Jessica Goicoechea y Ester Expósito están en guerra abierta y el campo de batalla es Instagram. Una publicó su enfado con lo que pasa en Barcelona; la otra, según han señalado varios medios, le dio al ‘me gusta’ en un vídeo que la llama racista.
El post de Goicoechea que encendió la mecha
La modelo no se anduvo con rodeos. En su cuenta escribió que está ‘hasta los ovarios’ de la situación y calificó lo ocurrido en la ciudad como ‘una auténtica vergüenza: una panda de delincuentes y sinvergüenzas arrasando la calle’.
Después llegó el inventario: ‘Quemando coches, reventando escaparates, robando todo lo que pillan y aterrorizando a los vecinos’. Y el remate: ‘¿Y a esto lo llaman protesta? Esto es pura delincuencia, amego’.
Ahí estaba la palabra. El término ‘amego’ funciona como jerga despectiva en el entorno digital, usada de forma burlona para referirse a personas de origen magrebí o a inmigrantes en situación irregular, tal y como recoge La Vanguardia. Con ese cierre, la conversación dejó de ir de seguridad ciudadana.
Y arrancó el otro lío: la etiqueta de racista, las acusaciones cruzadas y una parte de su comunidad defendiendo su derecho a opinar sobre los altercados.
El ‘me gusta’ de Ester Expósito
Miguel García, influencer y activista gallego, publicó un vídeo en el que tilda a la modelo de ‘racista e inepta’. Según han apuntado varios medios, Ester Expósito respaldó ese vídeo con un ‘me gusta’: un gesto mínimo, barato de ejecutar y carísimo de explicar después.
Un ‘me gusta’ no es un discurso, pero en esta guerra de creadoras funciona como posicionamiento público y casi como firma.
Ester no ha escrito ni una línea. Goicoechea tampoco. Silencio por los dos lados, que en el ecosistema de las redes se traduce en algo muy concreto: el fuego lo mantienen encendido los seguidores de cada casa.
Porque esto ya no va de lo que ocurrió en Barcelona. Va de quién se atreve a decir qué, cuánto cuesta decirlo y quién paga la factura. La mayoría de los mensajes apunta en una sola dirección: el problema no es el cabreo, es la palabra elegida para contarlo.
Dos creadoras, un algoritmo y la política como campo de minas
Conviene separar dos cosas que en redes van siempre pegadas: la opinión sobre la inseguridad y el vocabulario con el que se expresa. Goicoechea tiene todo el derecho del mundo a estar harta de ver escaparates rotos en su ciudad. El problema no fue el enfado. Fue el cierre del mensaje. Ese ‘amego’ transforma una queja vecinal en un mensaje identitario y le regala la etiqueta a quien solo buscaba una excusa para colgársela.
Del otro lado, la jugada de Ester Expósito es de manual: cero exposición y todo el recado. En una guerra entre influencers, el gesto pequeño se lleva la portada y no exige rueda de prensa. Lo he visto repetirse mil veces: nadie quiere ser el primero en hablar, todos quieren ser el primero en insinuar. Y mientras, las marcas que viven de estas dos cuentas miran la temperatura del perfil y rezan en silencio.
Queda el detalle más incómodo. La conversación pública sobre un barrio roto ha terminado convertida en un pulso de likes entre dos creadoras con millones de seguidores. El ruido tapa el fondo y el algoritmo aplaude encantado. Si alguna de las dos rompe el silencio, será a medianoche, en stories y con la fórmula mágica de ‘aclarar las cosas’ sin aclarar absolutamente nada.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 8/10. Fuego cruzado, palabra maldita y dos comunidades mirándose de reojo: salseo con fondo serio.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Miguel García en visibilidad y pierde Goicoechea en imagen comercial; Ester juega a no perder.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Habrá aclaración en stories antes de que acabe la semana y ninguna de las dos dará nombres en televisión.







