Ágatha Ruiz de la Prada y el divorcio de Pedro J. Ramírez que la hizo «resucitar»

En el episodio de 'A Solas…' disponible desde el 27 de octubre, la diseñadora reconoce que se habría quedado por Tristán y Cósima y que el divorcio fue mucho más duro para ellos. Una década después, el relato lo firma ella.

Ágatha Ruiz de la Prada lo ha dicho sin anestesia: el divorcio de Pedro J. Ramírez la hizo resucitar. No es una frase sacada de contexto ni un titular de conveniencia.

La diseñadora ha pasado por A Solas…, el podcast de Vicky Martín Berrocal que distribuye la plataforma Podium Podcast, y el episodio está disponible desde este mismo 27 de octubre. En él repasa, diez años después, aquella separación que se anunció apenas unos meses después del ‘sí, quiero’ y que pilló a medio país con el pie cambiado.

El divorcio que la hizo resucitar

‘Nadie esperaba durar tantos años. Tantos años con un periodista puede llegar a cansar. Yo resucité. Lo único que me chocó es que me cogiera de sorpresa’, cuenta en el episodio. Cuatro frases y una daga envuelta en tono de broma.

Lo que de verdad le dolió no fue la ruptura, sino el aterrizaje en Tristán y Cósima. Para ella el divorcio tuvo cosas buenas; para sus hijos, muy pocas, viene a decir en la entrevista. Y remata: ‘Para unos niños que tenían idolatrada la relación de sus padres es durísimo’.

Está también la confesión que incomoda: ‘Yo me hubiera quedado por mis hijos. Yo no soy tan romántica como tú, yo hubiera antepuesto a mis hijos’. Ahí está el nudo: la puerta que no cruzó y que ahora admite en voz alta.

Resucitar, en su vocabulario, no es una metáfora bonita: es la constatación de que el matrimonio le pesaba más que la separación.

El corazón de su marca no es un logo: es una fecha

La charla también se va a la infancia, y ahí aparece el origen de de todo. Sus padres, cuenta, ‘se llevaban fatal, eran dos mundos diferentes’, y de su padre sentencia algo que explica media biografía: ‘era muy mujeriego, sólo le importaban las tías’. De ahí, confiesa entre risas, le viene la debilidad: los sinvergüenzas son los que le gustan a ella. Ni una palabra de más.

El otro momento llega cuando Martín Berrocal le pregunta por los corazones de la firma. No son un capricho gráfico: son un símbolo que nació con los años sesenta y el amor libre, según contó. ‘Empiezan los hippies, empieza el movimiento pop, empiezan los Rolling Stones, el amor libre, la píldora, la minifalda, la liberación de la mujer, el ecologismo, la paz’, enumera. Un lenguaje positivo de flores, nubes y arcoíris que sigue siendo la seña de identidad de una de las diseñadoras españolas más reconocibles.

Diez años después, esto ya no es un divorcio: es un relato

La hemeroteca española está llena de separaciones que se contaron mal la primera vez y se han reescrito, con más calma y mejor luz, una década después. Lo que distingue esta confesión de otras es la jerarquía: el titular real no es ella resucitando, sino su renuncia a irse.

Ahí hay materia para rato. Porque el relato del divorcio, cuando lo firma quien se quedó con ganas de intentarlo, deja de ser un ajuste de cuentas y se convierte en otra cosa: en una reivindicación de la maternidad por encima del romanticismo. Y eso, en el ecosistema de la prensa del corazón, vale más que cualquier portada.

El próximo mes de noviembre se cumplirán diez años de aquel anuncio que llegó pocos meses después de la boda. Habrá quien lo celebre con nostalgia y quien lo lea como una advertencia. De momento, el silencio de Pedro J. Ramírez es la mejor prueba de que el relato, esta vez, lo tiene ella. Salseo del bueno, pero con poso.

El Termómetro de Cotilleo

  • 🌡️ Nivel de drama: 7/10. Hay confesión, hay daga y hay hijos de por medio: no es portada de urgencia, pero aguanta la semana.
  • 🏆 Quién gana, quién pierde: Gana Ágatha, que se queda con el relato y con el podcast; pierde el silencio de él, que hoy suena a respuesta pendiente.
  • 🔮 ¿Habrá réplica o exclusiva pronto?: Antes de que acabe noviembre habrá reacción, aunque sea un ‘no voy a comentar’ en un acto público.