Las manías más surrealistas que las estrellas españolas exigen en su camerino

El *rider* de un concierto es, antes que nada, un documento de trabajo: la lista que el equipo del artista envía al promotor y al recinto con lo que debe encontrar al llegar al camerino. Ahí conviven exigencias técnicas, comida, temperatura, seguridad y manías difíciles de explicar. Esta selección reúne las peticiones más llamativas de artistas españoles y el criterio es restrictivo: solo entran las que han trascendido por documentos de producción, ayuntamientos, empresarios o promotores, no las leyendas de pasillo.

El patrón que aparece no es el del lujo ostentoso. Casi nadie reclama cisnes de hielo ni velas de jazmín: aparecen agua alcalina, cero plástico, flores blancas, un espejo grande, dos camerinos separados, silencio absoluto antes de salir, toallas blancas, fruta pelada, té con miel, un humidificador o un altavoz para calentar la voz. Muchas de esas manías responden a una lógica profesional —cuidar la garganta, controlar los tiempos, evitar imprevistos—, y justo por eso resultan más reveladoras que el champán de marca.

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Alejandro Sanz pide guitarra de repuesto afinada y té con miel sin interrupciones

Frente al champán de marca y las toallas contadas por docenas, el *rider* de Alejandro Sanz llama la atención; por el contrario, parece la lista de la compra de alguien con la garganta delicada. Entre las peticiones que se han filtrado para sus conciertos aparecen tés variados —con el verde marcado como imprescindible—: miel natural, jengibre fresco con rallador y cuchillo bien afilado, limones y limas, leche de almendras y edulcorante de stevia. La combinación se repite en camerinos de distintas giras: en 2016 la producción de sus shows en Buenos Aires ya anotaba té y miel junto al whisky y el zumo de tomate, y la lista paraguaya de 2024 volvía a incluirlos. No es un capricho de estrella, es un botiquín de voz. A eso se suma la fijación con la guitarra: antes de entrar en el camerino, afina las cuerdas y en la grabación de su *Unplugged* para MTV pidió cambiar el instrumento minutos antes de salir porque no estaba afinado. De ahí que el recado al equipo sea siempre el mismo: que haya una de repuesto y que esté lista para tocar.

Lo de las interrupciones es lo que convierte el encargo en manía: el camerino no es un salón para saludar, sino una habitación cerrada al mundo hasta que llega la hora. Sanz no concede entrevistas durante las giras y ha contado que necesita un clima propio para relajarse, que no soporta que cada plaza sea de una manera distinta, así que una persona de su equipo se encarga de decorar el espacio en cada ciudad: muebles y lámparas de estilo marroquí, velas, incienso, luz cálida e indirecta, telas negras en algunos recintos o alfombra gris en Viña del Mar, humidificador de aire, altavoz con bluetooth y pantallas para seguir lo que ocurre en el escenario. Ahí dentro calienta la voz con ejercicios que él mismo considera ridículos y que hace escondido en un baño de azulejos por la reverberación, se come un jalapeño para no tener la boca seca y se santigua siete veces, más media por cada hijo, antes de salir. Lo llamativo es que el propio interesado rechaza la etiqueta: en una visita de El Periódico a su backstage bromeó con que no es nada excéntrico y que le habría gustado serlo más, aunque solo fuera para dar juego.