Belén Esteban no ha acudido todavía a ningún plató de televisión por culpa de la pandemia pero desde casa sigue llamando y mucho la atención. En las últimas horas, la de Paracuellos ha abandonado su conexión en directo, muy cabreada con Sálvame. ¿Qué ha pasado? ¿Peligra e puesto de trabajo de la Esteban? Te lo contamos todo a continuación.
Población de riesgo

> Belén Esteban es de las pocas colaboradoras que sigue confinada en su casa. No ha acudido aún a ningún plató de televisión y es que desde que se decretó el Estado de Alarma, la de Paracuellos no ha querido correr el riesgo de enfermar. Es diabética y las posibilidades de que el COVID-19 le afecte, son muy altas. Aún así, la princesa del pueblo se ha mantenido muy activa en las redes sociales y en su propio programa, pues junto con la productora decidió protagonizar su propia sección. En ella, Belén demuestra sus dotes de cocina elaborando platos cotidianos y del día a día, aunque a veces esto le juegue una mala pasada. En su última conexión en directo perdió tremendamente los papeles.
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Pierde los papeles y abandona Sálvame

> En la tarde de ayer, la audiencia fue testigo de cómo, incluso desde su casa, Belén Esteban es capaz de perder los papeles, y todo por culpa de Kiko Matamoros. Mientras la de Paracuellos mostraba los pasos a seguir de su plato, su compañero de televisión le gastó una broma de mal gusto que, lejos de hacerle reír como al resto de colaboradores presentes en el plató, la cabreó de manera sobre natural. Fue tal su enfado que, en un arrebato, le cogió el móvil a su Andreíta, que en aquel momento le grababa, y apagó el teléfono. Entre las risas de los tertulianos, Belén desapareció por completo. Un arrebato que no hizo más que empeorar la situación que está viviendo actualmente en casa. Su marido, Miguel Marcos, ha regresado después de más de dos meses fuera de su vivienda por seguridad, pero no parece que la pareja disfrute al cien por cien de la nueva normalidad.
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Belén Esteban y Miguel Marcos, juntos pero no revueltos

> “Estoy muy contenta porque mi marido Miguel ya está en casa. Está todo bien, estamos muy contentos, ha sido muy duro. Nos hemos echado mucho de menos los dos”, explicaba Belén Esteban durante su última intervención. Pero lo cierto es que la de Paracuellos no ha alcanzado aún la felicidad plena pues, según confesó hace unas horas, su Miguel no ha podido aún dormir en el mismo colchón que ella. “Que no duerman en el mismo colchón no significa que no les haya dado tiempo recuperar el tiempo perdido”, ha expresado. Lo cierto es que desde que la pareja se conoció hace ya unos años, la complicidad entre ellos ha sido plena y continúa: una felicidad que culminó con el sí, quiero encima del altar.
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Belén Esteban y su deseo frustrado de ser madre

> Después de protagonizar una de las bodas más seguidas mediáticamente, Belén Esteban gritaba a los cuatro vientos sus deseos de convertirse en madre. Una ilusión que empezó por todo lo alto y que ha terminado desvaneciéndose poco a poco con el paso del tiempo. Parece que la suerte no está de lado de la de Paracuellos, pues sus intenciones de quedarse embarazada resurgieron de las cenizas unas semanas antes de decretarse el Estado de Alarma. La pareja ha estado separada más de dos meses por lo que es posible que sus deseos de convertirse en padres hayan quedado aplazados hasta que la situación en España mejore. Se afirma entonces que la ilusión de la de Paracuellos se ha ido al traste, algo que podría haber mermado, al menos por un tiempo, sus ganas de convertirse en madre.













































Es cierto. Es un fotoreportaje que da vida a esta sequía informativa que resulta soporífera. Las instantáneas hablan por sí solas. Y lo que dicen no me gusta demasiado. Me da miedo. Tal vez porque la escena me obliga a viajar a través del tiempo en ese tren de los corazones rotos. Más que deseo, percibo tristeza, rebote, falsa resiliencia y necesidad de demostrar una felicidad que parece forzada, estudiada, autoimpuesta. Tengo la sensación de que Diego se ha dejado llevar por esas corrientes que invitan a festejar la pena aparcándose en otros cuerpos o por esa filosofía (sic) que induce a huir hacia adelante para vencer no sé a qué o a quién. Pobre.






















































