Camisa de cuadros, pantalones vaqueros y un nerviosismo extraño en una persona que sin tener porqué, ha tenido y tiene muchas tablas en televisión. «Hemos sido un gran equipo y pensaba que éramos indiscutibles», responde Toño ante el «qué ha pasado» de Ana Rosa. La presentadora intenta mantenerse al margen constantemente e procura limitarse a preguntar pero le cuesta dada toda la documentación que controla y dado el hecho de que Belén ha estado 9 años trabajando para su programa, algunos de ellos de la mano de Toño.

En su momento determinado de la entrevista, Toño eleva el tono de voz y grita: «¡A mí me ha hecho mucho daño! ¡! Es una superviviente de la mentira. Ha hecho de la mentira su día a día».
Toño, durante toda la entrevista, se refiere a Belén como «ella» o «esta persona» e incluso «este personaje», a lo que Ana Rosa le dice: «esta persona se llama Belén Esteban«. «Me cuesta mucho decir su nombre porque me ha hecho mucho daño», responde Toño.
«Ni mi empresa ni yo le debemos dinero», es una máxima que sostiene sin parar el representante. Los temas se van sucediendo y Toño se va alterando cada vez más. Grita, se pone tan nervioso que no le salen las palabras y en un momento de ira, Toño mira a cámara y la manda a aquel lugar que empieza por M…
Se entiende que las lágrimas del principio fueron fruto del desasosiego y la intranquilidad de ignorar qué preguntas le esperaban por parte de reina de las mañanas, más que de una persona dolida por haber perdido a la que fuera como su hermana. Lejos de eso, Toño carga fuertemente contra Belén a la que le anuncia una nueva demanda por «haber dejado caer» que él tenía el mismo problema de adicciones que ella.
Lo que está claro es que nos encontramos ante dos vías paralelas -administrativa y personal- cuyo cruce y punto de encuentro va a ser uno: el juzgado.






Se conoce que al evento llegaron enfadadas y que quien llevaba la voz cantante en el asunto era la ex gran hermana. Entraron al recinto para ver si los estímulos las calmaban pero nada más lejos de la realidad. Al llegar al segundo puesto volvieron a discutir y para evitar el circo, salieron de nuevo al exterior donde definitivamente y ante la sorpresa de los presentes, cada una se fue por su lado.






















La larga lista de infidelidades del duque de Edimburgo es muy amplia. Empezó a desligarse del yugo matrimonial llevado por la monotonía de su vida. Tuvo que abandonar su profesión y se vio relegado a ejercer de consorte, sin voz ni voto.





































Aguda pregunta la de Enríquez cuando se le plantea el hecho de que qué tipo de cuestiones negativas observó durante el matrimonio que no lo hiciese en los anteriores años de convivencia. Y como si de una respuesta de examen perfectamente estudiada se tratase, Feliciano ha explicado que «nadie se casa sin estar convencido. Antes de casarme, como en todas las parejas, hubo discusiones, diferencias de criterio, pero yo estaba muy enamorado de esa persona y convencido que el paso del matrimonio iba a ser para toda la vida. Siempre pensé que los problemas que pudieran surgir los iba a superar».




