Carmen Iglesias le dio clase de Historia a Felipe VI durante casi veinte años. Y todavía hoy, cada vez que coinciden en un acto solemne, la escena se repite: él la busca, ella sonríe, y media sala se pregunta quién es esa mujer que trata al Rey con tanta familiaridad.
El último reencuentro fue el pasado lunes 26 de octubre, en la sede de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación. Felipe VI presidía el acto solemne de apertura del Curso Académico de las Reales Academias, su primera gran cita tras la operación de cataratas, y allí estaba ella: Carmen Iglesias, directora de la Real Academia de la Historia, la profesora que le enseñó a pensar históricamente.
De alumno tímido a ‘claro, ahora lo entiendo’
Nació en Madrid el 16 de marzo de 1942 y aprendió a leer con cuatro años. Lo contó ella misma en El faro de la Cadena Ser el pasado marzo: cuentos de hadas, libros de Julio Verne y un padre que la llevaba cada domingo al Prado, al Museo Romántico o al de Ciencias Sociales y después al Retiro. Él murió de un infarto cuando ella tenía diez años. ‘Los libros me salvaron’, dijo.
Su trayectoria no admite discusión: catedrática de Historia de las Ideas y Formas Políticas en la Complutense, y en la Rey Juan Carlos, académica de número de la Real Academia Española desde el año 2000 y al frente de la Real Academia de la Historia desde 2014. Más de dos centenares de publicaciones la avalan.
Pero el capítulo que aquí interesa es otro. En 1988 la Casa Real la llamó para dar clases de Historia al entonces Príncipe de Asturias. Antes había sido tutora universitaria de la infanta Cristina, entre 1984 y 1989. Lo que ninguno de los dos imaginaba es que aquellas sesiones se alargarían hasta 2005.
La anécdota merece que se repita. A los pocos días de empezar, Felipe venía de la universidad con Hobbes y Locke recién explicados. Ella subió el nivel, él se removió en la silla y soltó: ‘Claro, ahora lo entiendo’. Ahí se acabó la clase magistral y empezó otra cosa. ‘Me ha tocado la lotería con esta persona’, confesó la historiadora.
Veinte años de clases privadas y ni una sola filtración: la única materia que se impartió en aquella mesa fue la Historia.
El título de condesa que pidió no heredar
Hay un detalle que explica mejor que nada el tipo de vínculo: Juan Carlos le concedió el título de condesa de Gisbert y ella pidió que no fuera vitalicio. La razón, contada por ella misma, es de una honestidad que hoy escasea. No tiene descendientes directos y no quería que el nombre rodara por ahí sin control. Eligió Gisbert, el apellido de una abuela a la que nunca conoció.
El vínculo no se quedó en el aula. Ha acompañado a la Familia Real en momentos clave: los 18 años de la princesa Leonor y las celebraciones por el décimo aniversario de Felipe VI como Rey. Ahí es nada.
Su método cabía en tres palabras: ‘enseñar a pensar’. Nada de listas de reyes y batallas sin contexto. Ideas, por qué, para qué. Ella lo resumió así: ‘Hablábamos de cosas de historia, no de cosas personales directas’. Y añadió que siempre confió en él.
Lo que este reencuentro dice (y lo que no)
La imagen de un Rey con su profesora no es una anécdota de agenda. Es la constatación de que la formación del heredero se ha entendido siempre como algo más que protocolo: tutores, academias y docentes de verdad, de los que corrigen ejercicios y no cobran en portadas. Iglesias pertenece a esa estirpe discreta de maestros que jamás han necesitado un titular para justificar su lugar.
Compárese con el ruido de los libros sobre la Corona que se acumulan cada temporada. Aquí no hay revelación, ni filtraciones, ni guerra de versiones. Hay método. Y quizá por eso el gesto importa más de lo que parece: la escenificación del saber como prioridad institucional es un mensaje en sí mismo, y colocar a la directora de la Real Academia de la Historia en ese salón lo refuerza sin necesidad de discurso.
Lo llamativo es el calendario. El Rey reaparece en la vida pública tras una operación de cataratas y elige, de todos los actos posibles, la apertura del curso de las Reales Academias. No parece casual. La agenda oficial de la Casa Real suele funcionar así: pocas veces enseña las cartas, pero cuando ordena las prioridades, algo está diciendo.
Lo que no hay, y también es noticia: ni declaraciones, ni exclusiva, ni portada. En un ecosistema donde hasta un unfollow es acontecimiento, conviene subrayar que una relación de casi cuarenta años sin una sola filtración sigue siendo la excepción y no la norma. La próxima cita de las Reales Academias dirá si el reencuentro se repite. Yo apostaría a que sí.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 4/10. Bajo, pero con encanto: aquí no hay traición, hay complicidad y una clase de Historia que dura ya casi cuatro décadas.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Carmen Iglesias, que pasa de nombre de agencia a protagonista; pierde el clickbait, que hoy no tiene nada que morder.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Volverán a coincidir en la próxima apertura de curso y alguna revista lo llevará a sus páginas de papel cuché.







