Morante de la Puebla ha salido de la UCI y ha decidido contarlo todo tras vivir una de las tardes más dramáticas de su carrera: “Me toqué buscando la sangre”.
Morante de la Puebla rompe su silencio

El diestro no resta gravedad a lo ocurrido en la Plaza de Toros de la Maestranza, donde el pasado lunes, en el arranque de la Feria de Abril, lo que prometía ser una jornada triunfal terminó con una cogida brutal, una operación de urgencia y su ingreso en la unidad de cuidados intensivos del hospital Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz.
Apenas dos semanas después de su regreso a los ruedos, el torero ha sufrido ya su primer gran susto. Había vuelto con fuerza, reapareciendo en la tradicional corrida del Domingo de Resurrección, un evento de enorme simbolismo al que incluso asistió Juan Carlos I, que se desplazó expresamente para verlo torear.
Pero el 20 de abril todo cambió. “Ha sido la cornada que más me ha dolido en mi vida. Me toqué buscando la sangre”, confesó en sus primeras declaraciones tras abandonar la UCI. El propio Morante explica que ese gesto fue instintivo: si encontraba abundante sangre, podía significar que la herida era mortal. Afortunadamente, no fue así.
La cogida fue de extrema gravedad. El parte médico detalló una herida por asta de toro en la zona anal, con una trayectoria de unos 10 centímetros, que afectó parcialmente a los esfínteres y provocó una perforación en el recto. Los cirujanos tuvieron que intervenir de urgencia para reparar tanto la pared rectal como el aparato esfinteriano, una operación delicada que obligó a mantener al torero en la UCI durante la noche.
“Me llevó por delante”, recuerda el diestro sobre el momento del impacto. El dolor fue inmediato y el miedo, aún mayor. “Pensaba que estaba sangrando mucho”, ha relatado al periodista Vicente Zabala de la Serna. Sin embargo, al llegar a la enfermería y comprobar que la hemorragia era menor de lo temido, logró tranquilizarse antes de ser trasladado de urgencia al hospital.
El parte médico de Morante

Tras la intervención, los médicos le colocaron un drenaje en la zona afectada y decretaron vigilancia intensiva. Aunque ya ha sido trasladado a planta, su recuperación será lenta. Los especialistas han estimado al menos una semana de hospitalización, debido al riesgo de infección en una zona especialmente delicada.
El tratamiento también incluye reposo digestivo absoluto. Morante no podrá ingerir alimentos durante varios días y será alimentado por vía intravenosa, una medida necesaria para evitar complicaciones en la zona intervenida.
“Hay que esperar unos 10 días para ver cómo evoluciona”, ha explicado el doctor Octavio Mulet, responsable de la operación. Mientras tanto, el torero permanece bajo estricta supervisión médica, consciente de que ha sobrevivido a una cogida que pudo haber sido fatal.
Una noticia impactante

El impacto de la cogida ha generado una enorme preocupación en el mundo del toreo, donde compañeros y aficionados han seguido con atención cada parte médico desde que Morante de la Puebla fue trasladado de urgencia. Las imágenes de su salida de la Plaza de Toros de la Maestranza en camilla reflejaban la gravedad del momento, con gestos de dolor que hacían temer lo peor. Con el paso de las horas, la confirmación de que la vida del torero no corría peligro trajo cierto alivio, aunque la recuperación será larga y exigente.
Este nuevo episodio vuelve a poner de manifiesto el riesgo extremo que asumen los toreros cada vez que se ponen delante de un animal, incluso figuras consolidadas con décadas de experiencia a sus espaldas. Morante, que llevaba años lidiando con el desgaste físico y mental de la profesión, había regresado con ilusión renovada, pero la realidad del ruedo le ha recordado de forma brutal que el peligro nunca desaparece. Aun así, quienes lo conocen aseguran que su vínculo con el toreo sigue intacto y que, una vez recuperado, no descarta volver a vestirse de luces.
Por ahora, el objetivo es centrarse en la recuperación y evitar cualquier complicación médica, siguiendo al detalle las indicaciones del equipo que lo atiende en el Hospital Viamed Santa Ángela de la Cruz. El entorno del torero se mantiene prudente y evita hablar de plazos concretos para su regreso, consciente de la delicadeza de la intervención a la que ha sido sometido. Mientras tanto, su testimonio ya forma parte de esas historias que retratan la cara más dura del toreo, donde cada tarde puede convertirse en una lucha real entre la vida y la muerte.






































