Hay un momento en el nuevo videoclip de Ariana Grande en que la sangre salpica la cámara y ya no hay vuelta atrás. La cantante, de 33 años, acaba de estrenar Petal —single y octavo álbum de estudio, publicado el 31 de julio— con una estética gore que convierte una masacre con motosierra en la metáfora más afilada de su carrera.
El baño de sangre que esconde una despedida
En el vídeo, la artista da vida a Pepper, una aspirante a actriz de mirada ingenua que encadena rechazos en Fame Inc. La industria la examina, la descarta y la devuelve al punto de partida. La referencia a su propio recorrido en el espectáculo es tan transparente como el cristal de la sala de audiciones —desde los cástings infantiles hasta el fenómeno global que supuso Wicked—, pero esta vez el cuento de hadas termina con una carnicería. Grande empuña una sierra eléctrica y rebana a los ejecutivos que han diseccionado su físico y su talento. «Todos mis relatos favoritos acaban en algún tipo de catástrofe», canta, y el clip le da la razón.
La estética del terror no es un capricho. La propia artista ha definido el disco como «un poco salvaje» y ha explicado que canalizó una «rabia sin filtros» que rara vez se permite explorar. «Esta vez no filtré tanto como suelo hacer —confesó en un clip para Apple Music—. Normalmente reescribo mucho y endulzo las cosas; esta vez, no». El resultado es un proyecto más oscuro que cualquier otro en su trayectoria, alejado de la burbuja pop de positions o del brillo de thank u, next.
La rabia sin filtros y el adiós a la fama
La letra de Petal funciona como un manifiesto terminal: «It’s bye, this time for real» («Es un adiós, esta vez de verdad»). La frase, repetida sobre una producción densa, se lee como una carta de despedida a la fama. El contexto personal aporta capas adicionales: tras romper con Ethan Slater a principios de año, Grande ha reavivado su relación con el bailarín Ricky Alvarez, pero el foco del mensaje está en la ruptura con la maquinaria que la ha devorado durante dos décadas.
No es habitual que una estrella de su calibre exhiba la violencia simbólica con tanta nitidez. El videoclip se convierte en una pieza de autoficción donde la protagonista ajusta cuentas con los jueces invisibles que han opinado sobre su cuerpo, su voz y su vida privada. Y lo hace sin la protección del personaje de Glinda: aquí no hay varita mágica, solo una motosierra.
La rabia sin filtrar se convierte en la mejor pluma de despedida.
Una carta de despedida que sigue la estela de otras rupturas artísticas
Los vídeos musicales con baños de sangre como cierre de ciclo tienen ilustres precedentes. Cuando Miley Cyrus destrozó a martillazos la bola de demolición de su infancia en Wrecking Ball o Taylor Swift asesinó simbólicamente a todas sus antiguas versiones en Look What You Made Me Do, el gesto era el mismo: el público asistía al funeral de una era. En el caso de Grande, la masacre con motosierra es más explícita porque está arrastrando todo aquello que la oprimía.
La lectura que se impone es que Petal es una puerta de salida. La cantante ya rueda la segunda parte de Wicked, ha manifestado en repetidas entrevistas su deseo de centrarse en la actuación y su relación con la música parece afilarse hacia terrenos menos complacientes. No hay anuncio de retirada, pero sí un cierre simbólico de la etapa que la convirtió en ídolo global. El videoclip es la constatación de que la fama, cuando se vuelve tóxica, solo se extirpa con sangre —o con arte—.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: Grande firma el videoclip más explícito de su carrera, un adiós visual a la maquinaria de la fama que refuerza su nueva identidad artística.
- 💎 El detalle de lujo: La sierra eléctrica, metáfora de la industria, se convierte en la joya oscura de una producción que mezcla alta costura gore y simbolismo más propio del cine de autor que del pop.
- 🗣️ El entorno cuenta: La prensa estadounidense lee el gesto como una despedida; el silencio de su equipo solo añade peso a la interpretación.







