‘MasterChef’ es un programa que cada vez tiene más seguidores y en realidad, aunque parece distinto, es igual que el resto de realities. El formato que llega de Estados Unidos está empezando a desbancar a los otros programas. Una forma distinta de entender la televisión.
El morbo de ver y saber de los concursantes, se une a la capacidad de estos de luchar contra las pruebas. Cada vez busca más el morbo como el resto de realities, la pugna por una mayor audiencia está servida.
Versiones VIP

Las versiones VIP nos permiten conocer un poco más a los concursantes. En la elección de las personas que entraran en el programa vemos distintas formas de actuar. Por un lado, los VIP de ‘Masterchef’ son personas con carreras consolidadas, que tienen al público conquistado por sus apariciones televisivas.
En la última edición la estrategia a seguir en ‘MasterChef’ ha sido incluir grandes dosis de humor. Unos concursantes que están dispuestos a arrancar más de una sonrisa y consiguieron hacerlo. Desbancaron al famoso ‘Revolution’, que nada pudo a hacer para mantener el horario inicial.
Unos VIP vagos

En cambio, ‘Gran Hermano’ tiene una serie de VIP que han hecho de todo menos trabajar. Son los típicos famosos a golpe de exclusiva. Sin ninguna cualidad especial o gracias que nos haga querer verlos. Kiko Rivera es uno de los más representativos, que además de costar una gran cantidad de dinero no aguantó.
Una inversión enorme, para los resultados que sacaron en su día. Nada pueden hacer frente a la pasividad de sus concursantes. El pijama de la Esteban también fue uno de los disfraces de Carnaval más famosos. Una inactividad que a la larga cansa demasiado y no aporta nada bueno a este formato.
VIP para sufrir

En ‘Supervivientes’ vemos a VIP que son del mismo nivel que los de ‘Gran Hermano’ ex concursantes de realities o presentadores de su misma cadena. El morbo principal está relacionado con la capacidad de verlos sufrir durante unos días, en una isla desconocida. Verles sobrevivir o abandonar.
Al igual de ‘MasterChef’, aquí no tenemos 24 horas debemos pasar por el programa sí o sí, para ver la evolución de los concursantes. Siempre veremos lo más interesante, aquellos puntos calientes que nos han seducido. Captar la atención es importante y el morbo está empezando a ganar terreno.
El poder del morbo

‘Gran Hermano’ se alza como un reality en el que siempre pasa algo. Insultos, agresiones, malas palabras, expulsiones, todo es posible, con unos concursantes que han entrado en la casa para dar juego. No tienen que hacer nada más que empezar a generar polémica nada más entrar.
Esta es su misión. Saben que si son conocidos pueden tener una silla en algún otro programa. Tantas ediciones han servido para que se den cuenta de que si pasan desapercibidos no van a ganar nada. Quieran o no, deben dejarse llevar por sus impulsos y actuar de la forma más natural y preferiblemente agresiva posible.
Amor e infidelidades

El amor parece que ha llegado para instalarse en las últimas ediciones de ‘Masterchef’. Es uno de los puntos fuertes de todo reality. En este caso, entre fogones y con la ventaja de que es un programa grabado. El secretismo es máximo y estamos atentos a cada uno de los movimientos que se producen para detectar cualquier matiz de relación amorosa.
En la edición normal y en la VIP se ha servido en la mesa un romance. Es uno de los elementos que atrae a más público y que convierte a este reality en el mejor de su categoría. Además, crea relaciones sólidas que nada tienen que ver con la emisión del programa, porque se producen a posteriori.
Cuernos y tríos

‘Gran Hermano’ y ‘Supervivientes’ se llevan la palma en cuanto a mala praxis se refiere. En todas las ediciones hay infidelidades o tríos. Son elementos que pueden hacer subir la audiencia en directo y que la gente busca. Cuando se produce una vez, puede parecer curioso, pero saber que tarde o temprano sucederá, no lo será tanto.
La previsibilidad de cada edición hace que sea menos interesante y pierda interés. Sabemos qué nos encontraremos en la casa o en la isla. Aunque intenten esconderse o exagerar cada vez más sus relaciones, siguen siendo demasiado forzadas. Nada hay de especial, cuando miran a cámara y empiezan su actuación.
Nos gustan las peleas

La primera vez que alguien se peleó en un reality representaba toda una novedad. Era como una de esas escenas que te encuentras por la calle y quieres seguir viendo una y otra vez. La realidad es que hoy en día, es hasta desagradable. En una sociedad marcada por los problemas sentarse a ver más problemas es imposible.
A la audiencia le gusta cada vez menos asistir a situaciones desagradables. No son nada beneficiosas para ningún reality. Simplemente hacen que se cambie de canal y se hable un poco como la antítesis de lo que quieren ver. Tanto insulto se ha convertido en una vulgaridad fuera de lugar.















































































































































