin trabajo

De momento, los compromisos profesionales de ambos no les van a permitir poder disfrutar de una luna de miel como una pareja tradicional. Y es que Fernando, a su regreso de la boda, tendrá ya que ir ultimando los preparativos para el comienzo de la temporada. Él reside en Qatar, y Ana lo hace en la casa de la familia Preysler, junto a su madre, hermana y Mario Vargas Llosa.
Además, ante la ajetreada vida que llevaba, Ana Boyer prefirió abandonar el bufete de abogados con el que trabajaba. Algo que ahora le podría permitir irse a residir a Doha junto a su marido y montar una familia, o dedicarse a la vida contemplativa, desde la distancia de Madrid.
Una boda muy cara para los invitados

Solo cincuenta serán los afortunados que verán, en vivo y en directo, el enlace en la isla del Caribe. Y es que a muchos invitados no les ha hecho mucha gracia el tener que desembolsar una auténtico pastizal para poder asistir a la blindada boda. Entre los invitados se encontraban, por ejemplo, Feliciano López y Rafa Nadal, amigos del novio. Pero de los dos, tan solo al primero se le espera en el enlace.
Y es que el dinero que le va a suponer a los invitados acudir al enlace es desorbitado. Tan solo el hospedaje en el hotel de lujo supondría, como mínimo, 1.400 euros por persona, teniendo que sumarles el desplazamiento en avión hasta allí. Además, los invitados también han sido aleccionados sobre el código de vestimenta, ya que se les ha impuesto que vayan de colores claros, casi blancos, al más puro estilo ibicenco. Y es que Ana Boyer no va a permitir que nadie desentone en la exclusiva de su boda.
Los Boyer, los grandes ausentes

Los dos hermanos de Ana, Laura y Miguel Boyer, van a ser las grandes ausencias en el día más importante de su vida, junto al sobrino de Ana, Hugo, con quién compartió incluso clase. Tal y como ya contaron, entre ellos no hay ningún tipo de relación. De hecho, no es de ahora, sino que nunca existió, por lo tanto tampoco tendría sentido que estos hubieran asistido al enlace.
Además, teniendo en cuenta el elevado coste que va a tener para los invitados el acudir hasta el emplazamiento, bien este podría haber sido un favor por parte de los Preysler, que podrían invertir aquél dinero en los gastos navideños que están a punto de llegar.
Isabel Preysler, la supervisora del enlace

Todo, como siempre pasa en esta casa, ha pasado por el control de calidad de Isabel Preysler. Como si se tratara de una inspectora profesional, ha estado supervisando al dedillo cada uno de los detalles para que todo salga perfecto en el día de la boda de su hija Ana. Ella misma ha disfrutado, al igual que Ana, de varios retiros en la isla, y ha dado el visto bueno para celebrar allí el enlace.
Y es que, en casa de Isabel, nada se teje sin su aguja. Desde los invitados, el menú del enlace, la música para amenizar la fiesta y, sobre todo, las condiciones de la exclusiva, han sido supervisadas por ella misma. De hecho, la elección de la isla recóndita también tienen mucho que ver con ella, para asegurarse de que ninguna cámara indiscreta tome alguna fotografía y reviente el reportaje tan rentable para la familia.
































































































































