La infanta Elena no ha sido nunca una mujer demasiado hermosa. Tiene el rostro típico de la familia Borbón, siendo la que más se parece a su padre. Eso no le impide tener un largo historial de conquistas. De la misma forma que ha heredado las facciones puede que haya adquirido ese don para la seducción que tiene su progenitor.
Para poder casarse tuvo que contar con la aprobación de sus padres. Una tarea difícil por ser la mayor y el primer miembro de la casa real que contraía matrimonio. Se inclinaron por el más aristocrático y no les termino de salir bien. Quizá debería haber apuntado a alguno de estos…
Su amor platónico Luis Astolfi

La infanta Elena es una gran amante de la hípica. Su deporte favorito y que practica desde pequeña, la he llevado a competir en varias ocasiones. En el hipódromo se establecen vínculos poderosos, difíciles de romper. La relación de un jinete con su caballo es realmente admirable y asombrosa.
A su gran amor lo conoció en el año 1984. Se trataba del jinete Luis Astolfi. Un hombre guapo y con un porte de cabalgador muy atractivo. Hacían una pareja un tanto extraña, pero durante dos años, la infanta fue la mujer más feliz del mundo. La relación se terminó cuando Luis le confesó que no estaba hecho para la vida pública.
Lástima que el amor durase poco, sería un placer ver a un hombre tan guapo en las revistas del corazón.
Jorge de Habsburgo, el archiduque

Después de la ruptura con su amor en 1987, una Elena en busca de querer olvidar su pasado se traslado a Paris. En la ciudad del amor conocería a otro aristócrata con quien compartía algo más que una bonita amistad. Nuestra infanta consiguió llegar al corazón del heredero de una de las casas reales europeas.
Jorde de Habsburgo cayó rendido a sus pies. Elena seguía con la mente puesta en su jinete pero pasó unos buenos momentos al lado del archiduque. La relación se terminó porque ella le confesó que no sentía nada por él. Fue sincera y volvió a España dejando atrás un noble corazón roto.
Hubiera sido un matrimonio aprobado por los reyes y aplaudido por las dos casas reales.
Felipe Zuleta, el entrenador

Otro jinete, en este caso entrenador profesional fue el siguiente candidato a ocupar el corazón de la infanta Elena. Es un amor de esos que dejan huella, la infanta inicio una relación con él años antes de casarse con Marichalar. Estaba muy vinculado a la familia real y le conocían a la perfección.
Se ve que a la infanta le deben ir los caballos y las personas que sepan montarlos, porque siempre acaba recurriendo a estos profesionales. En el caso de Zuleta cuando se separó de Marichalar volvió a caer en sus manos. Es un hombre con quien se llevan a la perfección y hay una química especial.
Puede que Zuleta se acabe convirtiendo en el padrastro de Froilán, el tiempo lo dirá.
Jaime de Marichalar

Jaime de Marichalar se convirtió en marido de la infanta Elena con toda la aprobación de su familia. Se trataba de una persona formada y con aires aristocráticos que cumplía a la perfección con la misión de ser el marido de la hija mayor del rey de España. El matrimonio gozó durante los primeros años de cierta complicidad.
A medida que nacieron y crecieron los hijos se empezaron a distanciar. La vida de Marichalar no encajaba con las aspiraciones de la infanta. Demasiada vida nocturna y un ictus fueron los causantes del final de la relación. Marichalar de recuperó de sus problemas de salud, momento en que empezaron los trámites de separación definitivos.
Fue el primer matrimonio y divorcio que se vivió en la casa real Española. Elena prefirió su felicidad que seguir atrapada con una pareja conflictiva.
Alfredo Fernández-Durán, jinete y monitor

Sigue la larga lista de jinetes que ocupan el corazón de la infanta. En este caso además de compartir afición por los caballos hay algo más que les une. En 2008 se les vio en actitud más que cariñosa en una famosa estación de esquí Baqueira Beret, en plenas vacaciones de Navidad.
Fernández-Durán es además monitor de esquí. No es de extrañar que coincidieran en más de una ocasión. Elena es muy aficionada a este deporte, tanto ella como su familia lo practican siempre que pueden. Entre esquís y caballos, siempre saca algo de tiempo para alguna relación esporádica.
Admiramos a Elena porque todas sus parejas están en plena forma, nada de cuarentones con barriguita. Lo suyo son monitores y entrenadores, muy cuidados físicamente.
Fernando Garrido, el jefe

Fernando Garrido es uno de los nombres con quien se ha relacionado a la infanta Elena en los últimos años. Se trata del director general del Instituto de Acción Social de MAPFRE, la empresa para la cual trabaja Elena. Aunque pueda parecer que no trabaje, las infantas se adaptan a la realidad con este tipo de trabajos.
Se les ha visto en actitud cariñosa durante un partido de básquet. Han viajado juntos a Rio de Janeiro y asistieron a la cabalgata de los Reyes Magos. Puede que estuvieran haciendo horas extra, pero todo parece indicar que allí había feeling. Elena es una persona que encandila a los hombres de un modo sorprendente.
Trabajo y placer no pueden mezclarse así que mejor buscar en otro sitio el amor.
El doctor Villamor

Villamor puede parecer un nombre inventado, pero es el nombre del traumátologo que trató a don Juan Carlos. Para más información se llama Ángel Villamor. La infanta acudió al hospital cuando su padre sufrió un “accidente” en sus salidas de España. Sabemos que le gusta cazar animales grandes y estar con mujeres rubias.
Elena no perdió el tiempo y entre diagnóstico y prueba protocolaria le pidió el teléfono al doctor. Villamor sabía cómo seguir la conversación en un sitio más adecuado. Empezaron una relación en el más absoluto secretismo posible. Sería un final de cuento, para una mujer como Elena.
El destino de Elena está en manos de su gran corazón y de algún jinete que sepa cabalgar.




























































































































El gran momento llegó el 9 de septiembre. Belén se encontraba comiendo junto a Miguel y sus suegros en un restaurante de Madrid y recibió una llamada. La persona que había marcado el teléfono de la colaboradora era María José Campanario y tras pensar si cogerlo o no, decidió aceptar la llamada.








































