Almudena Cid se ha sentado delante de la cámara de Salvados y ha acabado en lágrimas hablando de su cadera.
La exgimnasta, cuatro veces olímpica, repasó su carrera con Gonzo en el espacio de entrevistas de laSexta, del grupo Atresmedia, y terminó contando lo que casi nunca cuenta: que arrastra secuelas desde 2001, que el diagnóstico real le llegó en 2023 y que el año pasado pasó por el quirófano para que le colocaran una prótesis.
El deporte de élite deja secuelas y patologías de por vida, dijo. Y lo dijo sin adornos, con la voz quebrada de quien ya ha hecho las paces con la factura.
Lo que Almudena Cid contó entre lágrimas
El punto de partida no fue un entrenamiento, ni una competición, ni una mala caída. Fue una función de teatro. Tuvo que sostener a una compañera que se echaba hacia atrás, notó un sudor frío y, al bajar el telón, descubrió que apenas podía andar y que tenía un dolor muy intenso en la pierna izquierda.
El médico fue claro: labrum roto, cartílago roto, un desgarro y la articulación estaba hecha añicos. Lo sorprendente no es el diagnóstico. Es el año: 2001. Por entonces ella era deportista de élite y la rítmica estrenaba elementos corporales nuevos, esos que obligaban a subir la pierna a 180 grados y dislocarla hacia atrás otros 180.
Y ahí llega la parte incómoda. Nadie la examinó de aquel dolor. No entonces, no después. La lesión estuvo veinte años sin nombre clínico, hasta que en 2023, con 43, un especialista le dijo que aquello venía de dos décadas atrás.
Veintidós años de dolor sin nombre y el diagnóstico llega cuando el cuerpo ya ha pagado la factura entera.
Su primera reacción no fue de alivio. Fue de incredulidad absoluta: ‘¿Yo, prótesis, con 43? No’. Lo contó así, entre risas y con esa mezcla de humor y vértigo con la que se cuenta lo que aún escuece.
El cirujano, el Ferrari y el miedo a quedarse coja
La operación la firmó Nico Fiz, ‘un crack’ según ella, que le colocó una prótesis de cuatro componentes. De ahí salió la frase del día: ‘Tengo un Ferrari en mi cadera, no pita en el aeropuerto’. Un chiste bueno, del tipo que se suelta para no romper a llorar en mitad de la entrevista.
Porque miedo tuvo, y bastante. Reconoció que temía quedarse coja y que llegó a preguntar al doctor si podría volver a hacer el espagat. La noche anterior a la intervención se puso Interestelar para imaginar cómo acoplarían su cadera, igual que la nave de la película se engancha a otra. Ahí se le quebró la voz.
La recuperación, en cambio, la cuenta con orgullo. ‘Soy una persona supercomprometida con la rehabilitación’, explicó, y remató con una idea que resume su carrera entera: la vida es responsabilizarte de ti misma. Hoy asegura que nadie diría que lleva una prótesis y presume de haber vuelto a andar como antes. Para quien quiera repasar su trayectoria completa, su ficha en Wikipedia recoge los cuatro Juegos Olímpicos y su salto posterior al teatro y la escritura.
El precio de la élite: el cuerpo pasa la factura veinte años después
Aquí está la reflexión que merece la pena. La rítmica de aquella época premiaba exactamente lo que el cuerpo no está diseñado para hacer: rotaciones forzadas, amplitudes extremas, articulaciones al límite del mecanismo. Y en un deporte donde la niña empieza a los seis años y compite en la élite siendo adolescente, el seguimiento médico llega tarde, llega mal o no llega. A Cid no le llegó.
Lo llamativo no es solo el silencio de 2001, es la naturalidad con la que lo cuenta veinticinco años después. No hay reproche en su relato, hay constatación. Y ese es justo el problema: cuando la secuela se asume como parte del oficio, deja de ser una alerta y se convierte en paisaje. Su caso sirve de recordatorio para las que vienen detrás, porque el talento se mide en décimas y el desgaste se mide en años.
Tampoco conviene olvidar la otra cara. La prótesis no es el final, es el principio de otra forma de vivir. La rehabilitación ha sido su gimnasia particular y ahí la disciplina de la élite juega esta vez a favor, no en contra. El debate sobre la prevención y el control médico en los deportes de base sigue abierto, y testimonios así lo empujan más que cualquier informe. Ella ya ha hecho su parte: ponerle nombre a lo que durante dos décadas fue solo dolor. Habrá que ver si esta entrevista mueve algo más que titulares.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Sin traiciones ni carpetas, pero con lágrimas de verdad y una verdad incómoda.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Cid, que se queda con el relato; pierde la dejadez médica de 2001.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Portada de corazón a la vista y algún colaborador pidiendo protocolos en plató.







