Carmen Janeiro parece haber encontrado la felicidad plena al lado de Luis Masaveu, un empresario miembro de uno de los clanes más ricos de España, lo que la ha llevado a vivir en una preciosa mansión que acaba de poner a la venta por una cantidad desorbitante.
La mediadora del clan de Ubrique

Carmen Janeiro, conocida en el pasado como ‘La Jesulina’ se ha caracterizado siempre por ser la más tranquila de uno de los clanes familiares más conocidos del medio de la farándula, Los Janeiro. Con su hermano, el torero Jesulín de Ubrique, siempre en el punto de mira, al igual que el resto de su familia, Carmen siempre ha intentado, aunque sin éxito, permanecer en un discreto segundo plano.
Así, con el triste fallecimiento de su padre, Humberto Janeiro, en agosto de este año, la familia ha vuelto a acaparar titulares. ¿Y qué ha sido de Carmen este año? Pues parece que la mediana del clan está mejor que nunca.
Parece mentira, pero hubo un tiempo en el que la joven acaparaba todas las portadas, y es que en los años noventa era uno de los rostros más conocidos de la prensa del corazón. ‘La Jesulina’ intentó destacar en varios ámbitos, entre los cuáles destacan la actuación y el modelaje, aunque ninguno pareció terminar de cuajar. Así, hace ya varios años tomó la decisión de alejarse de los medios para siempre, y así lo ha cumplido hasta que su nueva relación ha vuelto a centrar la atención en ella.
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Enamorada y rebosando felicidad

Fue en el verano de 2019 cuando la revista Semana destapó en exclusiva la relación de la Janeiro con Luis Masaveu, un atractivo y millonario empresario que también procede de uno de los clanes familiares más ricos de España. Esta familia de empresarios de origen catalán está vinculada a la esfera bancaria y ha levantado un conglomerado de empresas considerado como el mayor imperio industrial asturiano.
Así, el novio de Carmen es dueño de bodegas, inmobiliarias y uno de los mayores accionistas de Liberbank. El único hombre que ha sido capaz de devolverle la ilusión a la hermana de Jesulín de Ubrique tras pasar por uno de los peores momentos de su vida.
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Recuperando la ilusión

Antes de conocer al hombre de su vida, Carmen pasó por una mala racha, y es que en 2014, y tras un accidente en el que quedó muy malherida y que la obligó a permanecer en una silla de ruedas unos cuantos meses, sufrió una severa depresión que le costó mucho superar.
Por suerte, la vida le ha sonreído y ahora se encuentra en un momento de plenitud al lado de Luis, su principal apoyo a raíz de otro durísimo momento que la familia ha atravesado este verano, la muerte del patriarca del clan Janeiro. Así, Carmen se ha convertido en el principal apoyo de su madre, Carmen Bazán, quién mantuvo una relación bastante conflictiva con su difunto marido e incluso se negó a ir a su funeral.
Es por ello que el papel que ejercía Carmen era tan importante, ya que ella siempre actuaba de mediadora y ha mantenido unida a su familia tanto como ha podido. Un camino nada fácil, ya que también sus hermanos han tenido que hacer frente a varios problemas.
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Su nueva vida

A pesar de llevar ocho años de relación con el empresario, no fue hasta el verano pasado cuando salió a la luz la noticia, un secreto muy bien guardado que sorprendió a muchos, ya que nadie esperaba volver a verla aparecer en la prensa. Pero, Carmen está enamorada, y así se ha dejado ver todo este tiempo. Fue a bordo de un yate dónde se les fotografiaba por primera vez, acaparando la portada de la revista Semana, y ahora, un año después, la hija de Carmen Bazán y Umberto Janeiro ha decidido poner a la venta la lujosa mansión que compartía con su chico por nada más y nada menos que 4 millones de euros. Una cifra nada desdeñable y que no está al alcance de cualquiera, lo que es un claro indicio del lujoso estilo de vida que lleva ahora.
Se trata de una residencia de lujo ubicada en Sierra Blanca, una mansión de 600 metros cuadrados con unas impresionantes vistas al mar y un envidiable jardín. La vivienda en cuestión se compone de seis habitaciones dobles y seis amplios baños. Un lugar de ensueño en el que todos quisiéramos vivir, pero que muy pocos pueden tener la oportunidad de permitirse. A todo ello se añade una parcela de 2.000 metros cuadrados y una enorme piscina, además de varias zonas de estar dónde pasar tiempo en familia o con amigos. No cabe duda de que aquí una cuarentena se haría mucho más amena.


















































































