El *rider* de un concierto es, antes que nada, un documento de trabajo: la lista que el equipo del artista envía al promotor y al recinto con lo que debe encontrar al llegar al camerino. Ahí conviven exigencias técnicas, comida, temperatura, seguridad y manías difíciles de explicar. Esta selección reúne las peticiones más llamativas de artistas españoles y el criterio es restrictivo: solo entran las que han trascendido por documentos de producción, ayuntamientos, empresarios o promotores, no las leyendas de pasillo.
El patrón que aparece no es el del lujo ostentoso. Casi nadie reclama cisnes de hielo ni velas de jazmín: aparecen agua alcalina, cero plástico, flores blancas, un espejo grande, dos camerinos separados, silencio absoluto antes de salir, toallas blancas, fruta pelada, té con miel, un humidificador o un altavoz para calentar la voz. Muchas de esas manías responden a una lógica profesional —cuidar la garganta, controlar los tiempos, evitar imprevistos—, y justo por eso resultan más reveladoras que el champán de marca.
1El camerino de Rosalía: agua alcalina, incienso y cero plástico
Ni champán ni sofás de terciopelo: lo que pide Rosalía en el camerino se parece más a la lista de un atleta que al capricho de una diva. Los documentos de producción que han trascendido de sus giras —del Motomami Tour al actual Lux— repiten un puñado de exigencias muy concretas: raíz fresca de jengibre, miel orgánica, infusiones, fruta, anacardos y frutos secos ecológicos, chocolate negro salado, refrescos con sales minerales, un número exacto de botellas de agua, toallas de colores, pantuflas y un espejo de cuerpo entero. En su concierto de Córdoba de 2019, el contrato municipal detallaba que para cenar solo pedían pizzas, y aun así el despliegue no era menor: alrededor de 60 personas, dos autobuses y dos tráileres de 26 toneladas cada uno.
A esa liturgia le falta el olor. El incienso no figura en los riders que se conocen, pero se ha convertido en marca de la casa del Lux Tour: estrenado el 16 de marzo de 2026 en Lyon y con 57 fechas previstas hasta septiembre, el espectáculo incluye un cubo gigante que funciona como botafumeiro y descarga humo sobre el escenario, hasta el punto de inundar el Movistar Arena de Madrid. Del agua alcalina y del ‘cero plástico’ que circulan en las listas de extravagancias no hay rastro en la documentación publicada: los documentos hablan de botellines individuales de agua, sin más precisiones sobre el envase. Lo comprobable es un control casi clínico de lo que entra en su camerino, el mismo celo que la llevó a suspender en Milán, el 25 de marzo de 2026, por una intoxicación alimentaria y a salir del recinto en ambulancia.







