Gabrielle Union llegó siete minutos antes de las siete al Polo Lounge, y en una ciudad que trata la impuntualidad como dogma eso equivale a una declaración de intenciones.
La noche había caído con una lluvia insólita sobre Los Ángeles y el acceso al patio privado del Beverly Hills Hotel se las prometía sinuoso. Aun así, cincuenta invitados llegaron con puntualidad casi europea al espacio exterior acotado por setos, donde esperaban patatas fritas, blinis de caviar y un rosé espumoso de Il Borro, la finca toscana vinculada a la familia.
Andrew Garfield apareció apenas unos minutos después, con la misma sensación de haber llegado antes de que el reloj diera permiso. Union lucía un vestido de piel verde oliva de la colección Primavera 2027 de la casa italiana, todavía sin fecha de llegada a tienda.
Caviar, rosé toscano y una puntualidad que en Los Ángeles es noticia
Entre gin negronis y copas de prosecco, un patio entero de música, cine, moda y deporte olímpico: Tracee Ellis Ross, Gemma Chan, Thomasin McKenzie, Chloe Kim, Tinashe, Russell Westbrook, Kathryn Newton, Gabby Windey, Ravyn Lenae, y la modelo Vittoria Ceretti.
‘Hay caras muy divertidas’, resumió Tinashe. ‘Siempre me saca un poco de mi zona de confort venir a estos actos sin acompañante, pero te obliga a mezclarte’.
Y se mezclaron. Union tenía una cuenta pendiente con Gemma Chan a propósito del anuncio de la versión televisiva de Crazy Rich Asians. Tracee Ellis Ross se encaminó sin rodeos hacia Garfield, que reía con Thomasin McKenzie. Tinashe abrazó a Chloe Kim con la copa balanceándose en el extremo de una manicura escarchada.
En Los Ángeles la puntualidad no es una virtud: es una anomalía que delata cuánto importa la cita.
La cena la firmaban el presidente Leonardo Ferragamo y el director creativo Maximilian Davis, responsable de la nueva etapa creativa de la maison, y a las mesas se sirvió solomillo y lubina entre centros de flores burdeos de buen tamaño.
El corto que devuelve a Salvatore Ferragamo a Hollywood
Ya entrada la noche, y sin aviso previo, se proyectó al aire libre Un Passo Alla Volta (Un paso a la vez), el corto de Martina Ferragamo y Simone Coppo. El corto devuelve al fundador a la ciudad donde aprendió el oficio: un homenaje juguetón y metanarrativo a los años en que Salvatore Ferragamo era zapatero de cine en Hollywood antes de regresar a Italia y fundar la casa a finales de los años veinte.
Davis lo explicó a Vogue con claridad: ‘Los Ángeles forma parte de la historia de Ferragamo. Salvatore construyó su reputación en Estados Unidos. Este momento va de honrar el legado y, al mismo tiempo, presentar una visión moderna de la casa’.
Leonardo Ferragamo, hijo del fundador, siguió la proyección desde la mesa central, rodeado de varias generaciones de la familia. ‘Pueden imaginar el significado que tiene para nosotros reabrir la tienda después de cien años en la misma ciudad donde empezó todo’, dijo a los invitados. ‘Hemos abierto nuestra flagship en Beverly Hills con la convicción de que será un hito para los próximos cien años’.
Gemma Chan llegó directa desde el pase de Josephine, su película, que suena con fuerza para la temporada de premios. Se pasó buena parte de la cena hablando con Garfield, ambos pendientes de los estrenos del otro. Chan se marchó algo antes; el actor de Artificial aguantó hasta pasadas las diez y media y se fue con una bolsa de regalo roja y una tableta de chocolate negro.
Por qué Leonardo Ferragamo habla de cien años y no de una tienda
Conviene medir la escala de lo celebrado. No se inauguraba una tienda: se cerraba un círculo abierto cuando un joven zapatero italiano desembarcó en una Hollywood que aún rodaba en blanco y negro, aprendió el oficio midiendo pies de estrellas y volvió a Florencia con la lección aprendida. Cien años más tarde, la marca que lleva su apellido elige el mismo código postal para recordarlo. No es arqueología: es posicionamiento.
El escenario tampoco es neutro. El Polo Lounge del Beverly Hills Hotel lleva décadas siendo la sala donde se cierran los tratos del cine y se pactan las reconciliaciones que luego se fotografían en las alfombras. Las cenas con las que las grandes casas europeas aterrizan en la Costa Oeste se han convertido en el preámbulo oficioso de la temporada de premios, y esta no es una excepción: caviar, flores burdeos y un corto familiar como argumento emocional.
La lectura editorial es sencilla. Ferragamo necesitaba una historia y la tiene a mano, en su propio archivo, sin necesidad de fichar a una celebridad de guardia. Mientras otras casas compran visibilidad a golpe de campaña, la tienda llega justo antes de la temporada de premios, cuando el barrio entero se transforma en escaparate y cada cena cuenta como declaración. Queda por ver si Rodeo Drive le devuelve el gesto en forma de presencia sostenida en las alfombras de enero de 2027. De momento, la primera mesa de la temporada ya está servida.
El Veredicto VIP
- 📸 Imagen pública: Ferragamo se reposiciona en Los Ángeles como casa con relato propio y no como marca de escaparate estacional.
- 💎 El detalle de lujo: Caviar, blinis y rosé de Il Borro en el patio privado del Beverly Hills Hotel, con Union y Garfield llegando antes de las siete.
- 🗣️ El entorno cuenta: Davis insiste en la dualidad entre legado y modernidad; Leonardo habla de otros cien años y esa ambición se escucha en la mesa.







