Cada semana que pasa, ‘MasterChef‘ confirma los comentarios de las redes sociales de que el talent culinario ha dejado de ser tal para convertirse en una especie de reality donde los cotilleos y los «amoríos» son los que mandan. En su última entrega ha habido de ambos, ya que por un lado Jokin y Eva se dieron besos cada dos por tres para confirmar su amor ante las cámaras, aunque eso no evitó que ella fuera la nueva expulsada y con ello se pusiera fin al romance, al menos de momento, y por otro hubo un concursante que incidió en un par de ocasiones en contar a todo el personal por qué ingresó en la cárcel y lo feliz que estaba, no ya por haber salido de aquella vida, sino por poder estar ahora en un espacio como este.
De preso a becario de ‘MasterChef’

Esta última gala de ‘MasterChef‘ fue como una especie de ruleta rusa para uno de sus concursantes, Adrián, que recibió por un lado un premio por parte del programa y que confesó por otro su más oscuro pasado carcelario. Respecto a lo primero, el joven, por su labor junto a Verónica en la primera prueba del espacio, fue premiado por el mismo con un contrato de tres meses de prácticas en el restaurante del programa. Por lo que atañe a su pasado, y aunque ya cuando entró en el talent dejó entrever que no había tenido una vida muy sencilla hasta el momento, se abrió como nunca hasta acabar confesando ante ‘maestros’ y compañeros que antes de esta aventura había pasado unos meses en prisión.
Una «segunda oportunidad» en ‘MasterChef’

Las confesiones del concursante de ‘MasterChef‘ tuvieron lugar durante la primera prueba de la entrega, cuando se disponía a presentar el plato que había elaborado junto a su compañera Verónica. En ese instante afirmó que «a mi me encanta mi barrio, pero al final si no te pegas, te pegan. Tienes que andar un poco avispado. Y ahora estoy aquí, esto es un sueño para mi, una segunda oportunidad«, ante unos atónicos Jordi Cruz, Samantha Vallejo-Nágera y Pepe Rodríguez. Ante la pregunta de este último de «¿segunda oportunidad de qué?», Adrián reveló que «mi infancia fue bonita hasta cierto punto. Mi padre era mi padre, le quiero con toda mi alma. Se mató en un accidente de moto, tomó malas decisiones, le gustaba beber y cuando venía a buenas le esperaba y bien, pero cuando venía de malas a casa me tocaba».
El error de Adrián

El resto de concursantes de ‘MasterChef‘ también escuchó con sorpresa las confesiones de Adrián, que precisó que esos complicados momentos familiares tuvieron sus consecuencias en la calle, donde al parecer él no paraba de meterse en conflictos: «Las peleas que tenía eran porque necesitaba desahogarme de casa porque estaba hecho un lío. Al final una de ellas se descontroló, me defendí y le hice una serie de lesiones. No tenía dinero para pagarlas y me metieron tres meses en prisión. Lo pasé fatal, me vi allí solo». Después de lo de David y las drogas, había sido el momento más duro de la presente edición.
Amor de madre

El concursante de ‘MasterChef‘ recordó sobre esos meses en la cárcel que «es una etapa que no se la deseo ni a mi peor enemigo«. Adrián precisó que «a mi madre se le cae la baba por verme aquí y para mí eso es un auténtico orgullo», lo que hizo que Bibiana Fernández, una de las primeras invitadas de esa gala, junto a Anabel Alonso, se acercara a darle un beso. Él insistió en que «me arrepiento de cuando me pegaba con la gente, de tener a mi madre en vilo toda la noche. La moraleja es que pienses antes de actuar siempre. Si te vienen a pegar vete, no hagas el bobo… Para muestra un botón, te arruinan la vida». Jordi Cruz intentó tranquilizarle al señalar que «has pagado tus errores, y como eres un tío listo te va a ir muy bien».
Consecuencias de la agresión

El pasado del candidato a ‘MasterChef‘ volvió a salir a la luz en la prueba de exteriores, cuando su compañera Julia se interesó por conocer más detalles y el vasco le dijo que «tomas malas decisiones cuando no tienes que tomarlas. Tuve una pelea de bar, algo que le puede pasar a cualquiera». De aquella noche recordó que «él estaba de permiso. Estaba en prisión, salió de permiso, quería problemas y yo lo pasé muy mal», sobre la persona con la que se peleó. Según Adrián, «la vida en la cárcel es muy dura. Te levantas, desayunas y si tienes suerte no viene nadie a pedirte el café. Y si te lo piden les dices que no y te pegan una paliza». Ahora dijo que «llevo dos años con una pulsera telemática en el tobillo y eso me da vergüenza».








































































































