La presión mediática del caso Noós acabó con el prestigio de la Familia Real y con la imagen pública (y casi con la salud) de la infanta Cristina. Tanto ella como su numerosa familia dejaron atrás el pasado y se trasladaron a otro país: Suiza, tras haber vivido en Washington durante unos años momentos antes de que saltasen las alarmas.
En estos días, la infanta Cristina se encuentra totalmente sola, alejada de su familia. Solo la visita su madre, su hermana y sus sobrinos. Su hermano Felipe, el rey de España, no le dirige la palabra. Hubo un día en que todo cambió entre ellos.
Felipe y Urdangarin, enemigos públicos
La fama de Letizia como causante de la ruptura de la relación del rey con su hermana no es tan real como parece. Aunque muchos medios hablen de algunos roces entre ellos, provocados dentro de una familia normal, hay otros elementos ocultos. El rey Felipe siempre ha estado preparado para asumir su cargo con responsabilidad.
Uno de los momentos más tensos en la relación familiar tuvo lugar cuando Felipe e Iñaki tuvieron una discusión de órdago. El rey no veía con buenos ojos el ritmo de vida de su cuñado, que además, llamaba la atención de pueblo y prensa. Demasiados excesos para un miembro consorte de la Familia Real, trabajando exclusivamente en una fundación sin ánimo de lucro.
Un 40 cumpleaños muy (in)tenso
En el 40 cumpleaños del exduque de Palma, el marido de la infanta disfrutó de una multitudinaria fiesta. En 2008, años antes de que se hiciera famoso por defraudar varios millones a través de contactos desde su fundación, Iñaki y Cristina vivían como auténticos reyes: no había ningún obstáculo en su camino.
En el palacete de Pedralbes de los duques, valorado en 9 millones de euros, todo eran risas y alegría. El Rey y su mujer veían con horror la manera en qué gastaban el dinero, unos euros que parecían caídos del cielo. El sueldo de la infanta en la Caixa y el de su marido en una fundación parecía estirarse demasiado.
Juan Carlos quería a su yerno
El libro de los periodistas Esteban Urraiztieta y Eduardo Inda habla directamente de los contactos directos entre el Rey y su yerno. Juan Carlos se traza como conocedor de la trama que el marido de su hija llevaba a cavo. Tal vez no era consciente de la magnitud de sus actos en ese momento, pero fue el propio Emérito quien invitó a su hija y su marido a marcharse a vivir a Washington por lo que pudiera pasar. Y pasó.
Juan Carlos pensaba que ayudaba a su yerno a conocer a personas importantes. Se reunieron los dos con Camps y Barberà en su día. Aquellas cenas informales, fueron aprovechadas por Urdangarín para empezar una trama de fraudes que acabaría salpicando a la casa que le había dado de comer.
Presidente del COI
La vida de Urdangarín está muy relacionada con el deporte profesional. Quería seguir implicado de alguna forma, pero tenía muchos puntos en contra. Entre ellos que era el marido de la hija del rey de España. Si hubiera sido designado parecería un trato de favor por parte del comité.
Urdangarín hizo un vídeo para agradecer al pueblo español su apoyo en los momentos en que estaban viviendo. Lo tenía todo preparado por si llegaba ese día que nunca llegó, ni parece que llegará. Unas aspiraciones que estaban lejos de la realidad que le rodeaba y de la que se ha visto obligado a desaparecer.
Letizia, la justiciera
Según apuntan algunas voces, Urdangarín señalaría a Letizia como culpable de todo lo que está pasando. Su labor de periodista en la Casa Real ha sido la que ha propiciado su procesamiento. Una mujer que ha tenido una carrera profesional vinculada a transmitir la verdad desde las cadenas de televisión e informar con imparcialidad. Finalmente se descubrió que no era así.
Puede que su figura haya sido clave, pero desde luego su implicación en este caso es nula. La investigación que destapó la trama Urdangarín se ha revelado recientemente en una conversación entre la escritora Pilar Urbano y el juez José Castro:
«Por casualidad, completamente. La Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal (UDEF) y la Unidad Central Operativa de la Guardia Civil (UCO) estaban terminando un registro relacionado con la empresa de comunicación Nimbus cuando dos agentes, en un archivo metálico, encuentran algo. De los cuatro cajones, los tres primeros estaban cerrados, pero el cuarto no cerraba del todo. Al tirar, encontraron oculto, detrás, un dossier verde, una carpetilla, donde pone “Govern de les Illes Balears” y dentro, en un par de folios, el nombre de Diego Torres. Allí estaban el fiscal Horrach y el juez Castro, comiendo un bocata y una cerveza. En principio, al juez aquello de Nóos le sonó a algo de enseñanza oriental, por el nombre. Pero esos policías, que llevaban tiempo destinados en Palma, sabían que Diego Torres era quien hacía negocios con Urdangarin: “¡A ver si hemos dado con el yerno del rey!”. Así arranca todo el caso», publica ‘El Español‘.
El anillo de pedida de Letizia
Dicen los investigadores del caso Noós que el bueno de Felipe encargó a su hermana Cristina la tarea de recoger un anillo para su futura esposa. Cristina envió a su marido a la joyería Suárez de Barcelona, ella estaba en cama con una gripe monumental y con 39 grados de fiebre. Iñaki acepto el encargó.
Cuando llegó a la joyería le estaban esperando, el príncipe quería pagar el anillo, pero Urdangarín sacó una de sus tarjetas de la caja B de la fundación. Por suerte Felipe se adelantó y ya había dado la orden de pagarlo de su propio dinero. De otra manera el anillo de pedida de la Reina formaría parte de la investigación judicial.
Iñaki pedía dinero al Rey
Una de las broncas más significabas de la Familia Real Española tuvo lugar por cuestiones de dinero. Los duques de Palma tenían alguna dificultad al iniciarse el proceso para seguir llevando su lujoso estilo de vida, por lo que no dudaron en ir a pedir un poco de dinero a su familia.
Le pidieron al rey nada menos que 20.000 euros al mes para pagar su palacio de Pedralbes. El rey evidentemente se negó, su presupuesto real no está preparado para este tipo de contingencias. Felipe fue directo y sincero: “Si no podías pagártelo, no habértelo comprado”. Y con esta frase lapidaria pusieron punto y final a su relación, Felipe no abriría la puerta a su hermana.