Rocío Flores desmiente a sus tíos: los manuscritos del documental ‘La más grande’ que nadie vio escribir

La nieta de Rocío Jurado pide ver la letra que acreditaría la autobiografía y cuestiona la ausencia de Amador Mohedano y Gloria Camila. Sus tíos, asegura, jamás la vieron escribir.

Rocío Flores ha pasado por ‘De Viernes’ para hablar del documental sobre su abuela, Rocío Jurado, y ha soltado una frase que deja a sus tíos, y a medio clan, fuera de juego. ‘Nunca la vieron escribir’, ha dicho, sin titubeos, sobre la supuesta autobiografía que su madre, Rocío Carrasco, esgrime como base de La más grande.

La nieta de ‘la más grande’ se ha sentado en el plató de Telecinco con la tranquilidad de quien ya ha visto los primeros capítulos y tiene muy claro lo que criticar. Su primer dardo, de hecho, iba directo a la producción anterior: ‘Ojalá hubiese hecho mi madre este documental hace seis años, en vez de haber hecho el documental que ha destruido la imagen de toda mi familia’. Un ‘hubiese preferido’ que, a estas alturas, resuena casi como un viejo estribillo familiar.

Una duda que resuena como un viejo estribillo

Y sí, la hija de Rocío Carrasco también ha echado de menos a piezas clave del puzle sentimental de la artista. Amador Mohedano y Gloria Camila brillan por su ausencia en el metraje, algo que para Flores chirría: ‘Me hubiese gustado que figuras tan importantes en su vida estuvieran presentes’. No es un comentario menor, sobre todo cuando la herida entre las dos ramas de la familia sigue abierta y cualquier palabra pública se mide al milímetro.

Pero el verdadero terremoto ha llegado cuando la conversación ha girado hacia los manuscritos que, según Carrasco, su madre le entregó tras la muerte de Pedro Carrasco. La nieta de Rocío Jurado no se cree que su abuela los escribiera de su puño y letra. Y ha explicado por qué: ‘No termino de entenderlo. En el primer documental nunca se menciona nada de esto’, ha dicho, antes de añadir el zasca con clase: ‘Sus tíos nunca vieron escribir a su abuela’.

La frase, lanzada sin subir el tono, ha puesto el foco sobre el mayor punto débil de la docuserie: si los manuscritos son la columna vertebral del guion, ¿por qué no se ha enseñado jamás un solo folio, una sola línea de aquella letra? ‘Como espectadora y nieta me hubiese gustado que, ya que se dice que es una autobiografía de su puño y letra, que eso se hubiese enseñado al público para que pudiésemos ver su letra’, ha rematado Rocío Flores.

Nadie del clan ha visto jamás la letra que sostiene el documental. Y, a día de hoy, sigue siendo un misterio de tinta invisible.

La letra que nadie ha visto (y todos quieren ver)

Aquí está el nudo de la función. Porque no hablamos de un simple descuido de producción, sino de una decisión editorial que deja al espectador con la mosca detrás de la oreja. Rocío Carrasco basa su relato en unos textos que, según su propio entorno, jamás existieron sobre el papel. Y si existieron, ¿dónde están?

El silencio de la productora y de la propia Carrasco sobre este punto no hace más que echar leña al fuego. La exigencia de Flores de ver la letra es tan lógica que casi parece una trampa dialéctica: o se muestra y se callan las dudas, o no se muestra y se confirman. Mientras tanto, el culebrón familiar suma un capítulo más, con la nieta de Rocío Jurado en el papel de fiscal que pide pruebas.

Cuando el homenaje choca con la herencia del cariño

Llama la atención que un proyecto que aspira a ser un homenaje a la vida artística de Rocío Jurado vuelva a enfrentar a las dos generaciones con el mismo desgaste emocional de siempre. El clan de los Mohedano no aparece, los manuscritos no se ven y las palabras de Flores tienen la cadencia de quien está cansada de ver cómo la memoria de su abuela se diluye entre estrategias televisivas. Treinta años después de aquel verano en Marbella con la tonadillera en su máximo esplendor, la familia sigue sin ponerse de acuerdo sobre qué merece ser contado y cómo.

La comparación con el primer documental es inevitable y, en realidad, la propia entrevistada la ha puesto sobre la mesa. Si entonces no había rastro de los manuscritos, ¿por qué ahora sí y, además, en un formato que excluye a la mitad del árbol genealógico? El valor de un testimonio familiar no lo da solo la palabra, sino lo que se puede mostrar. Y de momento, lo único que está al alcance del público es un debate que sigue girando sobre lo mismo: quién tiene derecho a la herencia emocional de ‘la más grande’.

En este punto, el documental ha conseguido lo que probablemente buscaba: que hablemos de él. Pero al precio de dejar a la nieta con la duda más incómoda de todas, justo en el plató de la cadena que emitió la guerra anterior. Veremos si el silencio se rompe con un escáner de por medio o si, como ha ocurrido tantas veces, los manuscritos siguen siendo la excusa perfecta para un culebrón sin final.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 7/10. No hay lágrimas en directo, pero la acusación de que los manuscritos son un invento toca la línea de flotación del documental.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Rocío Flores, que se coloca como la voz crítica con argumento; pierde la producción, que tendrá que explicar por qué no se ve la letra.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: En 48 horas, alguien del entorno de Carrasco dará un paso. Si no es con un folio, será con un comunicado de esos que caldean el ambiente.