María Amores y Ion Aramendi rompen su silencio: «Nunca nos vamos a la cama sin hablarnos»

La periodista, que lleva 25 años detrás de las cámaras, colabora ahora una vez por semana en el programa de su marido. Cuenta cómo se organizan en casa y qué papel juega ella como representante del presentador.

María Amores se ha puesto delante del foco para contar cómo se sostiene su matrimonio con Ion Aramendi cuando se apagan las cámaras.

La periodista lleva unos 25 años en televisión, siempre en la trastienda, y desde este verano asoma una vez por semana en La tarde se mueve, el magacín de la tarde de Telecinco que conduce su marido. Lo ha contado en una entrevista en Diez Minutos, con sesión de moda incluida, hablando de plató, de redes y de pareja.

La frase que resume su día a día es corta y muy poco televisiva: ‘Ion y yo nunca nos vamos a la cama sin hablarnos’. Ni siquiera cuando se quitan la palabra, matiza. Con tres hijos en casa la logística manda, pero el método sigue intacto: pedir a alguien que se quede una hora con los niños, irse a tomar una cerveza y contarse la vida.

Delante de la cámara se siente cada vez más cómoda, aunque nunca pensó que cruzaría al otro lado. ‘Siempre decía que no iba a pasar, que no iba a ser un muñeco’, confiesa, y ahora ejerce de muñeco una vez por semana. De Aramendi dice que es una gozada trabajar con él porque respeta a todo el mundo, y se le nota que ha mamado el oficio desde abajo.

Ella, además, es su representante. Lleva en televisión unos 25 años, diez más que él, y se encarga de lo poco que hay que gestionar: ‘Para lo que hace y lo poco que hay que hacer, se lo hago yo y todo queda en casa’. También hay un punto de enchufe que reconoce sin sonrojarse: él detecta cuándo ella quiere hablar y le abre paso.

Dieciocho años de relación no se sostienen con romanticismo de escaparate: se sostienen con una cerveza y una conversación a tiempo.

De directora de casting de ‘First Dates’ a ‘muñeco’ de plató

El salto a las redes tiene fecha y lugar: San Sebastián. Cuando se mudaron por el trabajo de Ion, ella dejó su puesto de directora de casting en Warner para ‘First Dates’, estaba embarazada del segundo y se encontró sola en una ciudad nueva. Empezó a publicar por puro entretenimiento, y encontró un público.

Ese público es, sobre todo, mujeres maduras que la paran por la calle y le agradecen los consejos. ‘Hay señoras de 60 o 70 que siguen a poca gente y tienen el criterio muy bien formado’, cuenta. Reconoce que ahí no hay negocio y que parte del secreto está en eso: ‘Igual soy un poco exhibicionista’.

Dieciocho años, tres hijos y una regla no escrita

La pareja cumple la mayoría de edad sentimental. Discuten, obviamente, pero por cuestiones domésticas y no por trabajo. Sobre la maternidad no hay titubeo: ‘Mi vida sin mis hijos sería peor, a pesar de los pesares’. Y avisa de que la mesa de casa está abierta a quien traigan.

El año que viene sopla 50, igual que Aramendi, y lo afronta con la perimenopausia dicha en voz alta, tres sesiones de deporte a la semana y un fiestón en el horizonte. Se encuentra mejor que a los 20 porque se conoce más y le importan menos las tonterías.

Por qué este matrimonio funciona donde otros se rompen

Compartir plató con la pareja es un campo de minas clásico de la televisión. No hace falta señalar casos: basta recordar cuántos formatos se han vendido como ‘matrimonio en pantalla’ y han acabado con uno de los dos fuera del proyecto. Aquí el reparto es distinto y, precisamente por eso, menos explosivo. Él presenta, ella colabora una vez por semana y ninguno finge que están en igualdad de condiciones ante el prompter.

Lo verdaderamente raro es el otro sombrero. Que la mujer del presentador sea también su representante, su ojeadora de talento y su primera lectora del día es una acumulación de roles que en cualquier otra casa sería un polvorín. Ellos lo cuentan como una sociedad engrasada: ‘Yo sé lo que quiere sin preguntárselo, él se fía de mi criterio’. Puede sonar a guion, pero encaja con lo que se ve en pantalla, donde él le da paso cuando nota que ella quiere hablar.

Queda la duda razonable y ahí no hay trampa: el enchufe existe y ella es la primera en admitirlo. La diferencia es que lo suelta sin drama, con la misma naturalidad con la que dice que la tele es complicada para quien llega nuevo. En un medio donde casi todos juran que llegaron por méritos, eso ya es noticia. Habrá que ver si la colaboración aguanta la temporada entera y si el fiestón de los 50 se convierte en reportaje o en exclusiva.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 4/10. Nadie rompe nada, nadie grita y el único sobre que se abre es el de la merienda.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana María Amores, que sale de la trastienda con discurso propio; pierde el misterio de saber cómo se organizan en casa.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Cuando lleguen los 50, toca reportaje de aniversario. La exclusiva del fiestón está cantada.