Ana Rosa Quintana suelta a los 70 el ejercicio que combina con la fuerza

La presentadora entrena fuerza dos veces por semana, practica yoga desde hace años y camina ocho kilómetros al día cuando el cuerpo se lo permite. Su rutina no incluye batidos ni retos virales: dos galletas de desayuno y a las diez en la cama.

Ana Rosa Quintana hace ejercicio de fuerza a los 70 y lo dice claro: los brazos no se mantienen solos.

La presentadora acumula más de cuatro décadas delante de una cámara: de la radio, a los informativos de Televisión Española, de Sabor a ti a su magacín diario en Telecinco. Sigue madrugando con una jornada que no admite siestas y, para sostener el ritmo, el deporte no es un adorno de la agenda. Es infraestructura.

Dos sesiones de fuerza y nada de postureo

Lo contó ella misma en una entrevista en ¡HOLA!: ‘Me cuido, hago mucho deporte… Entreno dos veces a la semana’. Sin épica, sin retos virales y sin entrenador de moda. Dos sesiones semanales y a otra cosa.

Y remató con la frase que mejor la retrata: ‘He hecho deporte toda la vida, y lo sigo haciendo. Principalmente, fuerza. Si no, a ver cómo mantengo los brazos’. Ahí está la clave: la constancia de quien no descubre el gimnasio en enero.

El yoga llegó antes y se quedó. En abril de 2022, en pleno tratamiento de un cáncer de mama, publicó en Instagram una foto practicando esta disciplina y dedicó unas palabras a su profesora, Carmen Cánovas: ‘Gracias por enseñarme a amar el yoga. Que nadie piense que esto es solo respirar y meditar, es ejercicio físico intenso, bueno para el alma y para el cuerpo’.

A los setenta no se trata de parecer fuerte en una foto, sino de levantarse a las cinco y media sin que el cuerpo pase factura.

Su profesora explicó entonces que las sesiones se habían adaptado a su momento físico y emocional, trabajando fuerza, equilibrio y respiración. Otra lección de la casa: el ejercicio bien hecho se ajusta, no se abandona.

Yoga, bici y caminatas de ocho a diez kilómetros

En una entrevista con Forbes España resumió el repertorio sin florituras: ‘Hago yoga, entrenamientos de fuerza, montar en bici, caminar…’. Nada exótico. Nada que no pueda hacer cualquiera con dos horas libres a la semana y algo de voluntad.

El capítulo de la enfermedad merece un párrafo aparte. Según contó a El Español, antes de empezar el tratamiento se hizo una pregunta incómoda: si esto no la pillaba fuerte, la pillaba mal. Buscó una entrenadora con experiencia en oncología y adaptó las sesiones a aquella etapa. Llegó a caminar entre ocho y diez kilómetros diarios, y lo explicó con una lógica que se sostiene sola: con la quimio hay problemas de equilibrio, así que toca músculo.

Las dos galletas de las cinco y media

La rutina empieza antes de que amanezca. En una entrevista con Juan y Medio en Canal Sur lo detalló: ‘Me levanto a las 5:30, desayuno dos galletas y un café. Leo los periódicos, tanto digital como en papel y a la misma vez escucho la radio’. Dos galletas, un café y los periódicos a las cinco y media. Ni batidos verdes ni ayunos de catorce horas.

Con la comida, el mismo criterio: come variado, los ultraprocesados no suelen entrar en casa y el dulce no le tienta. Pescado, pollo y, de vez en cuando, un chuletón o un solomillo. Duerme alrededor de las diez de la noche, después de ver los informativos, con la radio encendida hasta que se queda dormida. Oficio puro.

Por qué su rutina incomoda más de lo que parece

Vamos por partes. En televisión se ha instalado la idea de que el paso de los años se gestiona con cremas, capillas de maquillaje y una cámara ligeramente más alta. Ana Rosa acaba de proponer otra vía: músculo, dos sesiones a la semana y una vida ordenada. Menos estética y más herramienta de trabajo.

Y aquí está el detalle que casi nadie subraya: fuerza dos veces por semana, yoga y bici el resto es exactamente lo que repiten los especialistas en envejecimiento activo desde hace años, sin marca patrocinadora y sin método revolucionario. La diferencia es que ella lo cuenta con naturalidad, sin convertir el asunto en un episodio de superación personal con lágrimas y plano cerrado.

El precedente más cercano no es otro rostro de la parrilla, sino la legión de presentadores que a los sesenta han convertido su aspecto en un segundo programa. Ella habla de brazos, de equilibrio y de la siesta que no se puede echar. Su compañera de fatiga no es la estética: es el directo de primera hora. Habrá quien lo lea como coquetería; es mantenimiento de maquinaria.

Lo veremos en los próximos meses: si la rutina aguanta el ritmo de la parrilla, si algún medio le pregunta por el entrenador concreto y si la próxima temporada trae otro cambio de plató. De momento nos quedamos con la frase que abrió el melón: bueno para el alma y para el cuerpo. Con dos galletas de desayuno, por cierto.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 4/10. Cero traiciones, pero el titular incomoda a más de una dieta milagro del sector.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Ana Rosa, que se coloca como referente de longevidad televisiva; pierde el relato de que a los setenta se vive de recuerdos.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: En dos semanas alguna revista preguntará por la entrenadora concreta. Y habrá respuesta, ojo.