Durante años, fueron figuras respetadas en la monarquía. Nadie podía esperar que Juan Carlos y su nuero favorito, Iñaki Urdangarín, precipitarían los mayores escándalos que han puesto en jaque a la Corona. Así es como el suegro y el cuñado de Letizia han menoscabado la imagen pública de esta institución. Te lo contamos todo a continuación.
El perfecto caballero

> Contrariamente a lo que sucedió con Letizia, la familia Borbón y su círculo íntimo acogieron con los brazos abiertos al marido de la infanta Cristina. El entonces jugador de balonmano procedía de una familia bien, tenía planta y buenos modales que le permitieron meterse en el bolsillo a buena parte de la opinión pública. No solo los principales medios se deshacían en halagos hacia Iñaki Urdangarín, sino que hasta don Juan Carlos I parecía encantado con el esposo de su hija pequeña. Fuentes cercanas a Zarzuela aseguran que siempre ha sido su nuero favorito.
En el lado opuesto se encontraba Jaime de Marichalar, el marido de la duquesa de Lugo. El aristócrata no se perdía un sarao y no eran pocos los que criticaban su estilo de vida ocioso. Juan Carlos nunca lo miró con buenos ojos porque pensaba que le traería unos cuantos quebraderos de cabeza, pero debía mirar más cerca de lo que creía para encontrar al hombre que pondría en jaque a la monarquía.
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Juan Carlos y Urdangarín dinamitan la monarquía

> Las manos largas del marido de coña Cristina pusieron en serios apuros a la Corona. En 2011, el juez José Castro imputó a Urdangarín por varios delitos enmarcados en el Caso Nóos, y finalmente fue condenado a cinco años y diez meses de prisión. El escándalo encarnizó a buena parte de la opinión pública, conmocionada y afectada por la grave crisis financiera de 2008. Además, algunos acusaban a Juan Carlos de conocer bien estos negocios turbios de su nuero, y aunque nunca se pudo demostrar, el monarca se vio obligado a abdicar por esta y otras polémicas que le rodeaban.
Pero su marcha del trono no fue suficiente para salvar la imagen de la Corona. Recientemente, se han hecho públicos los tejemanejes económicos de Juan Carlos, y el mismísimo rey Felipe VI se vio obligado a renegar públicamente de su padre para intentar frenar la tormenta que sacudía Zarzuela. En plena crisis del coronavirus, cuando los hospitales públicos están a punto de colapsar por falta de material y sanitarios, a la ciudadanía no le sienta nada bien que el emérito maneje una fortuna millonaria cuyo origen se antoja bastante turbio e incierto.
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La victoria de Letizia

> Juan Carlos nunca miró a la pareja de su hijo con buenos ojos. No le convencía la idea de dejar el trono en manos de una periodista divorciada, pero tuvo que aceptar a regañadientes la decisión de Felipe VI. Su animadversión hacia Letizia se contagió entre su círculo cercano y los más adeptos a la Corona, que acusaban a Ortiz de precipitar el declive de la monarquía. Al final, el tiempo ha puesto a cada uno en su sitio y ha dado una paradójica lección a todos los que no confiaron en la reina por su plebeya procedencia.
Ahora, es Letizia quien ríe mientras su cuñado y suegro han de cargar con el peso y vergüenza de sus actos reprochables. Ella cuenta con un historial libre de manchas y corrupción, pero dos de los miembros más valorados de la realeza, Juan Carlos e Iñaki Urdangarín, tienen o han tenido problemas con la justicia que ponen contra las cuerdas a esta antigua institución. A veces, no hay más que mirarse al espejo para descubrir al mayor enemigo que enfrentamos.


















































































