Para que una receta quede de lo más apetecible lo ideal es encontrar el equilibrio perfecto entre los sabores y las cantidades. Uno de los problemas más comunes es cuando la comida queda salada, y en la mayoría de las ocasiones se considera que esto no tiene remedio, que el daño ya está hecho y habrá que ingerir un plato un poco menos apetecible. Pero, ¡esto no es así! Existen algunos trucos para arreglar este pequeño desastre y hoy los vamos a compartir contigo.
Añadir algo de azúcar

Este parece un truco muy evidente… tanto que cuando ocurre puedes pensar que no va a funcionar. Lo cierto es que es el remedio más sencillo ya que el dulce es el sabor opuesto y rebaja fácilmente las dosis excesivas de sal en las recetas.
Para aplicarlo y que funcione, eso sí, debes hacerlo correctamente. Para ello tendrás que ir añadiendo muy poca cantidad de azúcar, removiendo bien y probando cómo resulta cada dosis. Esta es la única forma de evitar que el plato se arruine todavía más y acabe sabiendo dulce.
Incluir un poco de pan

Puede sonar un poco extraño a primera vista el truco del trozo de pan, pero su aplicación no es efectiva por el sabor que este pueda otorgar al plato en contraste con la dosis de sal: el truco es aprovecharse de su textura esponjosa.
Si dejas cocer el pan con el resto de los ingredientes durante unos minutos esta textura esponjosa absorberá buena parte de la dosis extra de sal que has añadido al descuido en la receta. Después debes retirarlo porque su misión habrá terminado, basta con dejarlo el tiempo justo para conseguir el sabor deseado.
Reemplazar el líquido salado

Es muy común que el problema con la sal se produzca elaborando un plato caliente líquido como una sopa o un caldo. En este tipo de elaboraciones a menudo de incluyen ingredientes como el jamón o el pescado que ya son salados de por sí, y si añadimos sal a mayores esto puede adquirir un exceso de sabor.
La solución en estos casos puede ser muy sencilla y se trata de reemplazar una porción del líquido salado por otro dulce o sin sal. Esto significa que debes retirar primero unas cucharadas del caldo o la sopa y después añadir agua, caldo sin sal o un poco de leche. Busca lo más apropiado según la receta que estés haciendo.
Enjuagar los alimentos

Puede que el exceso de sal se de en preparaciones como las verduras o las patatas cocidas o hervidas. En estos casos tendemos a añadir la sal en el agua que va a cocinar los alimentos y llevarnos la sorpresa cuando ya están cocidos y los vamos a servir.
Un buen truco es sacarlos cuidadosamente de la olla y, una vez descubierto el exceso de sal, enjuagarlos un poco en agua sin sal. Esto eliminará el exceso de los alimentos y normalmente ofrecerá una textura mucho mejor al resultado, así que no temas al utilizar este tipo de técnica.
Añadir un alimento dulce o ácido

Cuando se mezclan varios tipos de alimentos en una misma receta puede dar lugar a un resultado demasiado salado, ya que algunos ingredientes aportan su dosis de sal extra a la receta con la que a veces no contamos. Una buena solución es añadir alimentos dulces o ácidos a la mezcla.
Los ingredientes ácidos son fantásticos porque funcionan con casi cualquier tipo de receta y añaden un sabor delicioso, como puede ser el añadir un chorrito de limón o un poco de salsa de tomate. En el caso de los dulces funcionará igual que cuando se añade el azúcar, pero si queda bien en el plato puedes incluir miel o algo de leche condensada que además proporcionarán textura al resultado final.
Incluir una patata cruda

Las patatas son ingredientes muy versátiles así que combinan bien con prácticamente todos los platos. Tienen unas características muy particulares en su estructura y la más relevante para el caso de la comida salada es que están compuestas por una buena parte de almidón.
El almidón que contienen las patatas de una forma natural es excelente para absorber la sal de cualquier elaboración que estés haciendo. Además, si crees que combina bien, la puedes dejar cocer y una vez equilibrado el sabor incluirla como ingrediente. Habrá adquirido los sabores de la mezcla y estará muy rica.
Doblar las cantidades

Cuando estás haciendo un puchero o un guiso puede ocurrir que te excedas un poco con las dosis de sal del plato. En estos casos es cuando puedes detectar el error de una forma prematura ya que son tipos de recetas que se suelen ir probando para ver qué tan están quedando durante el proceso.
En este caso, puedes doblar la cantidad de ingredientes sin tocar el punto de sal para que este potenciador se reparta entre más alimentos y quede en su punto. Solo es posible si lo has detectado rápido, ya que de lo contrario podrían quedar unos alimentos mucho más cocinados que los otros.






























































































































