Puede que se hayan escrito océanos de tinta negra sobre la figura de Letizia. Redacciones alrededor del mundo «tocan el piano» con vehemencia siempre que la esposa de Felipe VI hace acto de presencia. Pero jamás habíamos reparado en esto.
Con suma destreza y discernimiento, la gaditana Ana Romero despliega y divide en su libro ‘El rey ante el espejo’ las cuatro etapas clave de la vida de Letizia desde que el miembro de la familia real.
La primera de todas las Letizias

La primera Letizia de todas era una mujer independiente, con vida propia, divorciada, con un puesto de trabajo nada despreciable como presentadora de la segunda edición de los informativos de Televisión Española. Otoño del año 2003. Primero de noviembre. La Casa Real hace oficial el anuncio de compromiso del príncipe de Asturias con la periodista Letizia Ortiz: «Según acaba de hacer oficial la Casa del Rey: anunciado el compromiso matrimonial entre el príncipe de Asturias y la periodista Letizia Ortiz Rocasolano. Sus Majestades los Reyes tienen la gran satisfacción de anunciar el compromiso matrimonial de su hijo, su Alteza Real el príncipe Felipe con la periodista Letizia Ortiz Rocasolano.
Increíble pero cierto. Para Alfredo Urdaci, la que ayer era su compañera de trabajo, hoy era la futura Reina de España. Con el enlace de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz el 22 de mayo de 2004 termina esta primera etapa. La segunda es, con total seguridad, la más dura y cruda para ella…
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Letizia y la desgracia de su hermana Érika

La periodista Ana Romero data a la segunda Letizia desde el año 2004 al 2008. En esa etapa, es una mujer fresca, cercana. La luna de miel del recién estrenado matrimonio no fue oculta. El príncipe, como Borbón, quería ‘lucir’ a su esposa por los rincones más profundos y recónditos de España. La Casa del Rey informó a los medios de comunicación de los pasos que iban a ir dando. Primera parada Cuenca, segundo Zaragoza, después San Sebastián…
En aquel viaje, efectivamente, pudimos observar a una Letizia encantada con el trato del pueblo. Ahí empezaron las críticas. Ciertos medios y sectores puristas tachaban a Letizia de estrella de cine wannabe. En algunos casos, demasiado expresiva y saltándose el protocolo, normas de cuna que ni las había mamado ni había tenido tiempo de aprenderlas. Tres acontecimientos clave en su vida y que cerrarían para siempre esta etapa fue el nacimiento de sus dos hijas, Leonor y Sofía. Y la muerte de su hermana Érika.
Letizia y el camino a la perfección

Tras la llegada de sus hijas y con ello, el hecho de sentirse absolutamente plena en lo personal, empieza el cambio de Letizia en lo que corresponde al físico. La operación de nariz y mentón supuso el principio del fin de aquella mujer campechana. Un rostro hierático, una nariz recta y unos músculos bloqueados faciales por unos pinchazos de bótox. Artificios que no hacen más que desvirtuar la imagen de aquel miembro de la familia real que era tan Borbón sin serlo.
Esta tercera etapa, que Ana Romero fecha desde 2008 a 2014, Letizia empieza a obsesionarse con el control de físico, de su vida y de todo lo que sucede en Casa Real. Sabe perfectamente que la monarquía no atraviesa buenos tiempos y que tiene mucha tarea pendiente. En 2011 salta el caso Nóos con sus cuñados como imputados, en 2012, por si fuera poco, la caída del rey en Botsuana y el descubrimiento oficial de Corinna. La institución se desmoronaba ante sus ojos y, ella, desde luego, no estaba dispuesta.
Letizia y la corona de España

El 19 de junio de 2014 es uno de los días clave marcados a fuego en el calendario de la vida personal y profesional de Letizia. En aquel momento, el príncipe de Asturias se proclamaba rey de España tras la abdicación de su padre apenas dos semanas y tres días antes. Signo, escudo y emblema de España, Felipe de Borbón llegaba a la meta y al lugar para el que había sido concebido, por el que nació y por el que se formó durante cuarenta y seis años.
Según escribe Ana Romero, Letizia se queja de que no se subraye y se señale el trabajo y la labor que está realizando. «Se siente particularmente orgullosa, por ejemplo, de un discurso que da el 29 de mayo de 2017 en el Fundación de Microfinanzas del BBVA. Allí pronunció esta frase: ‘Una mujer que recibe ayuda para poner en marcha su proyecto es, a menudo, invencible y resistente‘». Pero lo que queda de ese acto es el look, el estilismo, y los gestos de la Reina de España: continente versus contenido. Forma, en lugar de fondo.
Letizia, una reina que se lo cree

Letizia, esposa del Rey de España y madre de la futura Reina de España. Leonor, ‘la de verdad’. Nada más lejos de la realidad. Letizia Ortiz es la reina consorte de España. Un papel, que tal y como nos confirmó la experta en Casa Real Pilar Eyre «se lo cree. Ella se lo toma muy en serio». Letizia es exquisita con su trabajo. Pensándolo fríamente, ya ha sido más tiempo miembro de la Familia Real que periodista.
Si como reportera y presentadora obtuvo premios prestigiosos, como el famoso galardón de la Asociación de la Prensa de Madrid a los periodistas menores de treinta años, no menos merece en su labor como reina. Ana Romero la describe así: «También es cierto que esta meteórica carrera casa con los adjetivos que se usan desde los tiempos de las hagiografías iniciales para describirla: trabajadora, ambiciosa, disciplinada, y con una enorme fuerza de voluntad«.



























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