Su mutua animadversión viene de lejos. ¿Qué pasó entre ellas para que acabaran como el perro y el gato? ¿Por qué Letizia y su cuñada, la infanta Cristina, no se soportan? Sigue leyendo, te lo contamos todo a continuación.
El desprecio de Letizia

> Las tensiones presentes entre los Borbones se pusieron de manifiesto en el funeral de la infanta Pilar. Como manda el protocolo, Felipe y Letizia fueron los últimos en entrar a la iglesia. Tras recorrer el pasillo hasta el altar, saludaron con dos besos a los reyes Juan Carlos y Sofía, incluso a doña Beatriz de Holanda, que esperaba de pie junto a ellos. Sin embargo, ni caso a las infantas Elena y Cristina, también presentes en el sepelio, a pocos metros de la familia real.
No son pocos los que acusan a Letizia de interponerse entre su marido y sus cuñadas para evitar un saludo que hubiera dado mucho que hablar. Lo cierto es que la reina y las infantas no se llevan bien desde hace tiempo. Especial inquina siente hacia doña Cristina, con quien terminó como el perro y el gato a raíz de un desagradable episodio que ambas protagonizaron. ¿Quieres saber qué pasó? Sigue leyendo, te lo contamos todo a continuación.
Siguiente: El momento desagradable que lo cambió todo
Alta tensión entre Letizia y Cristina

> La infanta acogió a su cuñada con los brazos abiertos cuando era una recién llegada a la realeza. De hecho, entablaron una buena amistad e incluso quedaban para comer y pasar tiempo juntas. Sin embargo, todo cambió a consecuencia del nacimiento de Irene Urdangarín, la última hija de la Borbón. Por aquel entonces, Letizia también estaba embarazada de su primogénita, la princesa Leonor, y son estos dos factores los que motivaron el enfrentamiento entre la hermana y la esposa de Felipe VI.
Para la celebración del bautizo de Irene Urdangarín, algunos invitados se hospedaron en Zarzuela, pero hasta Palacio se quedó pequeño. Así, doña Cristina pidió a su hermano Felipe que acogiera a sus suegros, los padres de Urdangarín, en su pabellón. Por supuesto, su respuesta fue afirmativa, pero el entonces príncipe de Asturias advirtió a la infanta, a sabiendas de lo que estaba a punto de pasar: “Habla con Letizia”, y ya se pueden imaginar su reacción…
Siguiente: Letizia da la espalda a la infanta Cristina
Letizia da la espalda a la infanta Cristina

> La ahora reina siempre se ha caracterizado por decir lo que piensa sin sopesar las consecuencias, y en aquella ocasión no fue diferente. A estas alturas, a nadie debería sorprenderle que Letizia se negara a acoger a los suegros de su cuñada en su casa. “Estoy embarazada, no me siento bien y no me apetece tener en casa a unas personas que no conozco”, sentenció la entonces princesa de Asturias, que no se anduvo con titubeos ni excusas, tal y como revela Pilar Eyre en su columna de Lecturas.
Desde entonces, la tensión entre Cristina y Letizia no ha parado de crecer, hasta llegar a la enemistad que mantienen hoy. Todos sus problemas comenzaron en aquel bautizo, y el enfado entre ellas se hizo patente incluso durante la celebración. Caras largas, rostros serios y tanta incomodidad que, por lo visto, la entonces princesa de Asturias estuvo a punto de desmayarse.
Siguiente: Letizia, al borde del desmayo
Letizia, al borde del desmayo

> Casa Real tiene capada a la reina y la obligan a medir sus palabras. Es por esto que Letizia tiende a comunicarse con gestos y actitudes, en ocasiones mucho más reveladoras que el lenguaje verbal. Así ocurrió durante el bautizo de Irene Urdangarín, donde no se molestó en disimular su enfrentamiento con la madre del bebé, la infanta Cristina. “Letizia era un poema. No se levantó de la silla, se abanicaba continuamente, le brillaban las sienes, cuando posó en grupo se le hundieron los tacones en el césped y estuvo a punto de caerse”, señala Pilar Eyre en su columna de Lecturas.
Su rostro hablaba por sí solo y era tan evidente que se sentía incómoda en el bautizo de su sobrina que hasta los invitados se percataron de que algo no iba bien. De hecho, llegaron a temer por su integridad… “Tenía un rostro tan angustiado que uno de los invitados me dijo que temió que fuera a desmayarse”, apunta Pilar Eyre.

















































































































