Rosa Belmonte: «El Ozempic está haciendo más poderosas a algunas mujeres que el feminismo»

La periodista lanza la frase durante la presentación de 'Corazón de Sílex', la nueva novela de la saga de Socorro Núñez que firma con Emilia Landaluce. Defiende un feminismo sin hegemonías y avisa: la palabra también se desgasta.

Rosa Belmonte ha soltado la frase del mes: «El Ozempic está haciendo más poderosas a algunas mujeres que el feminismo».

La dijo Rosa Belmonte, veterana columnista de televisión, en la conversación que LOC publica este viernes con motivo de Corazón de Sílex, la tercera entrega de la saga de Socorro Núñez que firma a cuatro manos con Emilia Landaluce. Y la dijo sin aspavientos, como quien comenta que va a llover.

El titular corrió solo. Media España discutiendo si la periodista ha bendecido la pastilla de moda o si, más bien, ha firmado el retrato de una derrota. Las dos cosas, probablemente.

Y ojo, porque no era una defensa del fármaco, era una lectura del poder: quien adelgaza deja de pedir permiso para ocupar sitio.

El Ozempic como ascensor social

Belmonte venía de hablar de Susan Sarandon, que en los ochenta prefería el término humanista cuando el feminismo era «considerado un reducto de zorras estridentes». De ahí a la báscula había un paso y lo dio con la elegancia de quien no necesita gritar para que se le oiga.

La frase, leída entera, es menos provocadora de lo que parece y bastante más incómoda de lo que gustaría: las mujeres siguen teniendo una relación complicada con el feminismo y, desde hace un par de años, también con el espejo. Que el Ozempic —el nombre comercial de un fármaco cuya sustancia activa es la semaglutida— haya pasado de la consulta a la sobremesa dice bastante del momento.

El feminismo cambió las leyes; el Ozempic, de momento, está cambiando las miradas en la sala de espera.

Un feminismo que no se pase de frenada

Conviene aclarar algo antes de que alguien sentencie en el grupo de wasap: Belmonte no reniega del feminismo, lo defiende con la puerta abierta. «Una mujer que no quiera tener los mismos derechos que un hombre, cobrar lo mismo o más y tener ayudas por la maternidad no puede ser una mujer en sus cabales», sostiene en la entrevista.

Lo que le sobra es la pretensión de hegemonía. «Todas somos feministas», apunta, y remata con la cita de Paglia según la cual, si todo es machismo, nada es machismo. Trasladado a su terreno: si todo es feminismo, la palabra deja de significar algo y se convierte en etiqueta que cada cual estira hasta donde le conviene.

Ahí está el salseo intelectual del fin de semana. La mitad de los lectores leerá la frase del Ozempic como una provocación de sobremesa; la otra mitad, como el diagnóstico lúcido de una época que premia la talla 36 antes que el currículum. Yo me quedo con la segunda, aunque la primera dé más titulares.

De la pastilla a las trad wives: la novela es otra cosa

Porque el problema de la frase viral es que tapa el contenido real de Corazón de Sílex. La novela lleva a Socorro Núñez a La Sologne, cerca del Loira, y por el camino aparecen la sumisión química, el caso de Gisèle Pelicot, la Transición, las denuncias falsas, y las que no se llegan a poner. Un cóctel que, contado por dos periodistas de sucesos, suena a plató de true crime y a hemeroteca.

El dato que sostiene la trama no es menor: solo se denuncia alrededor del 10% de los delitos sexuales, según el catedrático Tamarit. Con esa brecha entre lo que pasa y lo que se cuenta, la ocurrencia del Ozempic queda en anécdota ingeniosa y la novela se queda con el hueso.

Y sí, hay un precedente que explica el ruido. Cada vez que una mujer con altavoz cuestiona el relato oficial, cada etiqueta que arrasa en TikTok parte la conversación en dos en menos de veinte minutos. Pasó con las trad wives, ese fenómeno que Belmonte despacha como «un momento, una tontería», y pasará con la próxima moda que aterrice. La diferencia es que aquí hay trescientas páginas detrás, no un vídeo de quince segundos.

Habrá quien solo recuerde el titular. Allá cada cual. Pero la pregunta que deja Belmonte no es si el Ozempic es feminista o antifeminista, sino por qué una inyección semanal puede cambiar la forma en que una mujer se planta en una reunión. Ahí, y no en la disputa de siempre, está el tema del año.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Sin cuernos ni carpetas, pero este titular mueve más grupos de wasap que una exclusiva de boda.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana la novela, que sale del anonimato de la mesa de novedades; pierde el matiz, enterrado bajo el clip de la frase.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Columna de respuesta antes del martes y dos tuits citándose mal, seguro.