Rosario y Lolita Flores han comido en Madrid con sus hijos y, de paso, han dejado el álbum familiar al día.
Cuatro horas de mantel, besos y abrazos a la salida de un restaurante de la capital. Ellas, coordinadas en rojo y negro, como si se hubieran llamado antes de salir de casa. Ellos, dos primos que se llevan doce años y comparten el mismo vicio: la música.
Las hermanas tenían un hueco en la agenda y lo gastaron en lo único que de verdad les importa: una mesa con Pedro Antonio Lazaga y Guillermo Furiase. El mayor tiene 32 años; el pequeño, 20. A la salida, despedida sin prisa y un paseo posterior por la ciudad con ese aire de quien no tiene nada mejor que hacer que dejarse ver.
La comida que ha puesto al día el árbol genealógico
El estilismo merece párrafo aparte. Rojo y negro, coordinadas, algo que en esta casa nunca es casualidad: las Flores entienden el vestuario como un comunicado. No hace falta convocar nada; basta una comida en Madrid para que medio corazón patrio tenga tema de portada hasta el domingo.
Pero lo jugoso estaba en los currículos sentimentales de los dos primos, que van por caminos opuestos. Uno soltero por elección y con la madre de compañera de piso. El otro, con un noviazgo que une a dos dinastías del flamenco. Sin drama, ojo, pero con carnaza familiar del bueno.
En esta familia nadie ha necesitado nunca un comunicado: basta una comida, dos looks coordinados y una salida a besos para que el foco vuelva solo.
Guillermo Furiase: 32 años, soltero y con Lolita de compañera de piso
Guillermo es guitarrista, cantante y compositor, y también ha probado la interpretación. Su última pareja conocida fue la bailarina Ruth Ferres, aunque a finales de 2025 zanjó el asunto ante las cámaras de Europa Press: estaba ‘soltero y feliz’. Preguntado por el amor, respondió con retranca que estaba enamoradísimo de sí mismo. Poco más que añadir, la verdad.
A sus 32 años, sigue viviendo con su madre. ‘Vivimos juntos porque somos muy buenos compañeros’, explicó en febrero. Y se permitió un consejo en voz alta: ‘Mamá, búscate a alguien’, con la advertencia de que la artista tiene ‘un temperamento grande’. Dos frases que explican esa casa mejor que cualquier reportaje de 4.000 palabras.
También ha contado cómo se crece en un matriarcado. Su padre se lo repetía: aquí mandan las mujeres y poco se puede hacer. Y ahí sigue, con su hermana Elena como confidente y con la música como plan de vida. Sobre Eurovisión, por si alguien pregunta: que le pongan la oferta en la mesa y se verá.
Pedro Antonio Lazaga: 20 años y una novia con apellido de leyenda
El hijo de Rosario y del productor Pedro Lazaga es el reservado de la función. Toca la guitarra y el cajón flamenco, ha acompañado a su madre en algunos conciertos y tiene clarísimo que quiere dedicarse a la música. Va despacio, sin prisa y sin micrófono de más.
En el amor, sin embargo, juega en otra liga que su primo. Pedro Antonio sale con Lucía Cepeda Molina, hija de la cantante Alba Molina y nieta de Lole y Manuel. Un noviazgo que emparenta dos sagas del flamenco y que ambos han llevado con una discreción que casi da envidia. En enero se les vio juntos en el homenaje a Antonio Flores.
Dos primos, un escenario y una abuela que lo mira todo desde arriba
En 2025 compartieron escenario en el homenaje a Lola Flores, su abuela, con un Limosna de amores que dejó claro que el oído musical no se hereda por línea recta, pero en esta casa se practica desde la cuna. Dos chavales que podrían haber elegido cualquier otra profesión y van y eligen la más difícil.
La comida, además, coincidió con una fecha señalada. Alba Flores, hija de Antonio, había soplado velas el día anterior y recibió las felicitaciones de sus tías. Cuarenta años de la actriz y una sobremesa que, aunque nadie lo diga en voz alta, iba de eso: de la familia que queda cuando faltan los que faltan.
Lo que esta comida cuenta de las sagas artísticas (y de lo que calla)
España tiene una relación peculiar con sus dinastías: se las mira con cariño, se les exige más que a nadie y se les perdona casi todo menos el aburrimiento. Los Flores llevan décadas en ese equilibrio y, a diferencia de otras sagas que han ventilado sus trapos en platós y docuseries, aquí la estrategia es la contraria: la discreción también es una forma de gestión de marca. Los jóvenes hablan de guitarras, de cajones y de si Eurovisión llama o no. Es menos rentable a corto plazo y muchísimo más sostenible a medio. Eso sí, la pregunta sigue en el aire: cuánto tardará la siguiente generación en dejar de ser ‘el hijo de’ o ‘la nieta de’. Pedro Antonio tiene 20 años; Guillermo, 32. Ahí está el próximo capítulo, y no se va a contar en una comida.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 4/10. Una comida, dos looks y cero reproches: salseo de salón, no de plató.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Lolita con el titular del hijo soltero; pierde el anonimato de Pedro Antonio, que ya no tiene vuelta atrás.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Otra portada con los cuatro en semanas y una exclusiva de Guillermo en cuanto suene Eurovisión.







