7 hijos de celebridades que brillaron tanto o más que sus padres

Llegar al mundo con un apellido que ya suena en las portadas tiene sus ventajas y también su factura. La puerta se abre antes, pero cada logro queda bajo sospecha: el mérito se mide siempre contra la sombra del padre o de la madre. El debate sobre los llamados nepo babies —hijos de famosos que acceden a la industria con ventaja— ha vuelto a poner el foco en esa mezcla de privilegio y exigencia, aunque también ha demostrado que la puerta abierta no basta: sin talento propio, el apellido solo retrasa el fracaso.

Los siete nombres que siguen comparten un rasgo: ninguno se quedó a vivir del apellido. Hay quien lo ocultó para que escucharan una maqueta, quien llegó a la Casa Blanca después de que su padre ya la hubiera ocupado y quien completó el EGOT. El criterio es exigente: se han seleccionado trayectorias propias y verificables —estatuillas, récords de ventas, cargos electos— que igualan o superan las de sus progenitores, en la música, el cine y la política, desde los años cuarenta hasta hoy.

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George W. Bush, hijo de George H. W. Bush: dos presidentes, dos guerras del Golfo

George W. Bush y George H. W. Bush.
George W. Bush y George H. W. Bush. Fuente: Agencias

En la historia de Estados Unidos solo ha habido un caso en el que un hijo llegara a la Casa Blanca después de que su padre ya hubiera sido presidente: John Quincy Adams tras John Adams. George Walker Bush fue el segundo, y lo hizo igualando como mínimo el techo institucional de su progenitor, George H. W. Bush, presidente número 41 entre 1989 y 1993. El hijo, número 43, no se conformó con un mandato: ganó dos, entre 2001 y 2009, después de una de las elecciones más controvertidas del país, la de 2000, resuelta en Florida. A los dos, además, los acabó marcando el mismo adversario, Sadam Husein. El padre lideró en 1991 la primera Guerra del Golfo con una coalición internacional y el aval de la ONU, pero frenó sus tropas antes de entrar en Bagdad.

La guerra que encumbró a Bush padre también lo condenó: no logró la reelección en 1992. Su hijo, en cambio, convirtió la segunda Guerra del Golfo, lanzada en marzo de 2003 sin un respaldo explícito del Consejo de Seguridad, en la seña de identidad de su presidencia. Los atentados del 11-S de 2001 le dieron un apoyo inicial cercano al 90% y reorientaron su mandato hacia la «guerra contra el terror», con Afganistán e Irak como frentes. Sadam fue capturado en diciembre de 2003 y ejecutado en 2006, aunque nunca aparecieron las armas de destrucción masiva que justificaron la invasión. Bush hijo dejó el cargo en enero de 2009 con dos guerras abiertas, la crisis financiera de 2008 en marcha y una popularidad en torno al 30%, pero su huella en Oriente Próximo pesó en la memoria colectiva más que la de su padre.