Laura Matamoros ha tenido que enfrentarse durante las últimas semanas a un inesperado problema de salud que ella misma ha relacionado con un tratamiento estético al que se sometió hace aproximadamente un año. La influencer, hija de Kiko Matamoros y Marián Flores, ha compartido con sus seguidores el complicado proceso que está atravesando después de sufrir una importante reacción inflamatoria en el rostro.
Laura Matamoros tiene un nuevo problema

Los retoques estéticos forman parte cada vez más habitual de las rutinas de muchas personas que buscan mejorar o mantener su aspecto. Sin embargo, incluso los procedimientos considerados poco invasivos pueden provocar efectos secundarios, algunos de ellos de aparición tardía. Es precisamente lo que Laura Matamoros asegura haber experimentado.
La influencer, que roza el millón de seguidores en Instagram, ha explicado que hace un año decidió someterse a un tratamiento facial basado en la inyección de polinucleótidos, unas moléculas de origen natural que se utilizan como bioestimuladores para favorecer la regeneración de la piel. En su caso, el procedimiento transcurrió inicialmente con normalidad y no presentó complicaciones inmediatas.
Sin embargo, pasado el tiempo, su organismo comenzó a reaccionar de una manera que, según ha relatado, llegó a preocuparla seriamente. La inflamación llegó a extenderse desde el paladar hasta la cabeza, provocándole una sensación de presión y dolor muy intensa. «De que iba a explotar», ha explicado al describir cómo se sentía durante los episodios de mayor hinchazón.
El problema se prolongó durante semanas y obligó a Laura Matamoros a acudir en varias ocasiones a los servicios médicos. «Llevo un mes de médicos, de medicación», ha contado la influencer, que ha explicado que durante este tiempo ha recibido tratamiento con corticoides, antibióticos y diuréticos para intentar controlar la inflamación.
La situación, además, estuvo acompañada de una importante incertidumbre. Laura ha reconocido que no entendía qué estaba ocurriendo y que llegó a vivir con preocupación cada nueva jornada. «No os imagináis mis días en urgencias, mi cara y mi preocupación, porque cada día que me levanto es una puñetera lotería», ha confesado.
Finalmente, según su propio relato, un médico especialista consiguió identificar el origen del problema. La explicación habría estado relacionada con el tratamiento estético al que se había sometido un año antes, algo que la propia Laura reconoce que jamás habría imaginado cuando decidió realizarse las infiltraciones.
Los polinucleótidos se han popularizado en los últimos años dentro de la medicina estética por su utilización como tratamiento bioestimulador de la piel. Se trata de fragmentos de ADN, habitualmente procedentes de salmónidos como el salmón o la trucha, que se emplean con el objetivo de favorecer determinados procesos de regeneración cutánea y estimular la producción de sustancias como el colágeno y la elastina.
El procedimiento se realiza mediante pequeñas microinyecciones en zonas como el rostro, el cuello o el escote. Habitualmente se plantean varias sesiones, separadas en el tiempo, para conseguir los resultados buscados. Su coste depende de la clínica, la zona tratada y el producto empleado, aunque el precio medio de una sesión puede situarse aproximadamente entre los 250 y los 450 euros.
Laura Matamoros ha aprendido la lección

A pesar de que estos tratamientos presentan un carácter poco invasivo y suelen considerarse de buena tolerancia, no están completamente libres de riesgos. Entre las reacciones más habituales después de las inyecciones pueden encontrarse pequeños hematomas, enrojecimiento o edema, normalmente transitorios.
La experiencia de Laura Matamoros pone el foco, sin embargo, en una posibilidad mucho menos frecuente: las reacciones tardías. Algunas complicaciones pueden aparecer tiempo después de la aplicación y estar relacionadas con procesos inflamatorios, infecciones secundarias, granulomas o fenómenos de hipersensibilidad retardada.
Precisamente por ello, la influencer ha querido aprovechar su experiencia para lanzar un mensaje de advertencia a quienes estén pensando en someterse a tratamientos similares. Su intención no es cuestionar que otras personas recurran a la medicina estética, pero sí recordar que cualquier intervención puede tener consecuencias que conviene conocer antes de tomar una decisión.
«Haz lo que quieras con tu cuerpo, pero mucho cuidado», ha recomendado a sus seguidores. Laura también ha dejado claro cuál es su decisión después de lo ocurrido: «Esto no me lo vuelvo a pinchar».
Su caso vuelve así a poner sobre la mesa la importancia de informarse adecuadamente antes de someterse a un tratamiento estético, conocer sus posibles efectos adversos y acudir siempre a profesionales cualificados. Una precaución especialmente relevante cuando, como demuestra la experiencia de Laura, una reacción no tiene por qué aparecer inmediatamente después de un procedimiento.











