Raúl Arévalo engordó 22 kilos en seis meses para ‘El Castillo’ y llegó a ver el número 99 en la báscula. Hoy vuelve a estar en 77.
El ‘suizo’, la perilla y una metamorfosis que cuesta reconocer
Si está siguiendo la serie, quizá haya tardado en identificar al proxeneta al que todos llaman ‘El suizo’. Es Raúl Arévalo, 46 años, cabeza rapada y perilla, sí, pero sobre todo con una estructura corporal distinta. Lo del afeitado fue lo de menos; lo de los kilos es otra liga.
‘Al cambiar tu morfología, cambia también tu forma de moverte y de respirar’, explicó el actor. Verme con esa pinta hacía que me costara reconocerme, añadió, y no suena a frase de promoción: el propio intérprete reconoce que estar más grande y más fuerte le condicionó hasta cómo comía, fumaba o cogía las cosas.
El plan inicial era razonable: gimnasio, dieta hipercalórica y grasas saludables. Después de seis meses de rodaje, el método se descosió y aparecieron las hamburguesas, los donuts y la bollería industrial. Les cogí hasta manía, confesó.
Mantener el peso fue peor que ganarlo
Lo complicado no fue subir. Fue quedarse arriba. Necesitaba comer muchísimo, fuerza, cero cardio y bastante descanso, y las jornadas de rodaje no siempre encajaban con esa hoja de ruta. Ni la nutricionista estaba siempre a mano con lo que tocaba.
Ganar kilos durante un rodaje es una anécdota; sostenerlos medio año es un pulso contra el propio cuerpo.
El resultado fue el que cabía esperar: respiraba mal, roncaba y arrastraba inflamación. Por suerte estoy bien, pero no recomendaría hacer algo así, sentenció. La recuperación, dice, también le ha costado lo suyo.
Y aquí llega la paradoja de siempre en esta profesión: nadie lo recomienda y casi todos lo han hecho. Las alfombras rojas se llenan de discursos sobre el compromiso del intérprete, pero cuando ese compromiso pasa por el cuerpo la conversación se vuelve bastante más incómoda.
De De Niro a De la Torre: el cuerpo como guion
Robert De Niro abrió la senda en ‘Toro salvaje’ (1980): primero se puso en forma de boxeador y después se metió unos 27 kilos encima para la etapa final de Jake La Motta. Bradley Cooper se fue a unos 20 kilos para ‘El francotirador’ (2014), con unas 8.000 calorías diarias repartidas en comidas constantes. Nada que una nutricionista firme con alegría.
Jared Leto sumó otros 20 para ‘El asesinato de John Lennon’ (2007) a base de pizza, pasta y helado, y llegó a necesitar silla de ruedas en el set. Christian Bale es el caso de manual: 55 kilos en ‘El maquinista’ (2004) y, un año después, el músculo de Bruce Wayne. En 2018 añadió unos 18 kilos para ‘El vicio del poder’ y admitió que por primera vez había tirado de médico y de nutricionista.
En España, Antonio de la Torre pasó de 69 a 102 kilos para ‘Gordos’ (2009), con seguimiento médico y alteraciones en las transaminasas. Y Charlize Theron ganó 13 kilos camino del Oscar por ‘Monster’ (2003). Brendan Fraser, en ‘La ballena’ (2022), tiró más de prótesis que de báscula.
Lo de Arévalo tiene un mérito distinto: no es una película de dos horas, es una serie, con meses de rodaje y una continuidad que impide hacer trampas. Ahí el cuerpo deja de ser vestuario y se convierte en jornada laboral. Que el resultado funcione en pantalla es indiscutible; que el sector siga celebrando estos extremos sin protocolos claros, también es discutible. De momento, el intérprete ya está de vuelta en los 77 kilos y con la lección aprendida. La próxima transformación extrema llegará en cualquier estreno y volveremos a mirar la báscula como si fuera un mérito artístico.
El Termómetro de Cotilleo
- 🌡️ Nivel de drama: 5/10. Ni traición ni carpeta: aquí el drama es metabólico, y aun así engancha más que medio plató.
- 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Arévalo, que se lleva el personaje; pierde la industria, que sigue sin protocolos para estos extremos.
- 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: En cuanto se estrene la próxima temporada, otro actor contará su calvario y repetiremos las mismas preguntas.







