La guerra Sussex-Gales se recrudece: acusan a Harry y Meghan de arrojar a William y Kate bajo el autobús

Tom Sykes, comentarista real, califica de 'patética e imperdonable' la filtración que implica a los Gales en el caso del padre de Meghan. La carta pasó por una oficina conjunta en 2019 y Scotland Yard ya se remitió al supervisor policial.

El comentarista real Tom Sykes acusa a Harry y Meghan de arrojar a William y Kate bajo el autobús.

Lo dijo en el episodio del pasado 30 de octubre de The Royalist, y lo dijo sin ambages: la maniobra le parece ‘patética e imperdonable’. El detonante es la filtración que sitúa a los príncipes de Gales al tanto de las alegaciones contra Thomas Markle Sr., el padre distanciado de Meghan.

Conviene precisar qué se publicó exactamente. The Telegraph informó de que una carta con esas alegaciones pasó de los agentes de protección real a la oficina conjunta que ambos matrimonios compartían en Kensington Palace. Y de ahí se deduce, sin prueba, que los Gales estaban al tanto. Un salto que el texto del diario labra con insistencia y que Sykes considera una operación de relato.

‘Que la oficina de Meghan filtre ahora a The Telegraph que William y Catalina fueron informados de esto, concretamente, es un acto de una maldad increíble’, sostuvo el comentarista. La palabra que empleó, spite, tiene en inglés una carga mezquina y rencorosa que el castellano reparte entre ruindad y despecho.

‘Pero el hecho de que Meghan vuelva a buscar —y Harry, para ser honestos, también— arrojar a su hermano bajo el autobús es sencillamente patético e imperdonable’, añadió.

En esta casa, la filtración ha sido siempre un arma más eficaz que cualquier comunicado oficial sellado en Buckingham.

No existe, hasta la fecha, evidencia alguna de que los duques de Sussex dirigieran personalmente esa filtración ni de que señalaran a los Gales. Sykes habla como comentarista: ofrece su lectura del texto publicado, no un hallazgo documental. La cronología manda.

Qué dice realmente la carta de 2019 que recibió Scotland Yard

El expediente es más prosaico y bastante más incómodo para la policía británica. La Policía Metropolitana confirmó que recibió la correspondencia en enero de 2019 y que la derivó a la oficina de los duques de Sussex. Scotland Yard recibió el documento en enero de 2019, sí, y no lo compartió con las autoridades policiales extranjeras competentes.

Después se remitió a sí misma al Independent Office for Police Conduct, el supervisor independiente de la policía en Inglaterra y Gales, que confirmó que procedía una investigación independiente. El informe sigue pendiente y su calendario no se ha hecho público. Ahí está el verdadero nudo del asunto: los agentes de protección real, la oficina de Kensington y, el equipo de comunicación de los Sussex dibujan un circuito de responsabilidades que nadie quiere recorrer entero.

Thomas Markle Sr. niega las acusaciones y las ha descrito como ‘mentiras enfermizas’. El origen del caso está en lo que su hijo, Thomas Markle Jr., dijo haber hallado en la antigua residencia familiar en Filipinas. La carta de 2019 la firmó Roslyn Loveless, exesposa del padre de Meghan.

Del entorno de la duquesa ha trascendido que quedó profundamente angustiada. Meghan quedó profundamente angustiada por las alegaciones, según las versiones publicadas, y el distanciamiento con su padre se remonta a antes de la boda de 2018, cuando estalló el episodio de las fotografías de paparazzi pactadas. Ni el Palacio de Kensington ni la web oficial de la Casa Real británica han publicado reacción alguna.

Por qué esta guerra de narrativas se parece demasiado a la de 2021

El precedente es la entrevista de Oprah Winfrey en marzo de 2021. Entonces el relato de los Sussex instaló en la conversación pública la idea de una institución que protege su imagen antes que a sus propios miembros. El daño fue simétrico: la Casa Real perdió el control del relato y la pareja perdió el beneficio de la duda. Cinco años después el mecanismo se repite, con un matiz que lo vuelve más delicado. Ya no se dirime un agravio familiar, sino el tratamiento policial de unas alegaciones de extrema gravedad.

Aquí toca tomar partido. La extensión de responsabilidad al círculo de los Gales es un salto lógico que el propio comunicado de Scotland Yard desmiente en parte: la carta, dice la policía, fue a la oficina de los duques de Sussex. Que una oficina compartida recibiera un documento no equivale a que un matrimonio lo leyera, ni a que lo discutiera, ni a que debiera intervenir. Ese matiz, repetido hasta la saciedad en el texto periodístico, es exactamente el que sostiene la acusación de Sykes.

Lo que queda es un intercambio de golpes en el que todos pierden algo. Los Gales pierden la comodidad de su silencio. Los Sussex, el margen moral para hablar del victimismo ajeno. Y de fondo, una investigación independiente que aún no tiene fecha y que, cuando llegue, reordenará la conversación entera. Entonces sí sabremos quién sabía qué. Otra vez.

El Veredicto VIP

  • 📸 Imagen pública: La acusación de ruindad devuelve a los Sussex al terreno que peor les sienta: la sospecha sobre sus filtraciones.
  • 💎 El detalle de lujo: La carta pasó por el número 1 de Kensington Palace, residencia de los Gales y antigua sede del equipo conjunto.
  • 🗣️ El entorno cuenta: Fuentes próximas a la duquesa insisten en que su preocupación era la investigación, no el relato; el equipo de los Gales guarda silencio.