Silvia Bronchalo ha reaparecido en televisión con una entrevista cargada de reproches, dolor y confesiones personales. La madre de Daniel Sancho ha explicado por qué lleva meses sin hablar con su hijo y ha relatado algunos de los episodios más difíciles que ha vivido desde que el joven fue detenido en Tailandia por el asesinato de Edwin Arrieta. Una intervención en la que también ha arremetido contra determinados medios de comunicación y ha denunciado la publicación de unas conversaciones privadas.
2Las sombras de Daniel Sancho
La influencia de los abuelos paternos en la vida de Daniel también ha salido a relucir. Bronchalo ha asegurado que su abuela tenía una gran capacidad de decisión sobre el joven y que su abuelo llegó a dejarle una tarjeta de crédito cuando tenía apenas doce años. Una situación que, según su versión, contribuyó a que ella se sintiera cada vez más apartada de su hijo.
También ha querido aclarar las circunstancias del intento de suicidio al que Rodolfo Sancho hizo referencia durante el juicio. Silvia ha confirmado que existió un episodio, aunque ha precisado que fue uno y no dos. Además, ha negado que Daniel presenciara directamente lo ocurrido. Según su testimonio, lo bajaron para que pudiera verla y el director médico del Samur tuvo que intervenir para pedir que sacaran al niño de allí.
Otro de los asuntos centrales de la entrevista ha sido la polémica por los audios publicados. Bronchalo sostiene que las grabaciones están «troceadas y editadísimas» y que nadie le comunicó previamente que fueran a difundirse. Insiste en que pertenecían a una conversación privada y que su publicación ha tenido consecuencias personales y profesionales para ella.
La madre de Daniel ha anunciado que ha presentado una denuncia contra el periódico, contra la persona que publicó las grabaciones y contra su director. También ha explicado que un perito judicial informático ha revisado sus teléfonos y que ha detectado la desaparición de sus correos electrónicos correspondientes al periodo comprendido entre el 30 de julio y el 9 de febrero de 2024. Por este motivo, no descarta que sus dispositivos o cuentas pudieran haber sido objeto de un hackeo.
En su relato también ha aparecido Alice, a quien identifica como representante jurídica de la defensa ante la corte tailandesa. Bronchalo ha asegurado que esta persona le pidió 25.000 euros en efectivo a las puertas de la prisión de Samui. Tras consultar con la embajada y con abogados penalistas tanto en España como en Tailandia, asegura que le trasladaron que esa cantidad no respondía a ningún procedimiento de fianza. «Estoy convencida de que el dinero no era para una fianza», ha afirmado.
Sobre la personalidad de su hijo, Silvia ha realizado una de las declaraciones más contundentes de toda la conversación. «Le falta mucha empatía», ha reconocido, al tiempo que ha expresado sus dudas sobre el estado psicológico del joven. También ha dejado caer que pudo producirse algún episodio anterior entre Daniel y Edwin Arrieta que habría tenido consecuencias en el comportamiento de su hijo, aunque ha insistido en que se trata de una intuición y que no puede confirmar lo sucedido.
Entre las palabras que más le han marcado ha recordado una frase dirigida a ella: «Ojalá te hubiera llamado mamá, y esto no hubiera pasado». Una expresión que refleja el peso emocional que arrastra y la complejidad de la relación que mantiene con Daniel desde que estalló el caso.
En cuanto a la familia de Edwin Arrieta, Bronchalo ha vuelto a mostrar su pesar. «No tengo palabras para esa madre», ha expresado, asegurando que se siente en deuda con los allegados del cirujano. También ha relatado que intentó realizar el pago de la indemnización a través del abogado Ospina, de madre a madre y sin intermediarios en Tailandia, aunque la respuesta que recibió le resultó extraña.
La entrevista ha terminado dejando una imagen de una madre profundamente afectada por todo lo ocurrido y que, pese a la distancia actual con su hijo, sigue pendiente de su futuro. Silvia Bronchalo desea que Daniel reciba tratamiento psicológico, porque considera que su estado mental no es bueno. Una petición que llega después de tres años marcados por el proceso judicial, la repercusión mediática y una ruptura familiar cuyas consecuencias siguen muy presentes.







