Los Bazaar Women of the Year volvieron al Callao con lentejuelas, transparencias y un cartel de invitadas que dio de qué hablar.
La quinta edición de los premios que Harper’s Bazaar España dedica al talento femenino reunió en la Plaza de Callao a Iman, Clara Galle, Nathy Peluso, Victoria Luengo, Naty Abascal y Esther Cañadas. A ellas se sumaron Kim Cattrall, Karen Elson, Farida Khelfa y J.J. Martin en una noche planteada como celebración de la valentía, la resiliencia y el compromiso, según recoge Diez Minutos.
Quién pisó la alfombra del Callao
El photocall se montó a pie de calle y eso cambió las reglas del juego. Las invitadas llegaron con público, aplausos y móviles en alto, un formato que empuja a las celebrities a entregarse más de lo habitual. No hubo pose de despacho: hubo saludo, giro y conversación con la grada.
Clara Galle y Victoria Luengo representaron la hornada joven de la interpretación; Nathy Peluso puso el punto musical y Naty Abascal el sello de la casa, ese que lleva décadas dictando cómo se entra en una alfombra sin pedir permiso. Esther Cañadas completó la foto española junto a Iman.
Los cuatro recursos que se repitieron en el photocall
Transparencias. Hubo más de las que un ojo entrenado espera en una noche de octubre, con tejidos que juegan a enseñar sin enseñar del todo. Es el recurso más agradecido en foto y el más difícil de sostener en directo, porque cualquier movimiento mal calculado rompe el efecto.
Trajes sastres. El traje volvió a ser el comodín de las que no quieren depender del flash, con cortes rectos, hombro marcado, y ese aire de oficina que en una alfombra se lee como declaración de intenciones. Los volantes aparecieron en el extremo opuesto, en vestidos con movimiento que se lucen caminando y se arruinan posando.
La alfombra del Callao no premia el vestido más caro, premia el que se sostiene cuando el público está a un metro y la cámara no perdona.
Y lentejuelas, muchas, con escotes asimétricos y brillos que en un photocall al aire libre funcionan mejor de noche que a las siete de la tarde. Un detalle de luz que más de una agradecería haber calculado antes de salir del coche.
De la alfombra al escaparate: lo que dice esta noche sobre la moda española
Cinco ediciones dan para mucho, y lo que ha cambiado no es el nivel de los vestidos: es el estatus del acto. Lo que nació como una entrega de premios con photocall se ha convertido en una de las alfombras con más ruido mediático del otoño madrileño, y eso explica que las invitadas ya no vengan solo a recoger un trofeo, vengan a instalarse en el imaginario de la temporada.
La comparación con otras citas del calendario es inevitable. En los grandes premios del cine manda la etiqueta y el protocolo; aquí manda el criterio personal, y esa libertad es la que permite ver un sastre a las ocho y un vestido de lentejuelas a las ocho y cinco sin que nadie parpadee. También es la que provoca los únicos tropiezos de la noche: oversizing mal calibrado, brillos que compiten entre sí y algún estilismo que pedía una segunda opinión antes de salir de casa.
Aun así, el balance es el que es. La mezcla de generaciones —de Naty Abascal a Clara Galle— funciona porque cada una ocupa un registro distinto sin pisarse, y el resultado se lee como lo que es: una foto coral en la que la moda española se enseña a sí misma sin pedir permiso a nadie. La pregunta ya no es quién vestía mejor, sino quién entiende que este tipo de noches se ganan en los detalles que casi nadie fotografía. Y ahí, el Callao volvió a dar la lección.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Salseo de pasarela: mucho brillo y cero traiciones, pero ojo a las comparaciones del lunes.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana la mezcla generacional de invitadas; pierde quien confundió lentejuela con exceso y se comió la foto.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: En dos semanas toca reportaje de moda con los looks mejor valorados. Y alguna invitada pedirá repetir.







