Si un chef como Martín Berasategui te dice cómo hacer unas torrijas no queda otra que seguir de inmediato todos sus pasos. Alguien como él, con doce estrellas Michelín a sus espaldas, puede conseguir sin duda que este plato tan típico de la Semana Santa te vuelva a atraer o que te enganche si aún eres de los que aún no lo ha probado. Este postre se puede comer en cualquier época del año aunque, como ocurre con el turrón en navidades, uno no sabe por qué se asocia con el tiempo de Cuaresma como si realmente fuera una penitencia el comerte entonces una torrija, con lo buenas que están. De vino, de leche o de almíbar; mojadas o secas; con azúcar, miel o canela… sean como sean, son deliciosas. Se trata en realidad de un postre de origen muy humilde con el que se mataban dos pájaros de un tiro, por un lado aprovechar los restos de pan duro y por otro compensar el ayuno impuesto para el tiempo de la Cuaresma.
El ingrediente especial de Berasategui

A sus 62 años, Martín Berasategui sigue apostando, por mucha estrella Michelín que tenga, por la sencillez a la hora de elaborar cualquiera de sus recetas, por intentar seguir lo más que pueda la cocina tradicional. En esta receta vuelve a mostrarnos que cualquiera de ellas se puede hacer sin problemas si seguimos bien cada uno de sus pasos. Para hacer esta los ingredientes que se necesitarán serán medio litro de leche, un cuarto de litro de nata líquida, 110 gramos de azúcar, una astilla de canela, un trozo de piel de limón o naranja, 8 bollos suizos o de leche, 1 pizca de harina, 2 huevos batidos, aceite de oliva o girasol para freír, azúcar moreno y canela molida.
La receta de Berasategui

Para empezar la receta de Berasategui, lo primero de todo es coger un cazo, ponerlo al fuego y en él colocar la leche, la nata y el azúcar. Además, en el mismo también tenemos que deslizar la piel de cítrico y la astilla de canela, arrimando a fuego suave, hasta que surjan los primeros hervores, para que en ningún momento se queme. En ese momento tendremos que retirar la leche y la nata del fuego y dejarlo enfriar.
Manejo del pan brioche

La receta de Martín Berasategui de torrijas en pan brioche nos llevaría ahora a ver cómo hay que tratar aquel. Para ello hay que preparar los bollos para el remojo y, con ayuda de un cuchillo afilado, hay que cortarlos a lo largo en dos, de forma que cuando estén en el baño de leche, absorban mucho mejor la preparación y se inflen adecuadamente. Se colocan los bollos en una fuente amplia con el suficiente espacio, y, a través de un colador, se vierte la leche y la nata sobre los suizos, dejando que se empapen por lo menos durante 10 minutos. Hay que darles la vuelta cuidadosamente ya que al estar mojados se vuelven muy quebradizos.
Últimos pasos

Poco más quedaría para acabar la receta de Berasategui de torrijas en pan brioche. Una vez empapadas las rebanadas, y con cuidado de no romperlas, manejándolas con atención, hay que pasarlas ligeramente por harina y por el huevo batido. En una sartén con abundante aceite caliente, las freímos despacio, de forma que queden bien tostadas y con el corazón cremoso y caliente. Las escurrimos y las depositamos unos segundos sobre una hoja de papel absorbente. Para comerlas, lo mejor es espolvorearlas con azúcar moreno y, si nos gustan más aromatizadas, con un poco de canela molida. Es mejor disfrutarlas calientes o mejor aún, tibias. Van a estar igual de ricas de una forma o de otra.
Consejos útiles

Como cualquier chef que se precie, Martín Berasategui también quiere incluir en su receta algunos consejos que harán mejor aún el plato. Para ello se retrotrae a su época infantil, cuando su madre las hacía. Según él, una vez hechas las torrijas es bueno hervir la leche que sobraba de remojarlas y sumergirlas en ella, una vez que están ya rebozadas, sirviéndolas así mucho más jugosas, casi para comerlas con cuchara. Además, nos indica que se puede aromatizar la leche con vainilla natural, abierta en dos y rascados sus granos o incluso con una pizca de clavo o unos pistilos de azafrán. El chef ha desvelado que su debilidad es acompañar las torrijas con una crema inglesa y rematar la sobremesa con un buen whisky de malta.






























































































