Sonsoles Ónega, rota en el homenaje a su padre en Lalín

La Biblioteca Municipal de Lalín dedica una sala al periodista fallecido el 3 de marzo y estrena una calle con su nombre. Junto a ella estuvieron sus hermanos, su pareja, Juan Monte, y la viuda, Ángela Rodrigo.

Sonsoles Ónega se rompe de emoción en el homenaje a su padre en Lalín.

El pasado domingo, la localidad pontevedresa dedicó una jornada entera a Fernando Ónega, fallecido el 3 de marzo a los 78 años. Y lo hizo con una doble inauguración que su familia no quiso perderse: una sala de la Biblioteca Municipal ya lleva su nombre y el centro de la villa estrena una calle dedicada al periodista.

Hasta allí viajaron sus tres hijos, Sonsoles, Cristina y Fernando, decididos a comprobar que el apellido sigue pesando. La presentadora acudió además con su pareja, el financiero Juan Monte, que no se despegó de ella en toda la jornada.

El homenaje que Lalín le debía a Fernando Ónega

La emoción estaba cantada. Sonsoles vivió el acto con sentimientos encontrados: la ausencia y el orgullo, a partes iguales. La tristeza por el padre que ya no está y, al mismo tiempo, la certeza de que su recuerdo permanece intacto entre quienes lo trataron.

Uno de los gestos más simbólicos llegó dentro de la biblioteca. Fernando Ónega donó en su día una importante colección de libros al centro, y desde ahora esa sala recuerda su nombre de forma permanente. De estos detalles que no se improvisan.

Al acto se sumaron la viuda, Ángela Rodrigo, madre del hijo pequeño del periodista, y el alcalde, José Crespo Iglesias, con varios representantes de la corporación municipal. Entre los asistentes estaba Manolo Seixas Calviño, delegado del Club de Periodistas Gallegos en Madrid, la organización que lo nombró Maestro de Periodistas.

Hay reconocimientos que se firman en un despacho y otros que se sienten en la calle. Este lleva su apellido en letras de metal.

La historia que une a Fernando Ónega con Lalín

Esto no es un cariño de última hora. La relación venía de lejos. Fernando Ónega fue nombrado Hijo Adoptivo de Lalín y en 1996 tuvo el honor de ser pregonero de la popular Feira do Cocido, uno de los escaparates festivos más conocidos de la comarca. Reconocimiento tras reconocimiento, la villa fue tejiendo un vínculo que ni la distancia ni los años lograron deshacer.

Por eso el homenaje del domingo tenía un punto de revancha emotiva. Ahora, meses después de su muerte, Lalín ha vuelto a abrazar simbólicamente al periodista delante de sus hijos, su viuda y su entorno. Una sala, una calle, y una memoria que no piensa moverse.

La Transición se apaga, pero deja escuela

Fernando Ónega, referente del periodismo de la Transición, perteneció a una generación que cubrió la política de este país cuando hacerlo tenía otro riesgo y otro prestigio. Pocos profesionales pueden presumir de haber contado desde dentro cómo España cambiaba de piel. Ese currículum no se hereda, pero se recuerda.

Hay algo que llama la atención en este tipo de homenajes póstumos: casi siempre llegan antes a provincias que a la capital. Lalín ha tardado unos meses en rendir su tributo, pero lo ha hecho con mayúsculas, con calle y con biblioteca, mientras el mundillo mediático de Madrid se quedó en las necrológicas de marzo. La lección es sencilla: la fama se construye en la gran ciudad, pero el cariño se cocina en el pueblo. Ahora queda por ver si otras instituciones se animan a seguirle el paso o si el apellido Ónega se queda solo en Pontevedra.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 4/10. No hay salseo, hay emoción. Un homenaje bonito, de los que se cuentan con respeto.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Lalín, que se queda con el legado; pierde el olvido, que aquí no tiene hueco.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Sin portada jugosa a la vista, pero cualquier homenaje futuro al oficio llevará su nombre encima. Tiempo al tiempo.