La reina ha de hacer frente a una crisis sin precedentes en la historia de la monarquía, y la situación no es nada fácil de llevar. Para colmo, la peor pesadilla de Letizia ha vuelto de entre las sombras para complicar las cosas más todavía. ¿Quieres conocer más detalles? Sigue leyendo, te lo contamos todo a continuación.
La ruta de la redención

> La monarquía no pasa por su mejor momento en lo que a opinión pública se refiere. La crisis sanitaria del coronavirus ha puesto en entredicho la utilidad de la institución, cuyos cimientos ya se tambaleaban a consecuencia de los escándalos económicos de Juan Carlos I, investigado por las autoridades suizas por su fortuna millonaria de orígenes inciertos. Así, Casa Real ha organizado para Felipe y Letizia una especie de ruta por España con el objetivo de fomentar el turismo nacional y, de paso, hacer un lavado de cara a la maltrecha imagen de la Corona.
Ni que decir tiene que Letizia no lo está pasando nada bien con esta situación. Su comportamiento ha sido ejemplar y no le hace ni pizca de gracia que su nombre se vea manchado por culpa de su suegro. De puertas para afuera de Palacio son todo sonrisas durante su viaje por España, pero cuando las cámaras se retiran afloran las tensiones y las caras largas. Por si la reina no tuviera suficiente, ahora ha de enfrentarse de nuevo a su peor pesadilla, que ya creía controlada y alejada. Sigue leyendo para conocer todos los detalles
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La peor pesadilla de Letizia

> Juan Carlos ha vuelto a poner en entredicho la honradez de la monarquía, pero no es la primera vez que sucede. El Caso Nóos supuso para la institución el primer gran escándalo de corrupción que menoscabó su imagen pública gravemente, por la implicación de Iñaki Urdangarín en la trama. Letizia respiraba tranquila con su cuñado entre rejas, muy alejado de la Corona. Sin embargo, en las últimas horas se ha conocido que el marido de la infanta Cristina volverá a disfrutar de un permiso penitenciario de seis días, en plena ruta por España de los soberanos.
Mientras Felipe y Letizia se den un baño de masas en algún lugar de España para intentar mejorar su imagen pública, las fotografías del reencuentro entre Urdangarín y Cristina eclipsarán la estrategia de los monarcas. La noticia no será que los reyes han visitado un precioso paraje nacional, sino que su cuñado corrupto ha salido de la cárcel en medio de otro escándalo que señala a una figura principal de la Corona: el mismísimo Juan Carlos. Se están juntando demasiadas manzanas podridas.
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El tremendo feo de Letizia a Urdangarín que lo cambió todo

> Lo cierto es que la relación entre la reina y su cuñado se estropeó incluso antes de que estallara el Caso Nóos. Para comprender qué pasó entre ellos hace falta remontarse al año 2005, cuando nació Irene Urdangarín. El bautizo se celebró en Zarzuela y los invitados se hospedaron en Palacio. Eran tantas las personas asistentes que la casa de Juan Carlos y Sofía se quedó pequeña, así que la infanta Cristina pidió a su hermano Felipe que alojara a sus suegros, los padres de Urdangarín, en el pabellón donde vivía con Letizia, sito en los mismos terrenos.
“Habla con Letizia”, señaló el entonces príncipe de Asturias, a sabiendas de que su esposa no estaría muy conforme con la idea. En efecto, Letizia se negó en rotundo y ni siquiera se esforzó en buscar una excusa. Tan solo se limitó a decir a la infanta Cristina que estaba embarazada y que no tenía ganas de tener a unos desconocidos rondando por casa, tal y como reveló Pilar Eyre en su columna de Lecturas. Desde entonces, entre ellas cruz y luz. De hecho, la tensión era tan evidente que hasta los invitados al bautizo se dieron cuenta de que algo no iba bien… Por lo visto, Letizia estuvo a punto de desmayarse.
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Letizia, a punto de desfallecer

> La reina es un libro abierto. Casa Real la obliga a medir sus palabras en todo momento y se comunica a través de sus gestos y mirada. Así ocurrió durante el bautizo de Irene Urdangarín, donde dejó claro que no se encontraba del todo cómoda en tan alegre celebración. “Letizia era un poema. No se levantó de la silla, se abanicaba continuamente, le brillaban las sienes, cuando posó en grupo se le hundieron los tacones en el césped y estuvo a punto de caerse”, reveló Pilar Eyre en su columna de Lecturas.
Letizia estaba incómoda y así lo hizo saber. De hecho, algunos asistentes al bautizo de la hija de la infanta Cristina e Iñaki Urdangarín llegaron a temerse lo peor. “Tenía un rostro tan angustiado que uno de los invitados me dijo que temió que fuera a desmayarse”, recordó la cronista experta en Casa Real.



































































































