Los champiñones al ajillo es una de esas recetas clásicas de las que se puede disfrutar tanto en guarnición para una carne como de aperitivo, antes de comer propiamente dicho. Lo bueno de la misma es que el producto principal además de ser altamente nutritivo es barato y tiene un sabor delicado que se puede adaptar perfectamente a infinidad de platos. Y por si con lo anterior no bastara hay que tener en cuenta que este plato puede ser una buena manera de incorporar vegetales a nuestra dieta, sin contar con que se prepara en un abrir y cerrar de ojos, por lo que aunque uno sea muy ducho en la cocina a buen seguro que logra una guarnición de esas con las que se agradece tener pan a mano, sobre todo porque la mezcla de aceite de oliva y jugo que sueltan los champiñones da lugar a una salsa de sabor espectacular.
Ingredientes para los champiñones al ajillo

Hacer champiñones al ajillo es muy sencillo, y tampoco requiere unos ingredientes difíciles de encontrar. Bastaría con un kilo de champiñones, unos 100 ml de aceite de oliva virgen extra, tres dientes de ajo, perejil fresco al gusto, sal y pimienta al gusto, 10 ml de zumo de limón y una cayena, aunque este elemento es opcional echarlo o no a la sartén.
Qué hacer con los champiñones

Fundamental para preparar champiñones al ajillo es la preparación de éstos antes de echarlos a la sartén. Lo primero de todo es cepillarlos bien y colocarlos en un bol con agua fría y el zumo de limón que tenemos ya preparado. Para ello hay que lavarles bien y después secarlos muy rápidamente con un paño de cocina limpio. Si los hemos comprado grandes hay que picarlos en trozos pequeñitos, ya que al ajillo quedan mucho mejor que en una pieza única.
Cómo terminar la receta

Preparado por un lado el tema de los champiñones, hay que poner al fuego una cazuela de fondo grueso o mejor aún una cazuela de barro, con el aceite y los ajos laminados o bien picaditos. Lo ideal es dorarlos muy ligeramente y añadir a continuación los champiñones y la sal y, si eres de los que les gusta un ligero sabor picante, una guindilla cayena, sino pues se prescinde de ella y sin problema. Luego se pone a fuego mediano durante 10 minutos y cuando pase el tiempo se sube a fuerte y se deja que se cocinen durante cinco minutos más, removiendo para que los champiñones se cocinen por igual. Lo fundamental es servirlos muy calientes, espolvoreados con perejil.
Beneficios del producto

Los champiñones son una de las setas más populares, comercializadas y consumidas en los países occidentales. Existen numerosas especies pero todas son beneficiosas para nuestro organismo. Al ser bajos en calorías, pero ricos en vitaminas del grupo B, potasio, hierro, cobre y selenio; estos hongos suelen estar presentes en las dietas de adelgazamiento ya que refuerzan el sistema inmunitario gracias a sus betaglucanos. Además, ayudan a prevenir el cáncer, ya que gracias a su contenido en selenio ayudan a combatir los radicales libres, y ayudan a la salud cardiovascular, pues al ser ricos en potasio y sodio permiten controlar la presión arterial y fortalecer el corazón. También previenen dolencias intestinales y tienen efecto saciante, por lo que favorecen el control de peso. A la hora de la compra, conviene escoger champiñones de color blanco, de consistencia dura y con el sombrero bien cerrado, y unidos al pie. Todos estos detalles indican que se trata de hongos frescos y de calidad.
Muchas combinaciones

Otra ventaja de los champiñones es que se prestan a múltiples platos en la cocina. Por un lado funcionan muy bien en tortillas, tartas saladas o como base de patés vegetales, pero por otro también combinan genial con ensaladas, salsas, en preparaciones sencillas (fritos o a la plancha) o en elaboraciones más largas, como estofados. Lo que no se puede hacer, como con la mayoría de los alimentos, es abusar de ellos, ya que si se come en exceso champiñones (ya bien sea como plato principal o acompañante) éstos pueden producir efectos secundarios como elevar el ácido úrico, causar dolores en las articulaciones y ocasionar trastornos musculares. Lo recomendable para no tener ninguno de estos efectos a posteriori es que la cantidad consumida se limite, como máximo, a una ingesta tolerada de 100 gramos frescos por semana en una o más comidas. Con esa proporción no sólo no tendremos ningún problema sino que mejoraremos nuestro organismo.




















































































































