Las manías más surrealistas que las estrellas españolas exigen en su camerino

El *rider* de un concierto es, antes que nada, un documento de trabajo: la lista que el equipo del artista envía al promotor y al recinto con lo que debe encontrar al llegar al camerino. Ahí conviven exigencias técnicas, comida, temperatura, seguridad y manías difíciles de explicar. Esta selección reúne las peticiones más llamativas de artistas españoles y el criterio es restrictivo: solo entran las que han trascendido por documentos de producción, ayuntamientos, empresarios o promotores, no las leyendas de pasillo.

El patrón que aparece no es el del lujo ostentoso. Casi nadie reclama cisnes de hielo ni velas de jazmín: aparecen agua alcalina, cero plástico, flores blancas, un espejo grande, dos camerinos separados, silencio absoluto antes de salir, toallas blancas, fruta pelada, té con miel, un humidificador o un altavoz para calentar la voz. Muchas de esas manías responden a una lógica profesional —cuidar la garganta, controlar los tiempos, evitar imprevistos—, y justo por eso resultan más reveladoras que el champán de marca.

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Isabel Pantoja exige flores blancas, espejo grande y temperatura exacta

De todas las peticiones que han trascendido de sus giras, la más persistente es la floral: el camerino de Isabel Pantoja tiene que estar decorado con flores blancas y, en concreto, con rosas blancas. Aparecían ya junto a velas en la lista que Sálvame desveló en diciembre de 2016, con motivo de su gira latinoamericana, y siguen en el contrato de la gira Enamórate por Estados Unidos, que arrancó en Miami el 10 de febrero de 2023: allí se especificaba un ramo o un centro de mesa de flores blancas. En 2022, antes de cantar en Argentina, la exigencia subió de tono y se tradujo en que el camerino estuviera «repleto» de flores blancas. A ello se suma el tocador: espejo de cuerpo entero, otro iluminado para el maquillaje y un mueble rodeado de bombillas, además de sillón de peluquería. Una de las versiones del documento, de 18 páginas, detallaba incluso dos camerinos solo para ella y trece más para el equipo.

El clima es el otro capítulo. Las recopilaciones sobre sus camerinos hablan de un control milimétrico de la temperatura, pero no ha trascendido la cifra exacta de grados que pide, así que lo comprobable se queda en el hielo: reclamaba «mucho hielo para estar fresquita» y refrescos bien fríos, con la Coca-Cola Light como bebida de cabecera. Lo que sí está documentado es su obsesión por el aislamiento: moqueta en el suelo y, en su actuación de 2014 en La Granja (Segovia), una alfombra desde el camerino hasta el escenario y el pasillo cubierto para que no se la viera llegar ni salir. Su promotor, Eduardo Guervos, defendió en 2023 que es «de las artistas que menos exige» y que a cualquier mujer hay que atenderla «con rosas y un vinito». El contraste entre esa defensa y un rider de 18 páginas con perchas contadas (doce) es lo que la hace merecedora de estar aquí.