La reina Letizia, por todos es sabido, es controladora hasta el extremo. En casa aplica desde siempre unas férreas normas que, hasta ahora, sus hijas habían acatado sin rechistar. Pero el tiempo pasa, Leonor y Sofía crecen y la edad del pavo se acerca cada vez más a ellas. Es cierto que ambas son niñas tranquilas, pero su madre ha tocado pro primera vez su fibra sensible. Estamos ante un punto de inflexión tal y como te detallamos en las siguientes líneas.

Las contradicciones de una madre controladora

> Estricta, muy estricta, así es Letizia como madre. Pero no por ello sorprende menos el doble juego que la reina usa con la educación de sus hijas. Por un lado hace lo imposible para que sus niñas tengan una infancia igual que la del resto del mundo. Quiere para Leonor y Sofía algo parecido a lo que ella tuvo durante su etapa escolar en Asturias. Deja de lado con demasiada frecuencia el hecho de que estas niñas ocupan un importante cargo institucional. Evita que acudan a actos oficiales excepto contadas ocasiones. Además, a diferencia de otras casas reales europeas, evita que las niñas sean fotografiadas. Solo hacen posados con ellas en Navidad y en verano. A eso se reduce su exposición pública.

Esta obsesión de la reina es, sin embargo, muy contradictoria con su manera de comportarse después. Busca que dejen de lado su condición de hijas de reyes hasta su mayoría de edad, pero lo curioso es que luego no se comporta con ellas como si fueran dos niñas anónimas. Letizia impone un sinfín de prohibiciones sinsentido a la princesa de Asturias y a la infanta Sofía. Pero lo que no esperaba era que ambas, en plena rebeldía preadolescente, se enfadaran tanto con ella con la última restricción. Entérate de todo a continuación.

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