El Emérito está que no para. Mañana, miércoles, aterrizará en Vigo para su tercera visita a España en lo que va de año y la segunda a Sanxenxo en apenas un mes. La excusa, otra vez, es la vela; el contexto, ese runrún que cada vez suena más a petición oficial: ¿volverá o no volverá?
Una visita exprés con el Bribón como excusa
Según ha podido saber esta redacción a través de LOC, Don Juan Carlos llega procedente de Portugal, donde ha aprovechado para saludar a viejos amigos de la época de Estoril. Se alojará, como siempre, en casa del empresario Pedro Campos, su anfitrión de cabecera en las Rías Baixas, y a partir del viernes 19 se pondrá al timón del Bribón en la Liga Española de 6 Metros que arranca en el Real Club Náutico de Sanxenxo.
El plan es calcado al de mayo, cuando el barco se proclamó campeón del Trofeo Xacobeo, y casi una copia del abril sevillano, con toros y ovaciones incluidas. El Rey Juan Carlos se ha montado una gira veraniega en toda regla: después de Galicia, Ginebra. El lago Lemán acoge en julio el Campeonato de Europa de la Clase 6 metros y el Bribón lleva meses preparándose. Así, el emérito se garantiza varias semanas lejos del infierno térmico del golfo Pérsico y de una zona aún en pie de guerra desde que EE.UU. e Israel abrieron hostilidades con Irán a finales de febrero.
El factor Feijóo y las ganas de volver
La tercera visita en seis meses no es solo cuestión de deporte. A finales de febrero, el líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, pidió abiertamente que se facilitara el regreso del emérito tras la desclasificación de los documentos del 23-F. Zarzuela respondió que la decisión depende “exclusivamente” de Don Juan Carlos, pero el gesto político dejó claro que el regreso está sobre la mesa.
Especialmente el empresario Pedro Campos, en cuya casa suele alojarse, ejerce de anfitrión discreto mientras la prensa rosa y la política se cruzan miradas. La visita de abril a la Maestranza, con una ovación cerrada, fue un termómetro de popularidad que el emérito, acostumbrado a los silencios de palacio, agradeció como un subidón de moral —según relató este medio en su día—. Ahora repite en Sanxenxo y todo apunta a que el verano lo pasará orbitando entre Suiza y la península, cada vez más cerca de la familia que dejó atrás.
El Rey Emérito se ha montado una gira veraniega que le permite estar cerca de los suyos sin pisar Zarzuela.
Ginebra en el horizonte: ¿estrategia estival o guiño a la familia?
El patrón no oculta su hoja de ruta: Sanxenxo, Ginebra y, previsiblemente, algún que otro guiño familiar antes de que acabe el estío. El Bribón lleva meses preparando el Europeo y el emérito no suelta el timón; la vela se ha convertido en su pasaporte a una normalidad que en España sigue siendo esquiva. Coincidencias, las justas: el calendario le permite coincidir con la infanta Elena —como ya ocurrió en abril— y, si los astros se alinean, con más miembros de la familia que no aparecen en la agenda oficial.
Yo creo que no es casual. Después de la ovación en la Maestranza y del discreto apoyo de Feijóo, el emérito está midiendo el terreno. Zarzuela insiste en que la vuelta es decisión suya, pero cada visita a España, cada regata, cada foto entre amigos con olor a salitre, alimenta la narrativa de un regreso que, más que un sí o un no, parece un ‘cuándo’.
Habrá que ver cómo termina el verano. Si el Bribón gana en Ginebra, la foto será heroica; si no, el emérito siempre puede consolarse con otro fin de semana en Sanxenxo. Porque a las Rías Baixas, Don Juan Carlos no falla.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. No hay bronca, pero cada visita reaviva el debate del regreso.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana el emérito, que se da un baño de cariño popular; pierde Zarzuela, que tiene que volver a recordar que “la decisión es suya”.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Tras Ginebra, si saca medalla, tendremos foto con algún familiar en modo off the record. Y, si no, otra visita a Sanxenxo antes de que acabe el año.







