Las claves para entender la mala relación de la infanta Elena y Jaime de Marichalar

A Jaime de Marichalar le costó que la infanta Elena se fijara en él. Tuvo que insistir para que accediera a salir. Aquello empezó de forma tímida. Para la hija de los Reyes Eméritos, aquel joven de familia noble era un amigo. Poco a poco, Jaime consiguió encandilarla a base de conversaciones que versaban sobre un mundo al que ella era ajena, detalles y mucho tesón. Acostumbrada a ir con un look casual, Elena de Borbón se sintió muy atraída por los consejos que Marichalar le aportó sobre cómo mejorar su imagen.

Diseñada para él

Tras la luna de miel, los duques de Lugo se instalaron en Madrid para iniciar la vida en común. Elena empezó a cambiar. Llamaba poderosamente la atención por la ropa que lucía. “Se nota el toque de Jaime”, murmuraban sus allegados. Los looks casual desaparecieron de su armario para llenarse de prendas y complementos de lo más chic firmados por diseñadores de alta costura.

Cuando Marichalar sufrió el ictus, la infanta ya había empezado a cansarse de tanta sofisticación. Se dio cuenta de que aquella mujer que había diseñado Jaime no era ella y quiso recuperar su esencia. Eran muy diferentes. Mientras que a él siempre le ha gustado socializar tras acabar su jornada laboral, la infanta es más de irse a dormir pronto para madrugar y dedicarse a su gran pasión, montar a caballo.

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