En su entrevista más íntima para Harper’s Bazaar, Natalie Portman desmonta el personaje de actriz hierática que arrastra desde Cisne negro.
La cita no transcurre en un hotel de lujo ni en un estudio de Los Ángeles. Transcurre una mañana de mediados de junio en la rue Debelleyme, en el Marais parisino, con Portman apoyada contra una pared, un vestido camisero negro que se abre sobre el vientre del embarazo y un bolso tote de la maison Dior al brazo. La calle está vacía y no hay un solo paparazzi. Nadie la reconoce. Es exactamente lo que fue a buscar.
El personaje que Portman llevaba años queriendo interpretar
The Gallerist llega a las salas el 4 de diciembre, y no es un drama. Es una sátira del mercado del arte con Jenna Ortega, Catherine Zeta-Jones, Da’Vine Joy Randolph, Sterling K. Brown y Zach Galifianakis, dirigida por Cathy Yan. Portman interpreta a Polina Polinski, galerista de melena platino, nervios de hámster y uniforme negro de galleria, metida en un enredo que arranca en Art Basel Miami Beach y que consiste en provocar una guerra de pujas por un cadáver: el de Galifianakis.
El mecanismo de la trama —la obra escondida en un puerto franco, ese limbo fiscal donde el 0,001% guarda su fortuna en forma de lienzos— le costó. ‘Estoy acostumbrada a entrar en un museo, ver arte y disfrutarlo, y que esa sea la transacción’, explica. ‘El arte convertido en una barra de oro que se comercia, se almacena y no ve nadie era salvaje a nivel emocional’.
La directora describe el rodaje con una anécdota doméstica: ‘Es vegana, tiene tres perros y en su casa de París hay pelo de perro por todas partes. Es profundamente humana’. Y añade el detalle técnico que más la divirtió: las uñas imposibles de su personaje, que se caían una a una cada jornada. Sobre la mesa queda la sensación de que Portman, por fin, se permite el camp.
Ha tardado veinte años en corregir una lectura ajena: la de que una actriz seria no puede ser, además, la más divertida de la sala.
El relato de su carrera, tal y como ella lo cuenta, va por fases. La larga fase Lolita, con Léon: The Professional rodada en París a los doce años y con su madre —pintora— llevándola cada fin de semana al museo Rodin. La chica que ayuda al protagonista a conectar con sus emociones, de Garden State a Closer. Y el ciclo de prestigio que abrió el papel que le valió el Oscar en Cisne negro y que llegó hasta Jackie y May December.
París, un tercer bebé y la alegría como decisión
La ciudad no es solo decorado. En 2024 se separó del coreógrafo Benjamin Millepied después de once años de matrimonio; el padre de su tercer hijo es el músico y productor electrónico Tanguy Destable. El bebé llegó a finales de agosto, y el embarazo se siguió con una curiosidad que, según cuenta, en Francia no se estila: ‘Cuando estaba embarazada en Nueva York y en Los Ángeles me seguían veinte hombres cada día. Aquí me dejan casi completamente en paz’.
Semanas después del parto describe el estado en que se encuentra: ‘Llena de asombro y alegría ante este pequeño ser mágico’. El nacimiento, dice, le ha devuelto la mirada hacia los dos hijos mayores, a los que recuerda como criaturas recientísimas que de pronto tienen criterio propio y sentido del humor. Y de ahí sale su tesis del año: ‘La mayor contribución que puede hacer un artista ahora mismo es entregar algo de alegría’.
De Cisne negro a The Gallerist: por qué el giro cómico no es una anomalía
Hollywood tiene un patrón para estas cosas. Charlize Theron ganó el Oscar con Monster y pasó media década buscando la comedia que la limpiara del personaje; Nicole Kidman hizo algo parecido después de Big Little Lies. Cuando una actriz conquista la estatuilla con un rol oscuro, y de sufrimiento, el mercado la condena a repetirlo, y el único modo de escapar del mármol es reírse en pantalla. Portman lo intentó en 2011 con Sin compromiso, una comedia romántica que la crítica despachó con desdén y que hoy se lee como un ensayo. La diferencia, quince años después, es que ahora no necesita reivindicarse: produce sus propias películas, elige el registro y no debe explicación a nadie.
No es casualidad que la entrevista ocurra en una galería —la exposición de Joan Snyder en la sede parisina de Thaddaeus Ropac— y no en un plató. El giro cómico no es una anomalía, es una estrategia de alguien que tiene 45 años y más de tres décadas delante de una cámara. En 2024, un vídeo viral la retrató intercambiando halagos con Rihanna a la salida de un desfile de Dior: la cantante la llamó una de las mujeres más atractivas de Hollywood, para siempre, y Portman contestó que se iba a desmayar. Queda el estreno del 4 de diciembre, la temporada de premios que vendrá después y una pregunta razonable: si la comedia le sienta así, cuánto tardará en repetir.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: El giro desmonta una fama de actriz hierática y la recoloca como intérprete cómica y productora con criterio propio.
- 💎 El detalle de lujo: El vestido camisero negro y el tote de Dior componen un look de calle deliberadamente sin producción, rodado en el Marais.
- 🗣️ El entorno cuenta: Cathy Yan habla de pelo de perro y cenas en casa; Jenna Ortega, de una maestra que le enseña a ocupar su espacio.







