La pandemia ha llegado a la Corona. De un modo u otro, el COVID-19 ya ha afectado a diferentes miembros de la realeza, pero Felipe Juan Froilán de Marichalar es quien podría salir peor parado. Su madre, la infanta Elena, no pega ojo pensando en el peligro que corre su hijo. ¿Quieres saber qué ha pasado? Sigue leyendo, te lo contamos todo a continuación.
La Corona, en peligro

> La princesa Leonor y la infanta Sofía fueron las primeras afectadas por el coronavirus. Hace dos semanas, se detectó en su escuela, el prestigioso colegio Santa María de los Rosales, un caso de COVID-19, y el centro se vio obligado a echar el cierre. Desde entonces, las hijas de Letizia permanecen afincadas en Zarzuela, como el resto de los españoles en sus casas. Reciben clases de forma telemática, y un profesor las orienta en sus tareas y deberes para no que no pierdan el ritmo en sus estudios. Su padre, el rey Felipe VI, puede ayudarlas en sus tareas, puesto que toda su agenda oficial se ha cancelado por culpa de la pandemia.
No es el caso, en cambio, de la reina Letizia. Tras su contacto con la ministra de Igualdad, Irene Montero, infectada por el coronavirus, Ortiz debe permanecer en cuarentena dentro de Zarzuela. Se presupone que, siguiendo las indicaciones de las autoridades sanitarias, reducirá solo a lo necesario la relación con su familia. Sin embargo, dentro de la realeza, es Felipe Juan Froilán de Marichalar quien corre un riesgo mayor por culpa del COVID-19. ¿Quieres saber qué ha pasado? Sigue leyendo, te lo contamos en la página siguiente.
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La infanta Elena, en vilo por Froilán

> Mientras Europa entera se blinda a consecuencia del coronavirus, Reino Unido mantiene la normalidad en pos de conseguir la llamada inmunidad de grupo. Así, el primer ministro británico, Boris Johnson, no ha prohibido aglomeraciones, no ha suspendido eventos multitudinarios y tampoco ha ordenado el cierre de empresas, oficinas o centros de enseñanza. Justo allí, en la ciudad bañada por el Támesis, reside Froilán desde el enero pasado. El primogénito de doña Elena de Borbón se mudó a Londres para realizar unas prácticas laborales en el marco de sus estudios en Administración de Empresas el CIS, una elitista universidad americana con sede en Madrid.
Froilán sigue yendo todos los días a trabajar y, sin medidas para prevenir la expansión del coronavirus, se codea en la capital británica con decenas de miles de personas cada día, aumentando así su posibilidad de contagio. Mientras, su madre, la infanta Elena, observa desde la distancia cómo su hijo mayor corre peligro por culpa del COVID-19, sin posibilidad de hacer nada para evitarlo, con nuestras fronteras a cal y canto. Por desgracia, no es, ni de lejos, el único disgusto al que debe hacer frente.
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La mayor crisis de la infanta Elena

> Hace semanas, supimos que Juan Carlos I estaba siendo investigado por unas supuestas comisiones que habría recibido de forma poco ética, que digamos. Para salvar la imagen de la monarquía, don Felipe emitió un comunicado oficial en el que se desvinculaba de su padre y de la herencia que pudiera recibir. Con sus palabras, de forma implícita, el rey estaba reconociendo que la fortuna de su padre no procedía de fuentes del todo limpias y, además, le daba la patada definitiva que lo apartaba de la Corona. Se trata de un escándalo sin precedentes en la historia reciente de nuestra realeza.
Las otras hijas del rey emérito han sido empujadas a una encrucijada. Apelando a un sentido ético y moral, son muchos los que se preguntan si ellas también deberían renunciar a su parte de la herencia y posicionarse al lado de don Felipe. La infanta Cristina lo tiene más fácil: hace tiempo que no tiene relación con su hermano y no siente que le deba nada, ni a él ni a la Corona. En cambio, se presenta una decisión muy difícil para la infanta Elena: ella sí aprecia al monarca, pero también a su padre, quedando en medio de toda esta difícil situación familiar.
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Juan Carlos dinamita la monarquía

> Con su comunicado, en el que se desvincula del monarca abdicado y de su fortuna, don Felipe VI intentó salvar la imagen de la monarquía y hacer creer que poco tiene que ver con los negocios sospechosos de su padre. Sin embargo, muchos se preguntan por qué esperó a que el escándalo viera la luz para poner cartas en el asunto, cuando parece que tenía conocimiento de estos hechos desde el año pasado.
La confianza de los ciudadanos en la institución que ostenta la jefatura del Estado se ha visto profundamente dañada, y les resultará complicado reestablecerla. Sobre todo, si tenemos en cuenta que la heredera, la princesa Leonor, también aparece como beneficiaria en las cuentas ilícitas de su abuelo, tal y como ha publicado Vozpópuli. Se trata de una polémica que la futura reina debe afrontar incluso antes de ocupar su trono.










































































