El arroz es uno de esos alimentos que está habitualmente en cualquier hogar casi semanalmente. Incluso hay estudios que hablan de que una persona consume en nuestro país al menos dos kilogramos de arroz blanco al año. Esa cifra no ha parado de aumentar en los dos últimos lustros, quizás debido a que se trata de un producto que es muy sencillo de combinar con otros platos y que muchos consideran esencial en su dieta. Pese a ello, ahora unos científicos al parecer han demostrado que en algunos casos no es tan aconsejable para nuestra salud como podíamos creer.
Los problemas del arroz blanco

A pesar de que el arroz blanco es la variedad más consumida, es también la que presenta menos vitaminas y proteínas que otros tipos como el arroz integral. Motivo de ello puede ser el que es un alimento procesado que se obtiene después del descascarillado y posterior blanqueo y pulido del grano de arroz. Naturalmente, éste es integral y de color marrón, así que para hacerlo blanco hay que eliminar su germen y su salvado, por lo que ya no es tan saludable como en un principio su ingesta.
La enfermedad que provoca el arroz

Por mucho que el arroz blanco se encuentre en una gran parte de los platos que se consumen en España, incluida la paella, al parecer no es tan bueno como para que se haga tanto uso del mismo. Y es que un grupo de científicos de la Universidad de Harvard han publicado un estudio en el que apuntaban que comer este alimento a diario podía incrementar el riesgo de padecer diabetes de tipo 2, una enfermedad en la que los niveles de glucosa o azúcar en la sangre son demasiado altos. En concreto, estudiaron a 352.384 participantes procedentes de cuatro países: China, Japón, Estados Unidos y Australia y el resultado fue que los que ingerían más el cereal tenían un 27% más de posibilidades de desarrollar esta enfermedad.
La razón y la alternativa

El motivo de este «fallo» del arroz es que nuestro cuerpo transforma rápidamente el almidón que contiene en glucosa, lo que produce peligrosos picos de azúcar en sangre. Esto a su vez, además del riesgo de padecer enfermedades como la diabetes, genera una resistencia a la insulina y síndrome metabólico, entre otros. Como alternativa, los expertos recomiendan el consumo del arroz integral por su alto contenido en fibras, vitaminas y minerales. Además, esta variedad no afecta tanto a los niveles de glucosa en sangre y se puede incluir sin problemas en la dieta mediterránea. Aconsejan también cocinarlos con verduras, pescado o marisco para potenciar su aporte nutricional.
Tiene arsénico

Otro problema con el arroz es que en él se encuentra el arsénico, un carcinógeno que se halla de manera natural en alimentos de este tipo. Un estudio de Consumer Reports descubrió que comparando variedades de arroz integral y blanco en distintos supermercados, una gran cantidad de ellos contenían arsénico. Más tarde, se informó de que muchos cereales de arroz y productos de pasta contenían «más de la cantidad máxima de arroz que recomendaban consumir en una semana». En este sentido, es importante saber que tiene un alto nivel de arsénico en comparación con la mayoría de alimentos, porque absorbe aproximadamente 10 veces más arsénico inorgánico tóxico que otros cultivos de cereales.
Motivo por el que hay que lavarlo

La razón por la que el arroz presenta tal cantidad de arsénico se debe a la forma en que se cultiva en arrozales inundados, lo que provoca que se absorban los componentes carcinógenos del suelo. Al parecer, el agua subterránea contaminada es una de las mayores amenazas de salud pública en relación a la exposición a este metal. Por este motivo, algunos países tienen regulaciones diseñadas de tal forma que se limiten esos riesgos y por tanto se reduzcan con el consumo de arroz. Así, en caso de consumirlo, se recomienda lavarlo antes y después de cocinarlo, lo que eliminará el 50% del carcinógeno, a pesar de que se acabe también con algunos de los nutrientes más beneficiosos.
Fácil de digerir

El arroz no está entre los alimentos que más sacian, que son los ricos en fibra, como las legumbres, cereales integrales o verduras. El motivo es que se trata de un producto que es muy fácil de digerir al estar muy cocinado. Esta es la razón por la que, por ejemplo, unas verduras a la plancha se digerirán más lento que si están cocidas. El estómago no tiene que trabajar tanto en su digestión. En países como China o Japón, tienden a mezclar este alimento con soja, que equilibra la cantidad de proteínas, así como vegetales que proporcionan fibra y puede llegar a saciar más con porciones más pequeñas.










































































































