La reina Isabel II ha querido zanjar de modo inmediato cualquier especulación sobre su estado de salud y la posibilidad de abdicar en la cabeza de su nieto el príncipe Guillermo, saltándose el orden natural. Desde el pasado 21 de diciembre, la reina de Inglaterra, aquejada por un grave resfriado que la ha mantenido recluida en su residencia de Sandringhan, cerca de Norfolk, no se ha dejado ver hasta encontrarse perfectamente recuperada.

La soberana, de 90 años, sorprendía a todos tras acudir al servicio dominical oficiado en la iglesia St Mary Magdalene. Y lo ha hecho visiblemente mejorada, luciendo un buen y saludable aspecto y acompañada por su inseparable marido el Duque de Edimburgo, zanjando de inmediato la rumorología que ha surgido durante su larga convalecencia, incluso el Palacio de Buckingham tuvo que salir al paso tras el último bulo difundido como la pólvora por las redes sociales desde un perfil falso de la BBC en la que literalmente «mataron» a la reina.
Pero nada más lejos de la realidad. Al menos es lo que parece indicarnos con su actitud. Ni la reina ha muerto ni piensa abdicar, puesto que tiene un gran sentido del deber : «El suyo no es un trabajo cualquiera, sino un trabajo para toda la vida. La promesa que hizo es muy profunda y especial, y acabará cumpliéndola hasta el día que muera», en palabras de su biógrafa, Sarah Bradford.

Según informó Buckingham Palace, Isabel II regresó a su rutina, despachando papeles oficiales y abriendo los famosos maletines rojos con documentación confidencial que le envía el gobierno de manera puntual. Pero si la reina no había muerto, ¿cómo y porqué surgió el debate sobre la posible abdicación de la reina en su nieto, el duque de Cambridge, saltándose a su propio hijo, el Príncipe de Gales?
Los errores del pasado

Todo comenzó el pasado 21 de diciembre con su traslado en helicóptero a la residencia de Sandringham y se reactivó tras su doble y sonada ausencia en las misas de Navidad y Año Nuevo, ya que era la primera vez que la reina faltaba a esos oficios religiosos, cayendo la responsabilidad y representación de Casa real en los Duques de Cambridge.
Apenas una semana después de la reclusión involuntaria de la reina, el Palacio de Kensington confirmaba la mudanza de los Duques de Cambridge de manera inmediata y de forma permanente, no sólo para aminorar la agenda de la reina, que a su edad había asistido a 332 actos oficiales durante el pasado año frente a los 148 actos a los que Guillermo y Kate asistieron, sino que su traslado servirá para que ambos incrementen su presencia en los compromisos oficiales y causas benéficas ya que el matrimonio goza del respeto y cariño del pueblo inglés. Esto facilitará a futuro la transición generacional.
Sin embargo, para la monarquía británica la abdicación suena a traición y la soberana parece tener claro que esta no es una opción, a pesar de que sus homónimos europeos se hayan decantado por ella para poder disfrutar de una jubilación. Isabel II accedió al trono inglés con tan sólo 21 años, después del fallecimiento de su padre, Jorge VI, sellando para siempre su propio destino, al declarar el día de su coronación «Toda mi vida, sea larga o corta, estará dedicada al servicio de nuestra gran familia imperial a la que pertenezco», alejando para siempre el fantasma de la traición a la corona, representada en su tío Eduardo VIII, quien renunció a sus derechos dinásticos para poder casarse con la divorciada y norteamericana Wallis Simpson.
Los 17 días que Isabel II ha estado sin dejarse ver en público, irremediablemente han reactivado la preocupación del pueblo británico por el estado de salud de la soberana ya que, a punto de cumplir los 91, siempre han gozado de una reina con una salud envidiable, siempre sonriente y siempre dedicada a servir a su pueblo. Por primera vez empiezan a preocuparse por la salud de su reina, puesto que por primera vez la han visto frágil y humana, por eso más que nunca “Good save the queen”.





¿Qué pinta Olvido Hormigos en el universo Toño? ¿Por qué la ex concejala ha estado presente en algunas de las reuniones que el manager ha celebrado con periodistas? ¿Intentan entre los dos conseguir una intervención televisiva dejando caer que entre ellos hay algo más? No nos gusta nada esta manera de buscar un plató.




































La repercusión del reality, los comentarios en la calle, las publicaciones en prensa y la aparición de Gemma Serrano cuya figura, agazapada en la sombra, trastoca los cimientos de las Campos, porque -como nosotros- desconocen sus verdaderas intenciones. Todo esto, sumado a que todavía tienen que afrontar el resto de capítulos de la segunda temporada está haciendo que la matriarca de las Campos y sus hijas hayan entrado en un bucle de desasosiego al que intentan restarle importancia pero que a la primera de cambio, como si la vida se les fuese en ello, reculan y truecan en pos del amparo. Según varios testigos, en pleno vuelo dirección Madrid, Edmundo hizo un comentario sobre las Terelu y Carmen a lo que la presentadora contestó: «¡por encima de ti están mis hijas!».










María Teresa, con cara de pocos amigos, intentaba esquivar a la prensa. Tan solo un «estamos todos muy bien, gracias» fue suficiente para que los periodistas repitieran sus preguntas. Ninguna respuesta. Tampoco por parte de Bigote que, dos pasos por detrás, intentaba mantener el control de una situación tensa, indiscutiblemente incomoda y realmente incomprensible. Y es que cuando ambos se disponían a subir por la escalera mecánica, María Teresa pedía paso entre la muchedumbre periodística: «dejadme subir», exclamaba de muy malas maneras. Tanto es así que en las imágenes a las que ha tenido acceso esta revista se observa como la Campos asesta un manotazo al micrófono de una de las reporteras para quitarle de en medio.









Lo cierto es que se desconoce la magnitud del coqueteo, aunque varios contertulianos aseguran que las conversaciones mantenidas entre el jinete y su supuesta amante son de alto voltaje: «Es un auténtico profesional», decía uno de ellos después de haber leído la fogosa charla. Una auténtica revelación de lo que realmente siente Escassi por esta mujer a la que, sin embargo, no llegó a ver: «Yo vivo en Barcelona y la verdad es que él me dijo de quedar en varias ocasiones y ahí están los mensajes, pero yo no podía desplazarme incluso comprándome él el billete como me dijo».


























