Sandra Ferriz ha tardado cinco años en contar el infierno que vivió tras ‘La isla de las tentaciones’.
La confesión llega en Lecturas, donde la exconcursante repasa cinco años de altibajos: de la ansiedad y la depresión que arrastró a la ilusión actual por su familia y su negocio. No es un ajuste de cuentas con el programa. Es una radiografía de lo que pasa después.
El infierno que vivió con 21 años
Lo primero que golpea de su testimonio es la crudeza. Sandra solo pudo ver un capítulo del reality. ‘Lo pasé tan mal que no quise ver más’, admite. Pasó de chica anónima a personaje público en un abrir y cerrar de ojos, con miles de opiniones sobre su vida y sus decisiones. A los 21 años, esa transición le vino grande.
En lugar de escurrir el bulto, lo cuenta con números: un año entero de terapia para tratar ansiedad y depresión, y ganas de desaparecer. ‘Llegué a plantearme desaparecer, mudarme fuera o borrar mis redes. Toqué fondo’, confiesa. Y añade una frase que resume el desgaste: ‘El hate que recibí fue brutal’.
Aquí es donde la historia coge aire. Porque Sandra no se queda en la queja: asegura que aquella etapa, con toda su dureza, la ha reconstruido como persona. ‘A veces, las malas experiencias son las que más te enseñan’, reflexiona. No es un eslogan: es la conclusión de quien ha necesitado ayuda profesional para digerir la fama exprés.
De tocar fondo a rehacer su vida con Darío
Cinco años después, el tablero ha cambiado. Sandra es madre de Noah y Gía, y comparte proyecto hostelero con Darío, su pareja desde el reality. Mombu, su local, nació como un sueño y hoy es su día a día. Las cifras también acompañan: cuando salió del programa tenía la mitad de seguidores que ahora.
El reality le dio fama, una pareja y una carrera, pero también una factura emocional que tardó un año de terapia en empezar a saldar.
Su discurso sobre el formato es claro. ‘No recomendaría a nadie pasar por ahí’, suelta sin paños calientes. Explica que, aunque ocurra lo mínimo, la relación cambia para siempre. Su consejo, si alguien decide ir, es ser fiel a sí mismo y actuar desde el corazón. La frase suena a frase, pero viene de quien estuvo dentro.
La maternidad ha terminado de recolocar su imagen pública. Muestra el posparto, habla del lipedema y comparte inseguridades sin filtros. Lejos del estereotipo de influencer de postal, Sandra Ferriz ha elegido enseñar el proceso, no solo el resultado. Y en ese giro ha encontrado una audiencia que antes la juzgaba y ahora la sigue.
El hate en los realities sigue siendo una herida abierta
No es la primera exconcursante que habla del peaje psicológico. En los debates de La isla de las tentaciones y en formatos como ‘De Viernes’ han desfilado testimonios de ansiedad, soledad y arrepentimiento. Lo que hace especial el de Sandra es la crudeza del dato: un año de terapia para una chica de 21 años.
Telecinco insiste en que los concursantes cuentan con apoyo psicológico antes, durante y después del programa. En la web oficial del programa se detallan esos mecanismos. Sin embargo, las confesiones de Sandra demuestran que la protección no termina cuando se apagan las cámaras. El odio en redes se queda.
La pregunta incómoda es si la industria ha aprendido algo. Los realities viven del conflicto, y la línea entre lo que atrae y lo que daña es finísima. Sandra ha tardado cinco años en contarlo. No parece venganza, más bien cierre. Y ese cierre llega en un momento en el que la salud mental ya no se esconde, ni siquiera en el corazón de Telecinco.
Mientras tanto, ella sigue normalizando su cuerpo, su maternidad y sus inseguridades. La niña que quiso desaparecer hoy es una mujer que se muestra sin filtros. El giro, digámoslo ya, es de los que se celebran.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 8/10. Tocó fondo con 21 años y lo cuenta sin anestesia.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Sandra, que convierte el dolor en conversación pública. Pierde el relato idílico del reality sin cicatrices.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Telecinco callará o soltará un clip de apoyo, pero habrá nuevo testimonio similar antes de fin de mes.







