A estas alturas de la película todo el mundo sabe que Masterchef 8 ha estado protagonizado por la polémica mucho más que por asuntos gastronómicos. Saray Carrillo ha sido el azote de una edición en la que el talent culinario de TVE ha pasado de ser un pograma blanco y familiar a ser un reality más donde importan más los insultos que el trabajo en equipo. ¿Qué es lo que ha pasado?
El casting

Como cualquier programa de televisión, Masterchef comienza con su proceso de casting. Un casting, que debería estar centrado en lo estrictamente gastronómico pero que no suele ser así. La propia Saray desvelaba lo que es de sobra conocido. Las productoras suelen seleccionar a los concursantes atendiendo a varios criterios, y uno de ellos es, buscar a concursantes que puedan dar juego en el programa. Está claro, que en esta ocasión, a Shine Ibérica la estrategia se le fue de las manos.
El programa

La polémica de Masterchef 8 comienza con la expulsión de Saray Carrillo en la quinta gala. Una expulsión disciplinar, anunciada por Jordi Cruz cuando la concursante se niega a cocinar una perdiz. Según ella, se notaba en el punto de mira de los jueces desde hacía tiempo y no iba a permitir que la humillaran más. Según ellos, es la concursante con menos conocimientos, actitud, menos trabajadora y menos compañera de todas las ediciones. La polémica estaba servida.
Los compañeros

Lo cierto es que Saray se ha quedado sola ante el peligro. Su problema no tiene que ver exclusivamente con los jueces. La productora también la acusa de malmeter contra el programa y hacerle una pésima publicidad y los compañeros tampoco tienen palabras bonitas para ella.
La final

Aunque parecía que Saray había enterrado el hacha de guerra para la repesca y por eso había sido invitada a la final, todo lo que sucedió en la gala que cierra Masterchef 8 fue un despropósito. Aunque parece que el jurado se disculpó en cierta medida al comenzar la grabación, esto no se emitió. Pero lo peor estaba por llegar, en un momento determinado de la final, Saray vuelve a darse por aludida ante unos comentarios de Jordi Cruz y esta no duda en insultarle e increparle con toda la maldad de la que era capaz. Tampoco se emitieron estas imágenes, y además, desde ese momento, Saray desaparece del programa. No volvemos a verla más en ningún ángulo de la pantalla.
Sed de exposición mediática

Saray ha afirmado recientemente que le encantaría ir a Supervivientes. En realidad, ha dejado claro que su objetivo es ir a algún reality que quizás era su objetivo inicial antes de participar en Masterchef 8. Parece que su forma de actuar, sus polémicas y sus malas formas han ido siempre encaminadas a «conseguir» esa ansiada plaza en programas de otro perfil. De eso es culpable. Pero debe repartirse la culpa con la productora, que buscando ir un paso más allá con los concursantes no supieron medir los riesgos que corrían al meter en sus cocinas a una concursante tan polémica capaz de dejar a la vista todos los secretos de sus rodajes como que los jueces hablan siguiendo lo que les dicen por el pinganillo. También es probable que haya filtrado el nombre del ganador. De ser así, tendrá que hacer frente a una multa de 100.000 euros.





































































































