Llegar al mundo con un apellido que ya suena en las portadas tiene sus ventajas y también su factura. La puerta se abre antes, pero cada logro queda bajo sospecha: el mérito se mide siempre contra la sombra del padre o de la madre. El debate sobre los llamados nepo babies —hijos de famosos que acceden a la industria con ventaja— ha vuelto a poner el foco en esa mezcla de privilegio y exigencia, aunque también ha demostrado que la puerta abierta no basta: sin talento propio, el apellido solo retrasa el fracaso.
Los siete nombres que siguen comparten un rasgo: ninguno se quedó a vivir del apellido. Hay quien lo ocultó para que escucharan una maqueta, quien llegó a la Casa Blanca después de que su padre ya la hubiera ocupado y quien completó el EGOT. El criterio es exigente: se han seleccionado trayectorias propias y verificables —estatuillas, récords de ventas, cargos electos— que igualan o superan las de sus progenitores, en la música, el cine y la política, desde los años cuarenta hasta hoy.
2Angelina Jolie, hija de Jon Voight: de ‘Girl, Interrupted’ al Oscar y al estrellato global
Nacida en Los Ángeles el 4 de junio de 1975, Angelina Jolie Voight creció con el apellido de un padre que ya era leyenda: Jon Voight, ganador del Oscar al mejor actor en 1979 por El regreso y nominado por títulos como Cowboy de medianoche. Con cinco años ya se puso ante una cámara, pero su consagración llegó por méritos propios. En 2000, con 24 años, recogió el Oscar a la mejor actriz de reparto por Inocencia interrumpida, el mismo galardón que su progenitor había conquistado dos décadas antes. Hubo un tiempo en que los medios la presentaban como «la hija de Jon Voight»; hoy la ecuación se ha invertido y buena parte del público más joven identifica al veterano intérprete como el padre de la estrella. Su relación, además, ha sido uno de los vínculos familiares más comentados de Hollywood, con años de distanciamiento y reconciliaciones intermitentes.
Lo que la aúpa por encima de su padre es la escala global de su figura. Lara Croft: Tomb Raider (2001) la convirtió en icono pop con unos 275 millones de dólares de recaudación, y Sr. y Sra. Smith (2005) superó los 470 millones. Suma una segunda candidatura al Oscar por El intercambio (2008) y éxitos como Maléfica (2014). A la fama cinematográfica se añade su labor humanitaria: embajadora de buena voluntad de ACNUR desde 2001 y enviada especial entre 2012 y 2022, con más de 60 misiones sobre el terreno, además del título honorífico de dama comandante británica en 2014. En 2025 regresó con María, de Pablo Larraín, que le valió una nominación al Globo de Oro, mientras rueda Sunny y tiene pendientes Couture y Anxious People.







