El 14 de mayo de 1968, los padres de las infantas Elena y Cristina y el príncipe Felipe se dieron el ‘sí, quiero’ en la capital griega. Los reyes Juan Carlos y Sofía llevan casados nada más y nada menos que cincuenta y ocho años, basados todos en una tamaña mentira. ¿Quieres conocer más detalles? Sigue leyendo, te lo contamos todo a continuación.
Tres bodas reales

> Era un bonito día de primavera cuando Atenas se vistió de gala para acoger a un sinfín de autoridades europeas que asistieron a la boda real de don Juan Carlos y doña Sofía, sellando así la unión entre las monarquías española y helena. Hasta tres ceremonias tuvieron que celebrarse para contentar a todos los implicados: una civil, otra católica y otra ortodoxa. Los entonces futuros reyes pasaron por el altar solo once meses después de conocerse, una precocidad que podría explicar el fracaso del matrimonio.
Aunque de puertas de Zarzuela para fuera todo eran luces y brillos, todo el mundo sabe que la relación de don Juan Carlos y doña Sofía ha estado marcada por las sombras y la mentira. Eran otros tiempos, en los que un divorcio real ni se planteaba, y a la griega le tocó aguantar con una sonrisa los desprecios y engaños de su casquivano marido. Esta no es la historia de un matrimonio feliz.
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Doña Sofía, la eterna sufridora

> Lo cierto es que fue su madre, la reina Victoria Federica, quien planeó que la joven princesa griega conociera al hijo de los condes de Barcelona. Pero, en realidad, doña Sofía tenía los ojos puestos en un apuesto noruego llamado Harald que terminaría convirtiéndose en rey del país nórdico. Por desgracia, él solo la utilizaba como tapadera, pues de quien de verdad estaba enamorado era de una plebeya que respondía al nombre de Sonia, que años más tarde se convirtió en su mujer. Fue la primera vez que Sofía se sintió engañada y, por desgracia, no sería la última.
Al final, cedió a las presiones de su madre y dio una oportunidad al simpático y campechano Juan Carlos. Los que la conocen de cerca aseguran que se enamoró y fue feliz durante los primeros años de matrimonio, pero la situación empeoró cuando Franco murió y su marido fue llamado a sucederle. Al parecer, España fue la tumba de su relación. No son pocas las lágrimas que doña Sofía ha derramado en Zarzuela por culpa de los engaños e infidelidades del Borbón.
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Las lágrimas de doña Sofía

> La griega se fue desencantando cuando llegaban a sus oídos cada vez más y más noticias que hablaban de los encuentros de su marido con otras mujeres. Sin posibilidad de divorciarse, la reina Sofía hizo las maletas y se fue a vivir a otra ala de palacio, donde permanece hasta el día de hoy. Pero esta distancia no fue suficiente para mitigar su dolor, y según reveló Jaime Peñafiel en Pronto, la esposa de Juan Carlos pasó muchas horas llorando y compartiendo sus penas con Sabino, el que fuera jefe de la Casa de Su Majestad el Rey.
«La reina solía acudir casi todos los días a mi despacho para quejarse de su situación sentimental. Permanecía horas y horas lamentándose y yo la escuchaba con todo el respeto», contó Sabino a Jaime Peñafiel. Al final, doña Sofía hizo de tripas corazón y su dolor fue mutando, con el paso del tiempo, en indiferencia. Ahora, poco lo importa lo que haga o deshaga Juan Carlos I, siempre y cuando sus aventuras no afecten a la imagen de la monarquía.
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El peor momento de Juan Carlos, solo y repudiado

> Las aventuras del monarca abdicado le han pasado factura y, ahora que atraviesa por uno de sus momentos más complicados, no puede contar con el apoyo de su esposa. El rey Felipe VI le ha dado la espalda a raíz de sus chanchullos económicos y padre e hijo solo se ven cuando se cruzan por Zarzuela. Igual ocurre con la reina Sofía, que, acompañada en Palacio por su hermana Irene de Grecia, puede estar meses sin hablar con Juan Carlos I. Nadie quiere saber del emérito.
Confinado a consecuencia de la crisis del coronavirus, el Borbón siente más cerca que nunca el frío de la soledad. Como consuelo, le quedan las charlas virtuales con sus amigos y amantes. Pilar Eyre reveló en Lecturas que todavía mantiene el contacto con Marta Gayá, aunque unos cuantos mensajes electrónicos no son suficientes para curar su malherido corazón.’Donde las dan, las toman’, pensará la reina Sofía.




































































































