Las manías más surrealistas que las estrellas españolas exigen en su camerino

El *rider* de un concierto es, antes que nada, un documento de trabajo: la lista que el equipo del artista envía al promotor y al recinto con lo que debe encontrar al llegar al camerino. Ahí conviven exigencias técnicas, comida, temperatura, seguridad y manías difíciles de explicar. Esta selección reúne las peticiones más llamativas de artistas españoles y el criterio es restrictivo: solo entran las que han trascendido por documentos de producción, ayuntamientos, empresarios o promotores, no las leyendas de pasillo.

El patrón que aparece no es el del lujo ostentoso. Casi nadie reclama cisnes de hielo ni velas de jazmín: aparecen agua alcalina, cero plástico, flores blancas, un espejo grande, dos camerinos separados, silencio absoluto antes de salir, toallas blancas, fruta pelada, té con miel, un humidificador o un altavoz para calentar la voz. Muchas de esas manías responden a una lógica profesional —cuidar la garganta, controlar los tiempos, evitar imprevistos—, y justo por eso resultan más reveladoras que el champán de marca.

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Aitana: humidificador, sofá blanco y snacks sin gluten

El humidificador es la pata más seria de esta lista. Aitana calienta la voz unos 25 minutos antes de cada concierto con una botella de agua y un tubo con el que sopla, una técnica muy extendida entre cantantes para hidratar y rehabilitar las cuerdas vocales, y en los vídeos de las horas previas a sus actuaciones aparece también haciéndose nebulizaciones. Visto así, pedir un aparato que mantenga la humedad del camerino se parece menos a un capricho de folleto y más a una herramienta de trabajo: la mucosa laríngea agradece el ambiente húmedo y sufre con el aire seco y climatizado de los pabellones. Lo excéntrico no es el cacharro, sino el conjunto: la misma artista que exige control de humedad relativa presume después de hacerse infusiones de miel, limón y jengibre con los limones que apila en la mesa.

El sofá blanco y los snacks sin gluten responden a la misma obsesión: controlar hasta el último detalle de lo que entra en el camerino. Aitana es celíaca desde 2021 —lo contó ella misma en septiembre de ese año, durante la presentación de su menú de McDonald’s, cuando admitió que ya no podría comerse su propia hamburguesa—, de modo que la parte sin gluten del rider no admite discusión, y los caterings de su gira presumen de servir opciones libres de alérgenos con discreción absoluta. El blanco encaja, además, con una artista que ha convertido el escenario en una casa: su gira actual recrea estancias domésticas, con cama incluida. El remate surrealista llega cuando la cámara de su pareja, Plex, entra en el camerino de Valencia y, junto a la mesa, aparece lo contrario de un catering de superestrella: Jumpers de maíz, cuencos de chucherías y barritas de cereales de chocolate.