Kristin Cavallari ha confesado el precio exacto de su divorcio con Jay Cutler: la mitad del valor de su propia empresa, Uncommon James. La empresaria y antigua estrella de The Hills detalló en el pódcast Aspire with Emma Grede cómo tuvo que entregar al exjugador de la NFL el equivalente al 50 % de la firma de joyería y cosmética que ella misma creó, en un reparto de bienes que no incluyó dinero para ella sino un pago en sentido contrario.
“Lo que me dio la confianza para dejar mi matrimonio fue el éxito de Uncommon James”, explicó Cavallari. Y añadió una paradoja que define el caso: “Si no hubiera tenido la empresa, podría haberme llevado la mitad del dinero de él, ¿verdad?”. La realidad fue otra: lejos de recibir compensación alguna, Cavallari tuvo que pagar. “Tuve que darle la mitad del valor de Uncommon James en efectivo y propiedades y todo lo demás”, sentenció.
La exintegrante de Laguna Beach, que comparte tres hijos con Cutler —Camden, de 13 años; Jaxon, de 12; y Saylor, de 10—, aseguró que no recibió “ni un centavo” de su exmarido. El origen de la fortuna de Cavallari está en Uncommon James, lanzada en 2017, que ella posee al cien por cien. Sin embargo, al considerarse un activo generado durante el matrimonio, entró en el balance común y hubo que partirlo.
Jay Cutler no tardó en responder. Calificó las declaraciones de su exmujer de “temerarias e irresponsables” y, en su propio espacio Take It Outside, afirmó que insinuar un reparto cero es “rozar la difamación”. “Es una locura y es completamente falso”, zanjó el exquarterback.
Lo que escondía el balance: Uncommon James, la joya de la corona del litigio
La firma, que comenzó como una línea de joyería y se expandió al cuidado de la piel y la decoración, se ha convertido en la base del imperio de Cavallari. En el momento del divorcio representaba un activo muy grande en la hoja de balance de la pareja, según admitió la propia empresaria. El tribunal consideró que la marca era un bien ganancial y ordenó compensar a Cutler con la mitad de su valoración, sin que mediara un acuerdo prenupcial que blindara el negocio.
Cavallari reconoce que en su momento estuvo “realmente enfadada”, pero ahora dice sentirse agradecida. “Necesitaba estos golpes para seguir adelante”, reflexionó. “Esos momentos me empujan y acabo saliendo más fuerte”. La lectura pública de esta confesión refuerza el discurso de empoderamiento que la empresaria cultiva, aunque también deja al descubierto la cara menos glamurosa del emprendimiento en el star system.
La respuesta de Jay Cutler: “roza la difamación”
El exdeportista no ha dudado en plantar cara a la versión de Cavallari. En agosto de 2025, tras unas declaraciones previas de ella, ya había insistido en que sí hubo reparto de bienes y que las afirmaciones de su expareja son “imprudentes”. La falta de documentos públicos sobre el acuerdo impide contrastar las cifras, pero el tono subido de ambas partes confirma que el divorcio, finalizado en 2022 tras dos años de litigio, sigue coleando.
La historia de Kristin Cavallari es la prueba de que, en Hollywood, ni el éxito empresarial está a salvo de la justicia matrimonial.
El cruce de reproches ha reavivado el interés por un capítulo que parecía cerrado. Mientras Cavallari ha convertido las adversidades en contenido para su pódcast y sus negocios, Cutler mantiene un perfil más bajo pero reacciona cada vez que su exmujer airea las cuentas pendientes. La batalla por la narrativa del divorcio parece tan enconada como lo fue la económica.
El precedente: cuando el emprendimiento femenino se cruza con la justicia matrimonial
No es la primera vez que una empresaria del circuito televisivo ve peligrar el control de su propia marca en un divorcio. El activo empresarial se convierte en moneda de cambio en los tribunales cuando no hay un acuerdo prenupcial que lo proteja. Casos como el de Bethenny Frankel, que tuvo que pagar a su exmarido una parte de la venta de Skinnygirl, o la eterna disputa por la bodega Miraval entre Angelina Jolie y Brad Pitt, recuerdan que el amor y los negocios, en Hollywood, se miden con la misma vara.
Cavallari, que se había labrado una imagen de mujer hecha a sí misma tras abandonar la televisión, se encontró con que su mayor orgullo empresarial era también su mayor pasivo en el juzgado. La ausencia de un prenupcial —algo que ella misma ha insinuado no existir— la dejó expuesta a una negociación en la que el éxito se pagó con la mitad de lo construido. Aun así, su relato actual es de superación: la empresa sigue creciendo y ella mantiene el control absoluto de la gestión.
El veredicto de los tribunales californianos, sin embargo, deja claro que el valor de un negocio creado durante el matrimonio pertenece a ambos cónyuges, por más que una de las partes haya sido la cara visible y la fuerza impulsora. La confesión de Cavallari vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente: ¿hasta qué punto el talento individual debe compensar al otro en una separación? La respuesta, al menos en este caso, ha costado media empresa.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: La revelación refuerza la narrativa de Cavallari como emprendedora resiliente, pero también expone la crueldad financiera de un divorcio sin acuerdo previo.
- 💎 El detalle de lujo: Uncommon James, línea de joyería y cosmética valorada en varios millones de dólares, fue el botín que la propia Cavallari tuvo que abonar a su exmarido.
- 🗣️ El entorno cuenta: Fuentes cercanas a Cutler insisten en que el reparto fue justo y que las cifras de Cavallari son engañosas, mientras el equipo de la empresaria guarda silencio.







